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Cosme Ojeda
TribunaCosme Ojeda

El obispo ‘influencer’ estadounidense que ganó un Emmy y será beatificado por León XIV

Criticó el comunismo no solo como sistema político, sino como herejía cristiana y resultado del declive espiritual de Occidente

El futuro beato Fulton Sheen

El futuro beato Fulton Sheen

El arzobispo estadounidense Fulton Sheen, uno de los escritores católicos más influyentes del siglo XX, pionero en la evangelización a través de los medios de comunicación y considerado el primer influencer católico, va a ser beatificado.

Declarado «venerable» por el Papa Benedicto XVI y autor del libro El sacerdote no se pertenece a sí mismo, que era uno de los favoritos del Papa Juan Pablo II, creció en Illinois, el mismo estado que el actual Papa León XIV.

Fue un gran orador y ganó un Emmy a la Mejor Personalidad de Televisión con un programa de información general.

El sacerdote católico estadounidense más influyente del siglo XX supo como nadie presentar verdades antiguas por medios nuevos, ofreciendo un ejemplo a los católicos que intentan difundir la fe en el siglo actual, como ha señalado James Patterson del Institute of American Civics en el Wall Street Journal.

Su tesis doctoral fue una crítica de la filosofía moderna a través de la lente del tomismo. Criticó el comunismo no solo como sistema político, sino como herejía cristiana y resultado del declive espiritual de Occidente. Y fue amigo de G.K. Chesterton, quien le escribiría el prólogo de su primer libro. Dio clases en la facultad de filosofía de la Universidad Católica de América (CUA).

Creó un programa de radio en 1930, La Hora Católica, y trabajó como comentarista. Durante décadas, utilizó la radio para catequizar a los católicos y desmitificar el catolicismo para los no católicos. Puede decirse que utilizó los medios para comprometerse con los desafíos culturales específicos del siglo XX, de forma paralela y parecida a como Ángel Herrera hizo en España con la primera escuela de periodismo y el periódico El Debate.

Analizó las tendencias sociales modernas, exponiendo a menudo las ‘nuevas’ ideas progresistas como antiguos errores reciclados. Escribió sobre el auge del psicoanálisis, integrando la psicología moderna con la espiritualidad católica.

Pero en medio de la agitación cultural y la incertidumbre moral del siglo XX, predicó la esperanza, defendiendo que la vida vale la pena vivirla. Durante décadas, «el obispo de América» escribió, enseñó sobre las principales preguntas y problemas que estaban dando forma a la cultura estadounidense. Dijo, anticipándose a su tiempo, que «el mayor enemigo de Estados Unidos no era exterior, sino interior, y que ese enemigo era el odio: el odio a las razas y a las religiones. Si Estados Unidos alguna vez muere, no será por conquista sino por suicidio», profetizó.

O señaló que «para un católico, ser antisemita era no ser católico. El cristianismo no puede ser antisemita porque honra a los judíos. Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, David. ¿No fueron los doce Apóstoles judíos? ¿No fue judío el primer Papa? ¿No utiliza la Iglesia el Antiguo Testamento tanto como lo hace la sinagoga? Lo cual serviría para enfrentarse al antisemitismo que crece como nunca lo había hecho desde después del Holocausto».

Se encaró con otros problemas filosóficos, psicológicos, económicos y sociales clave que afrontaba el mundo. Abordó las influencias que dieron forma a la cultura moderna, incluyendo el ateísmo, el aislamiento, el cinismo, la ansiedad y la desesperación.

Defendió siempre un cristianismo optimista, y se sitúa su pensamiento en el humanismo cristiano. Contribuyo con sus ideas a la regeneración del hombre contemporáneo frustrado y decía que las personas deben poder restaurar su dignidad para que el mundo cambie. Estuvo influenciado por la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII, y demostró que el tomismo ofrecía el medio más sólido para combatir los errores modernos y resolver los problemas contemporáneos, especialmente en las cuestiones sociales.

Su voz de esperanza es hoy tan relevante, casi un siglo después, como lo fue al entrar en la esfera pública, y ofrece una guía para vivir la fe católica, mostrando cómo responder con caridad, verdad y esperanza al mundo moderno.

En una misa celebrada en la catedral de San Patricio por San Juan Pablo II, el Papa polaco se acercó a Sheen, ya muy mayor, que luchó por arrodillarse para besar el anillo del Santo Padre. El Papa le ayudó a levantarse, le abrazó y le dijo que había sido «un hijo leal de la iglesia». Pronto será beatificado por un Papa estadounidense.

Cosme Ojeda es profesor de ‘América hoy’ en la facultad de Derecho y RR II de la universidad San Pablo CEU

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