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El padre Juan McKniff y Prevost compartieron tiempo, territorio y misión

Del mismo país, orden y misión: el Papa podría canonizar a un viejo compañero, el padre Juan McKniff

Fray Fidel Alvarado, postulador de la causa de canonización de McKniff, destaca que, de concretarse, sería la primera vez en la historia de la Iglesia que un Papa agustino canoniza a otro miembro de la misma orden

No es solo el país de origen lo que une al padre Juan McKniff con León XIV. Ni siquiera basta mencionar que ambos pertenecen a la Orden de San Agustín. Hay una conexión concreta que escapa a la simple coincidencia: compartieron misión en Perú, coincidieron en tiempo y lugar, y hoy, uno podría elevar al otro a los altares.

Una vida de entrega

Juan McKniff (Pensilvania, 1905) ingresó al Seminario Agustiniano de Villanova a los 14 años. Tras su formación y ordenación en Roma en 1930 —donde también obtuvo un doctorado en Filosofía—, fue enviado a misiones en Filipinas y luego en Cuba. Allí, como párroco de Cristo del Buen Camino, fundó escuelas gratuitas, un dispensario médico y espacios recreativos para jóvenes en La Habana.

Con la llegada de la revolución cubana, sus centros fueron cerrados y su actividad pastoral vigilada. Sin embargo, su compromiso con los más necesitados fue reconocido incluso por el propio Fidel Castro, quien le permitió permanecer en la isla cuando la mayoría de los religiosos fueron expulsados. «Fidel le cogió tanto cariño que le dijo: 'Usted se va a quedar'», señala fray Fidel Alvarado —actual vicario pastoral de Chulucanas y postulador de la causa de canonización de McKniff— en varios medios hispanoamericanos.

No obstante, en 1968, tras una visita a Estados Unidos por motivos de salud, se le prohibió el reingreso en Cuba. Fue entonces cuando se ofreció como voluntario para servir en Perú, donde su historia daría un giro providencial.

El encuentro de dos agustinos

La figura del padre Juan McKniff ha vuelto a cobrar protagonismo en Chulucanas tras la elección del cardenal Robert Prevost como sucesor de Pedro. Ambos coincidieron en 1988, cuando McKniff, con 85 años, llegó a Chulucanas para continuar su labor pastoral, mientras Prevost regresaba al país para asumir el puesto de director de formación de los postulantes agustinos de los vicariatos de Chulucanas, Iquitos y Apuríma.

Compartieron tiempo, territorio y misión. Y aunque entonces pocos imaginaron que uno de ellos llegaría al trono de Pedro y el otro se encuentra en proceso de canonización, hoy esa coincidencia adquiere un valor especial. Fray Fidel lo explica con claridad: «Si llega a ocurrir, sería la primera vez que un Papa agustino canoniza a otro miembro de la misma orden. Es algo que marcaría un hito en la Iglesia».

McKniff falleció el 24 de marzo de 1994 en Miami, con la maleta lista para volver a Perú. Había viajado a un retiro en Canadá y, de regreso, esperaba tomar un vuelo a Chulucanas. Sin embargo, una gripe que se agravó en neumonía truncó su regreso. Murió lejos, pero con la decisión tomada de regresar a la misión donde quería terminar sus días.

Hoy, su causa de canonización avanza. McKniff ya fue declarado siervo de Dios en 2002, y el próximo 22 de junio sus restos serán trasladados a la Parroquia San José Obrero de Chulucanas. Según recoge la Agencia Andina, pocos días antes del cónclave que elegiría al nuevo Pontífice, fray Fidel Alvarado envió un mensaje al entonces cardenal Robert Prevost (también se conocieron en Perú) expresando su esperanza de que la Iglesia pudiera tener un Pontífice agustino.

Prevost respondió que eso quedaba en manos de Dios. «Yo le dije: 'Entonces voy a rezar y pedirle a Juan McKniff que nos haga el milagro'». Tan solo unos días después, el nombre de Robert Francis Prevost resonaría desde el balcón central de San Pedro tras proclamarse el Habemus Papam.

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