Trinidad y Javier Olivera Ravasi se iban a casar hasta que ambos decidieron abrazar la vida religiosa
Javier Olivera Ravasi sabe de primeras citas: se iba a casar, pero abrazó el sacerdocio y su novia se hizo monja
Se habían prometido un futuro juntos, pero Dios tenía otros planes. Años después, ambos descubrieron que su historia de amor era en realidad el inicio hacia una vocación compartida
Es uno de esos sacerdotes cuyo nombre ha cruzado fronteras. Argentino, apasionado por la verdad y la cultura, el padre Javier Olivera Ravasi es fundador del portal Que no te la cuenten y dirige la Academia San Elías, un proyecto de educación católica en casa.
También fundó la Orden de San Elías, una sociedad de vida apostólica dedicada a la evangelización de quienes aún no han oído hablar de Cristo y al apostolado de la contrarrevolución cultural. Autor de una docena de libros, su labor como conferencista y apologeta lo ha convertido en una de las voces más seguidas del mundo católico hispano.
Hace unos días, el padre Javier Olivera Ravasi publicó en X un video acompañado del comentario: «Así es como deberían terminar todas las primeras citas». Un usuario le respondió con cierto tono jocoso e irónico: «¿Qué sabe usted de primeras citas, padre?». El sacerdote contestó con una sola palabra: «Algo». Junto a su respuesta compartió un video de EWTN en el que se relata su historia de juventud, cuando vivió un noviazgo con Trinidad María.
Ella no solo compartía con él los libros y los proyectos, sino que fue quien lo ayudó a reencontrarse con Dios. Cuando se conocieron, ella vivía con convicción su fe y esa certeza lo sacudió profundamente. A partir de entonces, Javier comenzó un camino de búsqueda interior, sin imaginar que ese amor juvenil sería el punto de partida de una vocación compartida.
La fe que despertó su mirada
Aunque se conocían desde pequeños, no sería hasta la adolescencia que volverían a coincidir. «Durante varios años estuve bastante separado de la práctica religiosa. A los 19 años regresé de un viaje de mochilero a Perú y la conocí», explicaba el sacerdote en 2019 en una entrevista con Aciprensa. Aquella conversación inicial los unió en torno a la fe.
«Le pregunté si creía en la virginidad hasta el matrimonio, porque para mí era una especie de invento de la Iglesia. Ella me fundamentó tan bien desde la fe y la razón sobre la pureza que me impactó. Me encontré con una mujer que sabía defender lo que creía y que era a su vez inteligente», relató.
Poco después comenzaron una relación. Él estudiaba Derecho en la Universidad Nacional de Buenos Aires y ella en la Universidad Nacional de La Plata. «Era un noviazgo como cualquier otro, pero intentábamos aprovechar la vida cultural a través de la música, la literatura y la filosofía. Leíamos libros juntos, salíamos a tomar un café. Teníamos un grupo de amigos con los que asistíamos a las conferencias de los autores católicos argentinos», recordaba el padre Olivera.
Gracias a ese noviazgo, su fe se fortaleció. «Yo comencé a practicar la fe, a rezar, a ir a Misa los domingos. Todo en gran parte gracias a ella, a Dios principalmente, pero a ella como instrumento», afirmó. Juntos rezaban el Rosario y participaban en la Santa Misa.
Planes de boda y una llamada inesperada
Trinidad María Guiomar —nombre de bautizo de la hermana Marie de la Sagesse— destacó en esa misma entrevista que lo que más valoraba de su entonces novio era «su sincera búsqueda de la verdad sin temor a las consecuencias».
Ambos se comprometieron a los 21 años y planearon casarse al terminar la universidad. Sin embargo, la vocación religiosa se cruzó en su historia. Todo comenzó cuando el hermano mayor de Trinidad anunció que ingresaría al seminario. «Nos dejó golpeados porque no esperábamos eso», confesó el sacerdote.
Decidieron acompañarlo hasta San Rafael, Mendoza, y quedarse unos días. Ella visitó a unas amigas en el convento y él a unos conocidos en el seminario. «Cuando volvimos, conversamos sobre lo loco que era todo esto, de que su hermano haya dejado todo, la posibilidad de tener familia, una carrera muy importante. Comenzamos a preguntarnos ‘¿Qué pasaría si Dios nos llamara a la vida religiosa?’. La primera cosa que dijimos fue que ‘no’ y que era una locura porque estábamos en un hermosísimo noviazgo y ya estábamos comprando las cosas para casarnos», relató.
El tiempo pasó pero la duda persistió. «En mi alma había esta idea permanente de qué pasaría si Dios me llamara, si yo tuviese que dejar todo. ¿Por qué no ser sacerdote? ¿Cómo saber si el mejor modo de llegar al cielo para mí es la vida sacerdotal o la vida matrimonial? ¿Dónde puedo hacer el bien más grande?», se preguntaba.
Una delicadeza de la Divina Providencia
Finalmente decidió hablar con su novia, quien le confesó que también estaba «pensando lo mismo» desde que su hermano ingresó al seminario. Durante dos años discernieron su vocación acompañados por un monje que les dijo: «Miren, ese es un tema entre cada uno y Dios. Nadie se puede meter en las almas».
«Fue un largo período de discernimiento, al menos dos años, hasta que Dios me mostró claramente la vida consagrada y no pude dudar que me pedía esa entrega total por encima del matrimonio», contó la hermana Marie de la Sagesse.
En 2008, cuando ambos tenían 31 años, cada uno respondió a su llamada: él se ordenó sacerdote y ella profesó sus votos perpetuos. La hermana Marie de la Sagesse pertenece a la congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso. Actualmente vive en el sur de Francia, donde realiza su apostolado en la parroquia de Saint Laurent, en la diócesis de Fréjus-Toulon.
Sobre su historia, ella afirma: «considero una gracia especial el llamado de ambos casi al mismo tiempo, una delicadeza de la Divina Providencia, a quien no se le escapa ningún detalle. Y lo que valoro muchísimo es la continuidad en la amistad no sólo de ambos, sino también de nuestras familias». «Ahora tenemos una amistad hermosísima, es mi mejor amiga», concluyó el padre Olivera.