«La bendición de la barca» (1895) es una célebre pintura al óleo sobre lienzo del artista español Joaquín Sorolla.
Los cuadros religiosos de Sorolla, el «pintor de la luz» que rezaba con el pincel
Aunque Sorolla es uno de los pintores más celebrados de la historia reciente del arte español, pocos conocen su vertiente religiosa: un interés que se mantuvo durante años y ha dado como resultado un puñado de obras maestras
¿Quién no conoce a Joaquín Sorolla? Aunque falleció hace algo más de un siglo, el «pintor de la luz» sigue cosechando admiradores en 2026, en buena parte gracias a que sus obras resultan un placer inmediato. Los deliciosos juegos de sombras en las velas, el frescor mediterráneo de sus marinas pintadas al aire libre, la vitalidad de los chiquillos corriendo por la arena mojada… Es prácticamente imposible ver un cuadro de Sorolla y no disfrutarlo. Hagan la prueba.
Sin embargo, el Sorolla exitoso, el de las grandes exposiciones y el de los temas marineros que coloca a un público hambriento de más, no es el único: por detrás asoma otro Sorolla, un hombre joven y devoto, con hambre de plasmar en el lienzo temas cristianos. «Aunque no estamos habituados a pensar en Sorolla como un pintor de temática religiosa, sí fue un género que cultivó, sobre todo, durante los primeros años de su carrera, y en el que demostró su joven y prometedor talento», señalan desde el Museo Sorolla de Madrid.
La obra 'Virgen María', de Joaquín Sorolla
En 2021, esta pinacoteca acogió una fascinante exposición temporal titulada Sorolla. Tormento y devoción, un título que remite a la célebre película de Carol Reed y que pretendía poner en primer plano la desconocida faceta religiosa del artista valenciano, con cuadros como Monja en oración –que le valió su primera medalla de oro en la Exposición Regional de Valencia, en 1883–, El entierro de Cristo –un ambicioso cuadro de siete metros que nunca llegó a terminar– o La Virgen María.
Sobre este último cuadro –que Sorolla pintó entre 1885 y 1887, durante su pensionado en Roma, y que hoy se conserva en el Museo de Bellas Artes de Valencia–, la historiadora y miembro de la Asociación Nártex Patricia Barrero destaca1 que Sorolla fue un gran devoto de la Virgen de los Desamparados, patrona de su ciudad natal. En una carta dirigida a su amigo Pedro Gil de Mora, que le había pedido pintar el «medio pinto» del camarín de la Virgen en Valencia, Sorolla le decía: «Encantado, y con un placer grande todo cuanto sea para mi adorada Virgen de los Desamparados. Confieso que en mi amor por Ella hay ya casi una exageración […], pero sin ella la vida me sería muchas veces insoportable».
Santa en oración, de Sorolla
Un nuevo lenguaje
Durante los años que pasó en Roma a finales de la década de 1880 –cuando Sorolla estaba en la veintena– Sorolla alternó entre los estudios de la Antigüedad clásica, requeridos para todos los pensionados, con su auténtico interés: los motivos religiosos. Así lo destacan desde el Museo Sorolla, en la presentación de la citada exposición: «Aunque Sorolla pintó en estos años desnudos académicos, como era de rigor para cualquier pensionado, es en la pintura religiosa donde, en realidad, concentra su mayor esfuerzo y esperanzas, como se advierte en El buen ladrón crucificado. San Dimas», que pintó en 1885.
Desde el museo apuntan que, al igual que otros pintores de su generación, durante aquellos años Sorolla «trató de reinventar la pintura de carácter espiritual y religioso ante la necesidad social de un nuevo imaginario». Otro de los esfuerzos en esta dirección es Santa en oración, un cuadro de pequeñas dimensiones que pintó en Asís (Italia) en 1888, en los primeros compases de su matrimonio con Clotilde.
'El buen ladrón crucificado. San Dimas', de Joaquín Sorolla
Por este motivo, algunos –como explican desde el Museo del Prado, donde se ubica actualmente la obra– consideran que la misteriosa figura encapuchada no es otra que santa Clotilde. Se trata de una pieza a la que Sorolla tenía mucho cariño, cosa que prueba el hecho de que en varias fotografías de su estudio se puede ver este cuadrito, colocado en un lugar preferente. En algunas obras posteriores, Sorolla incluye el cuadro como parte del fondo.
Sorolla. Tormento y devoción incluía cuarenta y seis obras, lo que da una idea del peso que tiene la temática religiosa en la obra de Sorolla. Otras piezas destacables, que viran hacia el naturalismo y la mirada social que el pintor desarrollaría con el tiempo, son Procesión en la Catedral de Burgos, de 1890, o la fantástica La bendición de la barca, de 1895, donde ambas tendencias –el Sorolla religioso y el Sorolla marinero– se dan la mano, en una escena que, salvando las distancias de los siglos, podría transcurrir perfectamente en aquel mar embravecido que un cierto galileo calmó con unas palabras.
Artículo publicado originalmente en La Antorcha, la revista gratuita de la Asociación Católica de Propagandistas