La mezcla se realiza en una gran batidora de aire comprimido: 18 kilos de harina y 25 de agua permiten elaborar 600 paneles, que se laminan en tres máquinas con dos planchas de cocción cada una, en un tiempo récord de apenas 60 segundos. Después, pasan a un armario donde reposan durante una semana para que la harina se estabilice. A continuación, se trasladan a otro armario, donde se humedecen durante dos horas antes de iniciar el proceso de corte. Esto se hace para que no se partan, pero fundamentalmente para que no queden partículas que puedan desprenderse en los bordes, ya que «es el Señor el que estará ahí cuando la forma sea consagrada», explica la hermana. Repitiendo todo este proceso pueden llegar a hacer 30.000 formas en una sola mañana.