Matanza de cristianos en Nigeria
217 iglesias destruidas y 100 muertos en una oleada de violencia contra cristianos en Nigeria
La diócesis de Wukari denuncia el desplazamiento de 98.000 personas, incluidos 16 sacerdotes, ante el avance de las milicias que asuelan el estado de Taraba
La Iglesia en Nigeria ha vuelto a denunciar una tragedia que no cesa. Monseñor Mark Maigida Nzukwein, obispo de Wukari, ha emitido un informe tras la tercera Asamblea General de su diócesis, revelando la magnitud de la persecución que sufren las comunidades cristianas en el sur del estado de Taraba, al noreste del país.
Desde el pasado mes de septiembre, la violencia ha dejado un rastro de desolación: más de 100 personas han sido asesinadas y cerca de 98.000 civiles se han visto obligados a abandonar sus hogares para salvar la vida, según reporta la agencia Fides. Entre los desplazados se encuentran 16 sacerdotes, que han tenido que huir junto a sus fieles tras ver cómo sus parroquias eran reducidas a cenizas.
Objetivo: la presencia cristiana
La magnitud de los daños evidencia una persecución que busca erradicar todo rastro de fe cristiana. Según el comunicado diocesano, 217 iglesias han sido completamente destruidas, además de las viviendas de ocho sacerdotes. Uno de los ataques más recientes golpeó la iglesia católica de Santiago el Mayor, en el distrito de Takum, mientras que la catedral de Santa María de Wukari sufrió graves daños por un incendio el pasado marzo.
Las incursiones son llevadas a cabo principalmente por bandas de pastores Fulani, que atacan de forma sistemática a las comunidades de agricultores, predominantemente cristianas (etnia Tiv). Tras arrasar las casas y los templos, los agresores ocupan ilegalmente las tierras dejadas por quienes huyen de la masacre.
Los ataques se han recrudecido en los últimos meses sin que las peticiones de ayuda de la Iglesia hayan obtenido respuesta efectiva. El pasado 12 de febrero, el clero de las diócesis de Wukari y Jalingo salió a las calles en una manifestación para exigir al Gobierno una intervención inmediata que detenga los asesinatos y secuestros.
Sin embargo, las autoridades parecen haber hecho oídos sordos. Si en febrero se contabilizaban 80 muertos y 200 comunidades destruidas, hoy los números han escalado hasta superar el centenar de víctimas mortales y las 217 iglesias quemadas. La Iglesia en Nigeria denuncia que el clima de inseguridad sigue siendo preocupante y que, más allá de las cifras, el verdadero desarrollo de la nación debe medirse por la protección efectiva de la vida de sus ciudadanos.
En este mes de mayo, dedicado a la Virgen, la comunidad cristiana local ha intensificado sus oraciones no solo por la paz, sino también por la liberación de sacerdotes y fieles que permanecen secuestrados.