Johan Bonny, el obispo de Amberes
El polémico obispo de Amberes anuncia que ordenará sacerdotes a hombres casados antes de 2028
Monseñor Johan Bonny asegura que, en su diócesis, «el consenso sobre esta cuestión es casi total», y lo justifica amparándose en la «la salud psicosocial» del clero y en los casos de abusos sexuales
«Demasiados problemas han quedado sin resolver durante demasiado tiempo. Además, un obispo no puede esperar y ver de dónde viene el viento eclesial. Debe asumir la responsabilidad, aquí y ahora, sin excusas fáciles». El obispo de Amberes (Bélgica), monseñor Johan Bonny, se ha revestido de reformador para desafiar a Roma anunciando que pretende ordenar hombres casados antes de 2028, a la vez que ha calificado de «doloroso» el hecho de que «una comisión especial, establecida por el Papa Francisco, volviera a emitir una opinión negativa» sobre la ordenación sacerdotal de mujeres a finales de 2025.
Pero tampoco es algo nuevo. El polémico obispo belga suele ser de los primeros en subirse al carro de las propuestas que chocan contra el Magisterio de la Iglesia, como la bendición de parejas en situación irregular, el celibato opcional, permitir la comunión a divorciados vueltos a casar y asuntos por el estilo.
El obispo de Amberes, a los fogones
Monseñor Bonny acaba de publicar una carta pastoral en la que critica a la comisión especial vaticana que desaprobó el sacerdocio femenino, algo que califica de «falta de comprensión». «Los argumentos utilizados son teológicamente débiles y antropológicamente desfasados. Han perdido su poder de persuasión. Parecen contradictorias a lo que el Espíritu dice hoy a las iglesias», asegura, erigiéndose como portavoz de ese supuesto Espíritu. «Para nuestra diócesis, daré pasos adicionales en el desarrollo de un ministerio eclesial igualmente accesible para hombres y mujeres, y que les otorgue una participación equitativa tanto en el servicio pastoral como en el administrativo de la Iglesia», anuncia el prelado.
El sacerdocio de mujeres
Reconoce que el sacerdocio femenino no es posible, pero sí pretende elaborar «un acto o celebración litúrgica apropiada, con su propio ritual o simbolismo». «Aunque no es un sacramento, un pastor 'sacramental' podría contribuir mucho a satisfacer la demanda de una mayor participación equitativa de hombres y mujeres en el ministerio de la Iglesia, así como para honrar la vocación que las mujeres reconocen en sí mismas», señala el prelado.
Donde monseñor Bonny sí echa el resto es en la posibilidad de ordenar sacerdotes a hombres casados, algo que la Iglesia no contempla. «En cada discusión sinodal entre fieles, surge la cuestión de ordenar a hombres casados, además de a hombres solteros, para el sacerdocio», observa el prelado. «El consenso sobre esta cuestión es casi total, en todos los sectores del Pueblo de Dios, especialmente entre los más fieles y devotos», asegura el obispo de Amberes.
La salud psicológica
Con este supuesto respaldo, monseñor Bonny se siente autorizado para hacer un anuncio desafiante en su carta pastoral: «Haré todo lo posible para ordenar sacerdotes a hombres casados para nuestra diócesis para 2028». Además del consenso, el prelado alega la escasez de vocaciones que atraviesa su diócesis desde hace décadas, pero apunta también a «la salud psicosocial de los sacerdotes y la transparencia de su estilo de vida». En una complicada cabriola argumental, el prelado liga los abusos sexuales al celibato, y llega a sentenciar que «las subculturas y estilos de vida clericales han tenido su momento», dando a entender que nos encontramos en otra etapa.
«¿Cómo reconstruimos esa confianza?», se pregunta monseñor Bonny. Y se responde a sí mismo dibujando un escenario ideal: «Solo a través de la autenticidad y la transparencia; estando cerca de las personas y de su vida diaria. La gente anhela sacerdotes que, como 'pescadores de hombres' o 'buenos pastores', estén casados o no, vivan en medio de su aldea o vecindario, sirvan con y para el pueblo, y estén dispuestos a ir a la periferia como misioneros».