Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti.
El 'mea culpa' de la Iglesia argentina cuarenta años después de la dictadura de Videla
«Queremos conocer la verdad histórica y pedir perdón a Dios, a la comunidad argentina y las víctimas de la violencia», dicen los miembros de la Conferencia Episcopal argentina en la introducción del libro La verdad los hará libres
Cuarenta años después de la dictadura de Videla en Argentina, dos grandes tomos de casi mil páginas cada uno y un tercero en proceso de edición, han visto la luz para mostrar la dolorosa investigación de la Iglesia católica sobre su actuación durante la última dictadura, entre 1976 y 1983. El reconocimiento de responsabilidades por parte de la Conferencia Episcopal está dedicado a la memoria de las treinta mil víctimas que dejó el terror militar.
Apoyo a la dictadura y mártires
«Queremos conocer la verdad histórica y pedir perdón a Dios, a la comunidad argentina y las víctimas de la violencia», dicen los miembros de la Conferencia Episcopal (CEA) en la introducción del libro. «Somos conscientes de que en muchas decisiones, acciones y omisiones la CEA no estuvo a la altura de las circunstancias», añaden.
La obra muestra el inicial respaldo de la jerarquía eclesiástica a la junta militar
La obra, que abarca también la violenta década previa al golpe del 24 de marzo de 1976, se publica cuando Argentina cumple 40 años del regreso a la democracia. Muestra el inicial respaldo de la jerarquía eclesiástica a la junta militar, pero también los intentos de ayuda a las víctimas y el martirio de obispos, curas y monjas asesinados por salir al paso de la violencia institucional.
Retrato oficial de Jorge Videla
Participar de las torturas
«Era una exigencia que tenía la Conferencia Episcopal, de dar respuesta a las gravísimas denuncias hechas sobre todo en los juicios» por los crímenes de lesa humanidad, reconoció a AFP el sociólogo experto en la relación entre Iglesia y sociedad, Fortunato Mallimacia.
«Siempre se denunció que curas participaron de las torturas o las encubrieron. Es interesantísimo que se haga este trabajo que vienen reclamando los grupos de defensa de los derechos humanos. Y constituye un gran aporte al mostrar a las víctimas todas», refirió Mallimaci.
Con el título La verdad los hará libres, la investigación fue realizada por la Universidad Católica Argentina a lo largo de cinco años, a solicitud de la Conferencia Episcopal, que para ello puso a disposición sus archivos.
Los autores Carlos Galli, Juan Durán, Luis Liberti y Federico Tavelli usaron además archivos de la Compañía de Jesús, de la Nunciatura Apostólica y de la Santa Sede.
Bebés robados
Con este libro «hemos dado un inicio que puede traer frutos», consideró Carlos Tavelli.
«Hay información de que en desapariciones de personas y apropiaciones de bebés hubo participación de capellanes y monjas. Pero no es una información institucional que se encuentre en los archivos. Pensamos que si la Iglesia dice que no hay que tener miedo al pasado, eso puede motivar a que se nos acerquen, incluso de manera anónima, aquellos que saben. El dolor no es solo del pasado, sino que persiste en el presente», en un país en el que se han realizado más de trescientos juicios y mil cien condenados por los crímenes de la dictadura militar.
Para Galli, este trabajo era una tarea pendiente. «Ya sufrí en los años 1970 por familiares, amigos y compañeros desaparecidos, no ahora haciendo el libro. Lo que sentí ahora fue responsabilidad. Si muchas veces había pensado que debía hacerse, ¿cómo iba a eludirlo ahora?», reconoció.
«Tenemos una finalidad académica, que es historiar la memoria. No dimos a leer los tomos antes a nadie. Somos investigadores, no hicimos un catecismo de esto», aseguró.
Durante la dictadura argentina, miles de personas fueron torturadas, asesinadas o desaparecidas. Cientos de bebés nacidos durante el cautiverio de sus madres fueron separados de ellas y entregados ilegalmente a otras familias.
El libro analiza la actuación que tuvo entonces la Iglesia frente a estos crímenes y también enumera a sus miembros que resultaron víctimas.
«Hubo 24 sacerdotes asesinados, más de una docena de religiosas, dos obispos (Enrique Angelelli y Carlos Ponce de León), y cientos y cientos de católicos. Fue un catolicismo que tenía víctimas y victimarios», dijo Mallimaci.
Videla reconoció que el número de desaparecidos ascendía a dos mil o tres mil
Las gestiones de Bergoglio
La investigación no elude los episodios polémicos y dedica un capítulo al secuestro de los sacerdotes jesuitas Franz Jalics y Orlando Yorio y al papel que desempeñó el entonces provincial Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco.
El libro de la Conferencia Episcopal muestra las cartas que escribió Jorge Mario Bergoglio y el Nuncio Apostólico Pio Laghi para lograr la libertad de los dos sacerdotes, que fueron torturados durante cinco meses en 1976.
El propio Franz Jalics publicó en la web de la Compañía de Jesús en Alemania su testimonio:
«Mientras vivía en Argentina, junto con otro jesuita, Orlando Yorio, los militares nos detuvieron, pero la causa no fue una denuncia de Bergoglio, sino la detención de uno de sus colaboradores laicos».
Fueron detenidos e interrogados «durante cinco días». El oficial encargado de su detención reconoció su inocencia, pero, «a pesar de esto, de forma para nosotros inexplicable, nos mantuvieron en prisión durante cinco meses, atados y con los ojos vendados» en una de las prisiones clandestinas del régimen militar. El religioso nunca acusó a su hermano jesuita Jorge Mario Bergoglio.
Tras su liberación se fue de Argentina y ya no tuvo ocasión de hablar con Bergoglio, hasta que este ya era arzobispo de Buenos Aires, cuando ambos pudieron conversar sobre lo sucedido: «A continuación, celebramos la Misa en público y nos abrazamos de forma solemne. Estoy reconciliado y doy los hechos por cerrados», concluyó Jalics.
Los autores también se adentran en episodios desconocidos, como la reunión del 8 de agosto de 1978 entre el nuncio Laghi y el dictador Jorge Videla en la residencia presidencial, en la cual el propio Videla reconoció que el número estimado de desaparecidos ascendía a dos mil o tres mil. El nuncio se fue de Argentina en 1981 haciendo un informe en el que afirmó que las desapariciones formaban parte de un plan predeterminado. Dicho plan, según las organizaciones de derechos humanos, dejó treinta mil desaparecidos en el país.