Eduard Profittlich será proclamado beato este sábado
Prisión, tortura y represión soviética: el arzobispo mártir que será hoy el primer beato de Estonia
La ceremonia, presidida por el cardenal Christoph Schönborn, reunirá a fieles que celebrarán la fe y la valentía de un hombre que murió mártir por no abandonar a los suyos
No huyó. No renunció. Incluso frente a la crueldad de la represión soviética, el arzobispo Eduard Profittlic (1890-1942) se mantuvo firme junto a su pueblo. Hoy, la capital de Estonia es testigo de un momento histórico para la Iglesia: Profittlich es proclamado beato, convirtiéndose en el primer religioso católico estonio en recibir esta distinción. La ceremonia, presidida por el cardenal Christoph Schönborn, reunirá a fieles que celebrarán la fe y la valentía de un hombre que murió mártir por no abandonar a los suyos.
Es así como la pequeña comunidad católica de Estonia, apenas 8.000 fieles (0,58 % de la población), vive hoy un momento de orgullo y esperanza. Monseñor Philippe Jourdan, obispo de Tallin, resume a Profittlich «como portador de un testimonio heroico de la fe durante la persecución soviética, que dio su vida para permanecer fiel a Cristo». Añade, además, que se trata «de un acontecimiento histórico y extraordinario que confirma la importancia de Estonia en la historia y el futuro de la Iglesia católica».
Un jesuita, entre fronteras
Nacido en una familia campesina del sur del antiguo Imperio alemán, ingresó a la Compañía de Jesús a los 23 años en Holanda, ya que los jesuitas habían sido expulsados del Segundo Reich.
Aunque su deseo inicial era ser misionero en Rusia, Pío XI lo nombró Administrador Apostólico de Estonia el 11 de mayo de 1931, coincidiendo con la refundación y reorganización de la Iglesia católica en el país báltico.
Su labor va más allá de la parroquia: dialoga con otras iglesias cristianas presentes en Estonia, impulsó la cultura del país y en 1935 pide y obtiene la ciudadanía estonia, demostrando un compromiso absoluto con la misión que le había sido confiada.
Fidelidad hasta el final
Consagrado arzobispo en 1936, enfrentó la invasión soviética de 1940 con una decisión valiente: no abandonar su sede pese a tener la oportunidad de huir. En carta a sus familiares del 8 de febrero de 1941, afirmaba ofrecer a Cristo su libertad y su vida, un compromiso que reiteró en misiva al entonces secretario de Estado, el cardenal Luigi Maglione.
La represión comunista soviética no tardó en alcanzarlo. Detenido en junio de 1941, fue deportado a Kirov, ciudad rusa a unos 950 km de Moscú. Enfrentó condiciones extremas: un clima helado e insoportable, celdas de apenas 50 metros cuadrados para hasta 100 reclusos y muertes frecuentes por hipotermia. Fue sometido a interrogatorios inhumanos que minaron su salud, mientras el frío y el hambre debilitaban su cuerpo.
En noviembre de ese mismo año, un juicio lo acusó de «difundir calumnias antisoviéticas, ocultar la fuga de católicos en el extranjero, elogiar al ejército alemán y la agitación contrarrevolucionaria». El veredicto lo condenó a muerte por fusilamiento. Sin embargo, ese día no llegó: la debilidad extrema provocada por los interrogatorios y las condiciones de la prisión hicieron que Eduard Profittlich muriera en su celda un día antes del fusilamiento, el 22 de febrero de 1942.
A pesar de todo, el arzobispo se mantuvo firme en su fe. En su última carta a la familia, les pedía oración «para que la gracia de Dios siga acompañándome, para que en todo lo que me espera pueda permanecer fiel a mi santa vocación y deber y a Cristo y sacrificar toda mi vitalidad por mi patria, y si es su santa voluntad, incluso la vida». Una entrega que, como escribió, «sería el final más bonito de mi vida».