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18 de mayo de 2024

El sacerdote Isidro Molina y la psicóloga Cristina Velasco

El sacerdote Isidro Molina y la psicóloga Cristina VelascoJosé María Visiers

¿Sacerdotes vs. psicólogos? Por qué hay que distinguir entre la terapia y la dirección espiritual

La psicóloga Cristina Velasco y el sacerdote Isidro Molina debaten los puntos en común y los límites entre ambas prácticas

La dirección espiritual ha estado presente en la Iglesia desde los primeros siglos, pero hoy en día muchos la confunden con el diván del psicoterapeuta. La psicóloga y profesora en la Universidad CEU San Pablo Cristina Velasco y el sacerdote Isidro Molina se sientan para hablar sobre los vínculos y límites entre ambas prácticas, y abordan cuestiones como la «moda» de la salud mental, la necesidad de contar con un psicólogo católico o el eterno problema del sufrimiento.
Cristina Velasco: Hoy en día las consultas psicológicas están llenas, y hay muchísima demanda de salud mental. ¿Ud. nota una demanda similar de atención espiritual?
Isidro Molina: Bueno, veo un anhelo, y la pastoral universitaria tiene mucha respuesta, pero es cierto que —por el mundo que vivimos, por la secularización y la sospecha acerca de lo eclesial— percibo una confusión entre la dirección espiritual y la atención psicológica.
–C.V.: Tal vez es porque hoy la gente tiene cada vez menos fe, y buscan ayuda olvidando la dimensión espiritual, tan importante y necesaria. Yo creo que la psicología y el acompañamiento espiritual pueden ser complementarios, aunque hay ámbitos diferenciados. Es importante que el psicólogo sepa qué debe atender y qué no, y cuándo decirle a la persona «para este tema mejor habla con un sacerdote». Un ejemplo claro es alguien que vive con mucho agobio un proceso de discernimiento vocacional: tú puedes ayudar a la persona a nivel de emociones o actitudes, pero hay un campo espiritual donde es bueno que entre en juego un sacerdote.

La clave es saber cuándo es necesario acudir a un psicólogoCristina VelascoPsicóloga

–I.M.: Eso sería lo ideal. En rigor, la dirección espiritual es acompañar a alguien a que conozca a Dios y viva en Su intimidad, y para ello hay que acompañarle en sus circunstancias. Cuando estas se desproporcionan, cabe el ámbito del apoyo psicológico, siempre en coordinación con la dirección espiritual, porque el fin es la integración. Ahí hay una dificultad, porque nuestro mundo —y muchos psicólogos— niega cada vez más la trascendencia.
–C.V.: Creo que la clave es saber cuándo es necesario acudir a un psicólogo: cuando tienes problemas que te desbordan, que afectan tu día a día y tus relaciones con los demás. Lo digo porque hay quien busca ayuda psicológica sin tener un problema de salud mental. Tal vez porque la psicología está de moda. Te llaman y no te dicen nada concreto: «Creo que necesito ayuda». No veo ético llenar las consultas de pacientes que solo quieren charlar, porque un profesional de la salud mental no es alguien con quien hablas; para eso están tu madre o un amigo. Pienso que si nuestra sociedad fuera distinta, estos pacientes encontrarían en otro sitio el acompañamiento que necesitan.
–I.M.: Seguro, pero es verdad que el ambiente cultural te dice que si tienes un problema acudas al psicólogo. Pasa incluso en las parroquias: derivamos, derivamos… En el fondo, es falta de fe en Dios y demasiada fe en lo científico, en lo médico. Aun así, estoy de acuerdo: cuando uno no se domina a sí mismo, cuando un vicio o una adicción te puede, hay que ponerse en manos de un especialista.

Coaching, autoayuda y el paciente como terapeuta

–C.V.: Una tendencia que me preocupa, y que detecto en los libros de autoayuda o en la moda del excesivo coaching, es un impulso narcisista, de ponerse demasiado a uno en el centro. Es como si fuera el propio paciente quien se arregla a sí mismo… pero en cierto modo esto también puede culpabilizar a esa persona que no es capaz de salir de su depresión. O que, por mucho que se esfuerce, no puede encontrarse bien.
–I.M.: En el tema de la autoayuda y el mindfulness hay una trampa, un punto antropológico que no es cristiano. Es un diálogo voluntarista con el «yo», y eso al final te quiebra. La vida en la gracia es un diálogo con Dios, con un Tú que te quiere, pero has de estar dispuesto a ser transformado.
–C.V.: Y justo por eso había que darle una vuelta al enfoque psicológico basado en una antropología cristiana. En el Evangelio, Jesús nos habla del amor de Dios que nos redime, pero también del amor de los que tenemos cerca. Lo digo pensando en corrientes como el psicoanálisis, muy centradas en culpar al otro de lo que te pasa. Es algo muy determinista, y anula la libertad y la responsabilidad del ser humano. Y además genera mucho sufrimiento.

La Pasión Cristo dice siete palabras, pero no da explicacionesIsidro MolinaSacerdote

–I.M.: Con el sufrimiento tocamos un tema clave, porque muchas personas que sufren neurosis o patologías se preguntan: «Si Dios es bueno, ¿por qué consiente esto? ¿Por qué no me quita esta enfermedad?». Bueno, es un misterio. Por un lado, Dios lo puede todo, pero no se va a saltar nuestra libertad. Por otro lado, en nuestra naturaleza está la herida del pecado original, no menos misteriosa.
–C.V.: Como psicólogos, a veces nos llegan pacientes con sufrimientos que no podemos eliminar, y todo lo que podemos hacer es acompañarles. Sin embargo, creo que hoy su busca anular excesivamente el sufrimiento. Cuando crees que esta es tu única vida…
–I.M.: Fijémonos que en la Pasión Cristo dice siete palabras, pero no da explicaciones. El sufrimiento es misterioso, y hay momentos que hay que pasar como se puede. Pero visto con perspectiva el sufrimiento también hace que uno madure, aunque esto no sea culturalmente amable decirlo. Eludir el sufrimiento es mutilar la madurez. Este mundo feliz nuestro a veces encierra una visión irreal, una dictadura de lo irreal.
–C.V.: En mi experiencia, la psicología positiva ha tenido una influencia negativa. Parte de mi investigación y mi trabajo lo he dedicado a acompañar a familias de niños con cáncer, y cuando ves que se dice eso de «lo tienes que afrontar muy bien» o «sé optimista»... La realidad es otra.

¿Buscar un psicólogo católico?

–C.V.: Otro tema: si eres católico, veo importante que la persona que te acompaña a nivel de salud mental —el psicólogo, el psiquiatra o incluso el médico de cabecera— tenga una visión antropológica cristiana. Hay que buscarlo, e incluso preguntar antes, clarificarlo.
I.M.: Es fundamental. Y si no la tiene, al menos que la reconozca y la respete, porque nuestra antropología no separa cuerpo y alma. Estamos llamados a ser divinizados en ambos, y tanto el alma como la carne necesitan sus propias herramientas. Cuando esta unidad se fragmenta, aparecen los problemas que vemos hoy.
C.V.: Cuando viene a la consulta alguien con fe se nota, porque habla de cómo se ha apoyado en el Señor para superar tal dificultad o para afrontar tal otra. Pero también me he encontrado, a veces, que la fe mal entendida puede ser una dificultad a nivel de salud mental. Recuerdo a un paciente que llevaba muchos años sufriendo por un problema de escrúpulos: quería hacer las cosas muy bien, perfectamente bien, y le faltaba el punto de confiar y entender que el Señor entiende nuestras miserias. Gracias a Dios, los sacerdotes se dan cuenta de que eso también lo tienen que derivar a un profesional de la salud mental.

Compartir la intimidad con alguien que te entiende y no te juzga ya en sí es terapéuticoIsidro MolinaSacerdote

I.M.: Yo lo he vivido en ambos extremos: gente que sobrenaturaliza la vida hasta el punto de despreciar el valor de las cosas humanas y gente que racionaliza demasiado y se pierde la vida de gracia.
C.V.: Una cuestión relacionada con esto es: cuando uno va al psicólogo, ¿conviene que le explique también su vida espiritual? Yo creo que hay una parte que el terapeuta debe conocer, pero para entenderte mejor, no para orientarte.
I.M.: Sí, y además el relato es curativo: compartir la intimidad con alguien que te entiende y no te juzga ya en sí es terapéutico, y hace que seas consciente de las cosas. Eso también pasa en la dirección espiritual, donde lo clásico es que la persona te cuente su vida desde el inicio.
C.V.: Lo apuntaba antes, pero es curioso que muchas corrientes psicológicas han llegado a conclusiones que ya estaban en el Evangelio: el no juicio, la aceptación incondicional… Muchas veces el paciente o la persona que acude a dirección espiritual busca esa figura de apoyo.
I.M.: Hoy está muy extendida la desconfianza, y es necesario volver a la confianza original: solo así podemos crecer. En este sentido, cuando uno busca a un psicólogo o un sacerdote, ya está reconociendo su problema: ya está en senda de salvación. Claro, y ahí uno alumbra cosas de las que no era consciente, va afrontando las dificultades… La vida es un combate. Un combate de gracia.
  • Artículo publicado originalmente en la revista La Antorcha, una publicación gratuita editada por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y que ofrece una mirada cristiana sobre la realidad.
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