16 de agosto de 2022

Santiago Cantera

Hace años...

...vivía en medio del bullicio de Madrid y marché a dedicar el resto de mis años retirado en un rincón de la Sierra de Guadarrama

Hace años, yo era un profesor de Historia en el CEU y me convertí en el último postulante de una comunidad monástica, en la que pedía ser admitido como futuro monje. Hace años, yo me movía por donde quería y acudía a dar conferencias a cualquier lugar del que me llamaran, en España o en el extranjero, y pasé a abrazar una vida de recogimiento y clausura en una abadía benedictina. Hace años, yo vivía en medio del bullicio de Madrid y marché a dedicar el resto de mis años retirado en un rincón de la Sierra de Guadarrama. Hace años, yo estaba feliz por el paso que iba a dar, pero también tenía el dolor humano de abandonar toda una serie de cosas y de afectos que me gustaban y que amaba. Hoy me siento plenamente dichoso y lleno de gozo y de alegría por la Bondad infinita de un Dios que es Amor y que me invitó a vivir del todo para Él.
¡Cuántos titubeos dan los hombres de hoy buscando un poco de felicidad! ¡Qué bandazos pegan intentando encontrar un sentido a sus vidas! ¡Y no se dan cuenta de que la solución y la auténtica meta de sus deseos la tienen más cerca de lo que creen! Si abrieran sus corazones a Dios, ¡cómo les cambiaría la vida! Descubrirían un valor a sus luchas y a sus sufrimientos del día a día; verían que la verdadera felicidad no puede quedarse en meras ilusiones efímeras, basadas en la posesión de cosas o en simples momentos agradables; hallarían un Amor infinito que les ama y que únicamente les está pidiendo una correspondencia de amor. Si los hombres conocieran a Dios, ¡qué distintos serían los hombres! Si el mundo se volviera hacia Dios, ¡qué distinto sería el mundo! Pero los hombres no conocen a Dios, el mundo le desprecia, y así nos va…
Los hombres que han conocido a Dios y han vivido de su Amor, han sido capaces de dedicar sus vidas hasta la muerte al servicio de los enfermos, como un san Juan de Dios o un P. Damián Veuster; han sabido entregarse al cuidado de los más pobres entre los pobres, como una beata Teresa de Calcuta; han creado congregaciones e instituciones para dar cultura y profesión a niños y jóvenes humildes o de familias obreras, como un san José de Calasanz o un san Juan Bosco; han combatido contra la esclavitud y contra las injusticias sociales, como un san Pedro Claver o un Albert de Mun. Nunca el mundo llegará a poder apreciar a la perfección la deuda que tiene hacia el bien que la Iglesia católica y sus hijos han realizado en favor del progreso social.
Estos hombres y mujeres han sido felices, porque han vivido del Amor de Dios y lo han querido transmitir a los demás por amor también a ellos. Y como estos hombres y mujeres, han sido igualmente felices otros que han centrado sus vidas en ese Amor de Dios, viviendo así el matrimonio en plenitud, como un san Isidro y una santa María de la Cabeza; siendo capaces de amar al hijo de sus entrañas hasta dar la vida por él, como una santa Juana Beretta, que se negó a abortar aun a riesgo de sí misma.
Y al lado de todos estos ejemplos, ¿qué hace un monje? El monje, sencillamente, es el testigo a la vez más silencioso y más elocuente del Amor de Dios, de la trascendencia de la vida, de la eternidad, de lo sobrenatural. Con su vida escondida, sólo para Dios, testimonia que Dios existe y recurre a Él solicitando su Amor para todos los hombres. Ésa fue la raíz que permitió a San Benito y sus monjes en el Medievo construir la Europa cristiana, la única y verdadera Europa.
  • Fray Santiago Cantera Montenegro O.S.B. es el prior del Valle de los Caídos
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