Raimo Goyarrola (I), junto al reverendo Juhani Holma, pastor luterano
Finlandia tendrá su primera escuela católica bajo el impulso de un obispo de Bilbao
Veinte años después de llegar a tierra nórdica, monseñor Raimo Goyarrola verá en agosto de 2026 hacerse realidad uno de sus sueños
Finlandia tendrá por primera vez una escuela católica, una hazaña cargada de significado en uno de los países más secularizados de Europa, donde el catolicismo sigue siendo hoy una presencia minúscula. En agosto de 2026, en el barrio de Lauttasaari, en Helsinki, comenzará a funcionar un centro escolar católico integrado plenamente en el sistema educativo nacional.
La iniciativa nace en una Iglesia que se mueve en cifras muy modestas: unos 20.000 católicos en un país de 5.5 millones de habitantes, repartidos en un territorio casi tan extenso como Alemania. El propio prelado lo resumía con humor y realismo en una entrevista concedida a este mismo medio: «En toda Finlandia solo hay 8 iglesias, 26 sacerdotes, 20.000 católicos… y un obispo de Bilbao».
Ese obispo es Raimo Goyarrola Belda. Español, nacido en Bilbao, sacerdote del Opus Dei, llegó a Finlandia hace ahora veinte años desde Sevilla, sin apenas hablar finés y con la tarea de atender a una comunidad católica dispersa y multicultural. En septiembre de 2023 fue nombrado obispo de Helsinki por el Papa Francisco, aunque matizaba con humor en esa misma conversación con El Debate: «En realidad, soy obispo de Finlandia, porque todo el país constituye una única diócesis».
Explicó además que, aunque en los años 60 hubo un colegio católico dirigido por monjas estadounidenses, con el tiempo se transformó en un centro cristiano no católico. Para Goyarrola, la necesidad de un colegio católico en Finlandia ya era clara: «He viajado por todo el país en estos meses y, de fondo en las misas, siempre se escuchan los bebés y los niños. Eso llena el corazón de alegría y de esperanza. Por eso un colegio es necesario». Y ahora, ese deseo se hará realidad.
Un catolicismo reducido pero persistente
La futura escuela católica seguirá los programas oficiales de la enseñanza básica, utilizará materiales aprobados por las autoridades educativas y comenzará con un número reducido de alumnos, desde educación infantil hasta primaria, organizados en clases multinivel. Estará abierta a cualquier familia, sea cual sea su confesión religiosa, informa Tribune Chrétienne.
La identidad católica se expresará a través del clima educativo, la vida comunitaria y la transmisión de valores cristianos. Las grandes fiestas del calendario litúrgico también marcarán el ritmo del curso. La enseñanza religiosa se ajustará estrictamente a la legislación finlandesa: cada alumno recibirá formación conforme a su propia confesión o, en su defecto, educación cívica.
Para entender el alcance del proyecto conviene mirar atrás. El catolicismo estuvo presente en Finlandia durante la Edad Media, pero desapareció casi por completo tras la Reforma protestante del siglo XVI, cuando el territorio —entonces bajo dominio sueco— adoptó el luteranismo. No fue hasta el siglo XIX, durante el periodo de dominio ruso, cuando volvió a ser tolerado el catolicismo, primero para extranjeros y después también para la población local.
En las últimas décadas, la comunidad católica ha crecido de forma sostenida, impulsada sobre todo por la inmigración. Se calcula un aumento anual de entre el 2 y el 5 %, una cifra modesta pero constante. Aun así, hasta ahora las familias católicas carecían de cualquier estructura escolar confesional y dependían casi exclusivamente de la catequesis parroquial para la transmisión de la fe.
Quizá Finlandia no sea un país que pueda presumir de número de fieles, y aunque la apertura de esta primera escuela católica no modificará radicalmente las estadísticas religiosas en una sociedad mayoritariamente luterana y culturalmente distinta de la tradición católica, sí envía un mensaje claro: a lo largo de los siglos, la Iglesia católica ha echado la semilla del Evangelio con humildad, paciencia y vocación de servicio y hoy se pueden apreciar los frutos de ese trabajo constante.