La basílica de San Pedro, ubicada en la ciudad del Vaticano, lugar imprescindible a visitar
Los principales lugares y templos para visitar en Roma y en el Vaticano
El Debate trae las ubicaciones imprescindibles que no pueden faltar en un viaje a las dos ciudades de la península itálica que más patrimonio cultural histórico albergan
Durante los meses de verano, las ciudades de Roma y el Vaticano son unos de los destinos más concurridos del mundo. Juntos acogen a millones de turistas en la temporada estival. Solo la basílica de San Pedro acoge a 45.000 personas cada día.
Sin embargo, es tal la variedad cultural y artística que se alberga en ambas ciudades que en ocasiones resulta difícil escoger cuáles son los templos y lugares que de verdad merecen la pena visitar. El Debate recoge aquí las ubicaciones cuya visita es imprescindible.
La riqueza de la Ciudad Eterna
Roma es conocida como la Ciudad Eterna por una razón evidente: el pasado nunca muere en sus calles, sino que convive con el presente en una armonía perfecta. Pocos destinos en el mundo ofrecen una densidad histórica y espiritual tan abrumadora. Si estás planeando una escapada a este rincón del Mediterráneo, existen monumentos, plazas y templos que no solo son paradas obligatorias, sino experiencias capaces de transformar tu forma de ver el arte y la historia.
Ubicado en el corazón del centro histórico, el Panteón de Agripa es el edificio de la Antigua Roma mejor conservado del mundo. Construido bajo el mandato del emperador Adriano en el siglo II d.C., este templo destaca por su prodigiosa cúpula de hormigón armado, una genialidad de la ingeniería que sigue siendo la más grande del mundo en su categoría sin soporte interno. Al entrar, la mirada se eleva inevitablemente hacia el óculo central, una apertura de nueve metros de diámetro que inunda el espacio con una luz resplandeciente y deja pasar la lluvia, creando un espectáculo único. Hoy en día funciona como iglesia y alberga las tumbas del pintor Rafael Sanzio y del rey italiano Víctor Manuel II.
El Panteón de Agripa
El Barroco romano encuentra su máxima expresión de espectacularidad en la Fontana di Trevi. Diseñada por Nicola Salvi, esta monumental fuente muestra a Neptuno dominando las aguas en una coreografía de mármol y travertino. El rugido del agua se escucha calles antes de llegar, anticipando su gran belleza. Cumplir con el rito de lanzar una moneda de espaldas asegura, según la leyenda, tu regreso a la ciudad.
A poca distancia se encuentra la Plaza de España, famosa por su monumental escalinata de 135 peldaños que asciende hasta la iglesia de Trinità dei Monti, una de las cinco iglesias católicas francófonas en Roma. Esta elíptica plaza debe su peculiar forma al antiguo Estadio de Domiciano, sobre cuyas ruinas fue edificada.
La Plaza Navona es el lugar ideal para entender el pulso de la Roma barroca. El espacio está dominado por tres fuentes monumentales, destacando en el centro la Fuente de los Cuatro Ríos, una de las obras maestras del escultor Gian Lorenzo Bernini. La escultura representa los grandes ríos de los cuatro continentes conocidos en la época: el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata. Rodeada de cafeterías, artistas callejeros y la imponente fachada de la iglesia de Sant'Agnese in Agone, la plaza ofrece una atmósfera artística inigualable.
Los tesoros del Vaticano
Cruzar la frontera invisible hacia el Vaticano nos lleva directamente ante el templo católico más importante y espectacular del mundo: la basílica de San Pedro. Erigida sobre el lugar de sepultura del apóstol San Pedro, su construcción involucró a los genios más grandes del Renacimiento y el Barroco, incluidos Bramante, Miguel Ángel y Bernini. El interior sobrecoge por sus dimensiones colosales, los detalles en oro y el imponente Baldaquino de bronce que protege el altar mayor. Dos paradas son obligatorias aquí: contemplar la desgarradora belleza de La Piedad de Miguel Ángel y subir a la cúpula para disfrutar de la vista panorámica más famosa de Roma.
Los Museos Vaticanos albergan una de las colecciones de arte más extensas y valiosas del planeta, acumulada por los papas a lo largo de los siglos. Galería tras galería, el visitante se cruza con estatuas clásicas como el Laocoonte, tapices flamencos y las estancias pintadas por Rafael. Sin embargo, el clímax del recorrido se alcanza al entrar en la Capilla Sixtina. Los frescos del techo, que narran el Génesis, y el mural del Juicio Final en la pared del altar, ambos pintados por Miguel Ángel, representan la cumbre del arte occidental. Observar la fuerza, la anatomía y la emoción de estas pinturas en absoluto silencio es un momento difícil de olvidar.
La escultura el Laocoonte, fechada entre el siglo I a.C. y el siglo I d.C
Antes de entrar o al salir de la basílica, la Plaza de San Pedro recibe al visitante con una arquitectura cargada de simbolismo. Diseñada por Bernini a mediados del siglo XVII, la plaza está enmarcada por una impresionante columnata de cuatro filas de columnas que se abren en un gran óvalo. El propio Bernini explicó que los dos brazos laterales representan a la Iglesia católica abrazando al mundo y a los fieles en señal de acogida universal. En el centro de la plaza se yergue un obelisco egipcio de más de 25 metros de altura, flanqueado por dos fuentes simétricas que completan un diseño urbano perfecto.
Consejos prácticos para tu visita
El Coliseo y los Museos Vaticanos atraen a millones de turistas anualmente; por ello, las colas en taquilla pueden superar las tres horas de espera bajo el sol. Comprar las entradas por internet con semanas de antelación es muy recomendable para optimizar el tiempo.
Tanto en la basílica de San Pedro como en cualquier otra iglesia en Roma se deberá adecuar la indumentaria a la solemnidad del templo católico. Por ello, no se permite la entrada con hombros descubiertos, minifaldas, pantalones cortos que no cubran las rodillas o escotes pronunciados. Evitar estas vestimentas y cuidar adecuadamente la manera de vestir será el ejemplo perfecto de respeto y cuidado interior, tanto por el patrimonio cultural como por la presencia de real de Jesucristo en el sagrario de cada iglesia.
Cuidando estos dos aspectos logísticos esenciales, cualquier turista interesado podrá comprobar que visitar las ciudades de Roma y el Vaticano no es simplemente hacer turismo convencional; es realizar una profunda inmersión en las raíces de la cultura, la arquitectura y la espiritualidad occidental, una experiencia verdaderamente transformadora.