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León XIV llega a la audiencia general en la plaza de San Pedro a bordo del papamóvil

León XIV llega a la audiencia general en la plaza de San Pedro a bordo del papamóvilEFE

Guerra en Irán

El Papa acoge «con satisfacción y esperanza» el anuncio de la tregua

León XIV recuerda que la santidad «no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado»

El Papa acogió este miércoles con «satisfacción» y «esperanza» el anunció de tregua de dos semanas en el conflicto en Irán y observó que «sólo con las negociaciones se puede poner fin a la guerra», en un mensaje al final de la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro que recoge Efe.

«En estas últimas horas de gran tensión en Oriente Medio y en todo el mundo, acojo con satisfacción y como señal de viva esperanza el anuncio de una tregua inmediata de dos semanas», dijo. Y afirmó que «sólo mediante el retorno a la negociación se puede llegar al fin de la guerra».

«Os exhorto a acompañar este tiempo de delicado trabajo diplomático con la oración, deseando que la disposición al diálogo pueda convertirse en el instrumento para resolver las demás situaciones de conflicto en el mundo», agregó.

El pontífice estadounidense renovó también su invitación a los fieles a unirse a la vigilia de oración por la paz que convocó para el sábado 11 de abril.

Peregrinos de todas partes del mundo han llenado la mayor plaza de la Cristiandad de entusiasmo y devoción. El Papa ha hecho un largo recorrido en el papamóvil por los pasillos acordonados, bendiciendo a la multitud, saludando a los niños y a todos los fieles con afecto, según recoge el portal vaticano.

En su catequesis ha vuelto a abordar los temas de la constitución conciliar Lumen gentium, donde se habla de la vocación universal a la santidad, y ha reiterado que la santidad es un don que hay que acoger con alegría y compromiso. De hecho, el camino hacia la santidad se ofrece a todos, ha subrayado el Sucesor de Pedro, consciente de que no se trata solo de un compromiso ético, sino de la esencia misma de la vida cristiana.

«La santidad, según la Constitución conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender hacia la perfección de la caridad, es decir, hacia la plenitud del amor a Dios y al prójimo. La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad a la que todos los creyentes están llamados», ha recordado.

El Pontífice ha precisado, siempre a la luz del documento conciliar, cuán importante es el martirio, culmen de la santidad. Un horizonte que no es ajeno a nuestros días, ni mucho menos, como ha recordado: «Todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta la sangre, como siempre ha sucedido y sigue sucediendo hoy. Esta disposición al testimonio se hace realidad cada vez que los cristianos dejan huellas de fe y de amor en la sociedad, comprometiéndose con la justicia».

Un sol que broncea

Todos los sacramentos, en particular la Eucaristía, contribuyen a la plena conformación a Cristo, «modelo y medida de la santidad». Acertada la cita de San Carlos Acutis, que el Papa hizo al saludar a los peregrinos de lengua portuguesa: «Ante el sol, uno se broncea. ¡Ante la Eucaristía, uno se vuelve santo!».

El Papa también ha destacado la dimensión de la santidad que va más allá de la mera adhesión a unas orientaciones morales, ya que la santidad, se podría decir, constituye el ADN del ser cristiano: «La santidad no tiene solo una naturaleza práctica, como si se redujera a un compromiso ético, por grande que sea, sino que atañe a la esencia misma de la vida cristiana, personal y comunitaria».

León XIV ha citado a San Pablo VI cuando afirmaba que todos los bautizados deben «ser santos, es decir, verdaderamente hijos suyos dignos, fuertes y fieles». Y luego ha ensalzado la vida consagrada, que tiene un «papel decisivo». Recomienda, a este respecto, considerar la pobreza, la castidad y la obediencia no como prisiones: «Estas tres virtudes no son prescripciones que encadenan la libertad, sino dones liberadores del Espíritu Santo, a través de los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios».

Ha explicado el sentido de cada una de estas virtudes: la pobreza libera «del cálculo y del interés propio»; la obediencia libera «de la desconfianza y del dominio»; la castidad «es la entrega de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia».

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