Fragmento del óleo sobre lienzo «Martirio de San Ramón Nonato», patrón de los confesores
Cinco mártires que murieron por mantener el secreto de confesión
Las historias de vida que ejemplifican la doctrina expuesta por el Papa León XIV en el Congreso de los Diputados
En los últimos años, el secreto de confesión ha sido objeto de interés de tormentosas corrientes de opinión guiadas por diversos parlamentos occidentales. El pasado lunes 8 de junio, en el histórico discurso en el Congreso de los Diputados, León XIV incluyó una férrea defensa por preservar y defender el derecho al secreto de confesión propio del ministerio sacerdotal.
Como dicta el Código de Derecho Canónico que rige a la Iglesia Católica, «el sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo». Sin embargo, a lo largo de la historia ha habido numerosos sacerdotes que han sido asesinados por mantener este secreto de confesión. Las historias de sus vidas y su defensa de la doctrina católica hasta la muerte merecen ser contadas.
Primer sacerdote asesinado por defender el sigilo sacramental
Juan Nepomuceno vivió en la segunda mitad del siglo XIV y es el primer sacerdote de la historia del catolicismo que murió asesinado por defender el secreto de confesión. Nació en la localidad de Nepomuk (Bohemia, actual República Checa). Tras destacar por su inteligencia y piedad, estudió en la Universidad de Praga y obtuvo un doctorado en Derecho Canónico en la prestigiosa Universidad de Padua (Italia).
San Juan Nepomuceno
Entre las labores que realizaba para atender las necesidades de los fieles destacaba el papel que ejercía como confesor y director espiritual de la reina Sofía de Baviera, esposa del rey Wenceslao IV de Bohemia. Cuando ya llevaba varios meses ejerciendo esta labor, el monarca, consumido por los celos y la ira, le exigió a Juan que le revelara los pecados que su esposa le había contado en confesión. Fiel a sus principios, se negó categóricamente, afirmando que lo escuchado en el sacramento pertenecía exclusivamente a Dios y que el secreto sacramental era inviolable. Ante su negativa y su defensa de los derechos de la Iglesia frente a los abusos del monarca, el rey ordenó su captura, encarcelamiento y tortura. Fue asesinado la noche del 20 de marzo de 1393.
Benedicto XIII culminó su proceso de santificación canonizándole el 19 de marzo de 1729. Es curioso destacar que San Juan Nepomuceno es el santo patrón de la Infantería de Marina española. Esta devoción se remonta a 1731, cuando se dispuso que los batallones de marina en la Península quedaran bajo su protección por su inquebrantable ejemplo del sigilo y el honor.
Reconocido mártir por León XIV
El sacerdote mártir más reciente es fray Augusto Ramírez Monasterio, reconocido por el mismo León XIV en enero de este mismo año. Fue un sacerdote franciscano guatemalteco asesinado en 1983. Según explicaba el Vaticano, muchos presbíteros habían entrado en conflicto con los intereses de los terratenientes y las multinacionales que apoyaban a los militares que habían liderado un golpe de Estado. Fray Augusto, que había ayudado a un campesino que, tras unirse a la guerrilla armada, deseaba redimirse beneficiándose de la amnistía concedida por el Gobierno, fue detenido el 2 de junio de 1983.
Fray Augusto Ramírez Monasterio
Sufrió torturas y luego fue puesto en libertad, pero se enfrentó a un período de vigilancia especial y recibió numerosas amenazas de muerte, pero se mantuvo fiel a los valores evangélicos, que le habían llevado a defender a los pobres y a los que sufrían injusticias, y al ministerio sacerdotal, que le imponía el secreto de confesión, a pesar de las violencias sufridas para que revelara lo que había oído. Murió el 7 de noviembre a manos de los militares que le dieron captura.
Fusilado por las autoridades mexicanas
Otro de los mártires que se suma a la lista de hombres santos que dieron su vida por defender el sigilo sacramental es San Mateo Correa Magallanes. Nació el 22 de julio de 1866 en Tepechitlán, Zacateca; y tras años de discernimiento personal, ingresó al seminario de Zacatecas, donde destacó por su conducta y dedicación, logrando una beca para completar sus estudios. Su ordenación sacerdotal llegó en el año 1893.
San Mateo Correa Magallanes
Debido a su fuerte actividad pastoral, fue detenido a principios de 1927 por las autoridades mexicanas. Una vez arrestado, el general militar Eulogio Ortiz le exigió al padre Mateo que confesara a un grupo de prisioneros rebeldes y posteriormente le revelara lo que habían dicho en secreto, bajo amenaza de muerte si se negaba. A pesar de tener la oportunidad de salvar su vida, Correa Magallanes se apegó estrictamente al secreto de confesión, motivo por el que fue fusilado el 6 de febrero de ese mismo año. El Papa San Juan Pablo II lo canonizó solemnemente el 21 de mayo de 2000, junto con otros mártires mexicanos.
Los sacerdotes mártires españoles
Al recorrer la historia de nuestro país, también encontramos las historias de dos valientes hombres que dieron su vida por defender el secreto de confesión; estos son Felipe Císcar Puig y Fernando Olmedo Reguera.
Este último nació en Santiago de Compostela el 10 de enero de 1873, estudió Derecho con calificaciones sobresalientes en su ciudad natal y posteriormente se doctoró en la Universidad Central de Madrid. Ejerció con éxito como abogado en la Audiencia Provincial de Pontevedra y compaginó sus tareas legales con el oficio periodístico, donde destacó por su amplia cultura. En 1910 decidió dar un vuelco a su vida, ingresando en la Orden Terciaria de los Frailes Menores Capuchinos, donde adoptó el nombre de Fray Fernando de Santiago.
Fernando Olmedo Reguera
En 1936 estalló en España la guerra civil, en la que primó una persecución religiosa que le obligó a abandonar su convento y refugiarse de forma clandestina en casas de feligreses en Madrid. Estos refugios no evitaron su captura y arresto en prisión, donde sus captores republicanos lo presionaron intensamente para que delatara a otras personas, violando el secreto sacramental de la confesión, algo a lo que se negó rotundamente. Ante su inquebrantable silencio, fue ejecutado mediante fusilamiento en las inmediaciones del Cuartel de la Montaña el 12 de agosto de 1936. Fue beatificado por la Iglesia católica en el año 2013, pasando a ser venerado formalmente como beato y mártir por la defensa del sigilo sacramental.
Por su parte, Felipe Císcar Puig fue ordenado sacerdote en 1888 tras realizar todos sus estudios eclesiásticos en el seminario de Valencia. Tras pasar y ejercer cargos en distintas parroquias de la diócesis, en 1906 se asentó en la localidad costera de Denia (Alicante), donde ejerció fielmente como capellán de las religiosas Agustinas Descalzas durante tres décadas.
Tras el estallido de la guerra civil española, en agosto de 1936, el padre Císcar fue detenido por milicianos republicanos y conducido a la cárcel provisional de Denia. En esa misma prisión se encontraba bajo custodia el fraile franciscano Andrés Ivars. Al intuir que su ejecución por fusilamiento era inminente, fray Andrés le pidió a Felipe Císcar que escuchara su última confesión sacramental para prepararse de cara a la muerte.
Felipe Císcar Puig (imagen retocada con Inteligencia Artificial)
Tras presenciar la escena, los guardias del penal intentaron arrancar a la fuerza el contenido de la confesión, exigiendo bajo graves amenazas que el sacerdote revelara todo lo conversado en el sacramento. Al constatar su férrea postura, los milicianos lo sometieron a un simulacro de juicio exprés donde se le conminó formalmente a romper el sigilo bajo pena de muerte. Ante su reiterado rechazo, fue formalmente condenado a muerte. El 8 de septiembre de 1936, a la edad de 71 años, el padre Felipe Císcar y el fraile Andrés Ivars fueron subidos a un vehículo, trasladados al término municipal de Gata de Gorgos (Alicante) y ejecutados juntos frente a un pelotón de fusilamiento.
Los documentos históricos sobre su martirio fueron minuciosamente recopilados por la archidiócesis de Valencia. El padre Felipe Císcar Puig y fray Andrés Ivars fueron incluidos formalmente en la causa de canonización denominada «Siervos de Dios Ricardo Pelufo Esteve y 43 compañeros mártires». El proceso diocesano concluyó de forma positiva en Valencia y el expediente fue enviado a Roma, quedando bajo la revisión de la Congregación para las Causas de los Santos de la Santa Sede en espera de su beatificación.
Otra figura importante que no merece caer en el olvido es el santo español Ramón Nonato. Aunque su martirio fuera causado por su gran labor evangelizadora y no por salvaguardar el secreto de confesión, es considerado el patrón de los confesores, los cuales se acogen a su santidad para ejercer el sacramento de la penitencia.