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'Visión de san Pedro Nolasco'

'Visión de san Pedro Nolasco'

El mercader que 'compró' cristianos para devolverles la libertad: cómo Pedro Nolasco usó su herencia para vaciar las cárceles

El 29 de enero la Iglesia celebra la festividad de san Pedro Nolasco, un hombre que transformó su fortuna en una operación de rescate a gran escala que ha durado ocho siglos

Nacido cerca de Barcelona hacia 1189, Pedro Nolasco no fue un místico aislado del mundo, sino un joven comerciante que decidió utilizar las herramientas del mercado para una misión humanitaria: devolver la libertad a quienes lo habían perdido todo.

En el siglo XIII, la frontera entre el cristianismo y el islam no era solo una línea de guerra, sino un lucrativo mercado de personas. Los piratas y ejércitos mahometanos capturaban cristianos para venderlos como esclavos; hombres que enfrentaban condiciones infrahumanas en cárceles y la presión constante de renunciar a su fe.

Aparición de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco, de Alonso del Arco

Aparición de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco, de Alonso del ArcoWikimedia

Pedro Nolasco, que quedó huérfano a los 15 años y heredó grandes posesiones, decidió que su patrimonio no serviría para acumular lujos, sino para pagar rescates. Inspirado por la idea de que los bienes materiales de este mundo «donde la polilla y el orín los corrompen y los ladrones los roban» (Mt 6,20) son pasajeros frente a la vida eterna, comenzó a gastar su fortuna sistemáticamente para liberar al mayor número posible de cautivos.

En 1203, Pedro inició en Valencia su labor redentora, costeando la liberación de unos 300 prisioneros. A partir de esa experiencia, reunió a un grupo decidido a poner sus bienes en común y a organizar expediciones destinadas a negociar la liberación de otros cautivos.

1218: el nacimiento de una orden

Lo que comenzó como una iniciativa personal de caridad se convirtió en una institución formal en agosto de 1218. Según las crónicas, tras una visión de la Virgen María compartida con el rey Jaime de Aragón y su confesor, san Raimundo de Peñafort, se fundó la Comunidad de Padres Mercedarios.

La orden no era una congregación religiosa común. Los mercedarios, reconocibles por su hábito blanco con una gran cruz en el pecho, añadieron a los votos tradicionales de pobreza, castidad y obediencia un cuarto juramento: dedicar toda su vida —y si fuera necesario, quedarse como esclavos en lugar de otro— para liberar a los cristianos cautivos.

Desde sus orígenes, la Orden de la Merced nació como una comunidad laica, con sede en el hospital de Santa Eulalia, en Barcelona, donde se atendía tanto a cautivos recién liberados como a los más pobres. Pedro Nolasco reconoció siempre a la Virgen de la Merced como la verdadera fundadora de la orden —cuyo nombre remite a la misericordia—, un carisma que pronto desbordó las fronteras europeas.

Esa vocación universal se proyectó al otro lado del Atlántico en 1519, cuando fray Bartolomé de Olmedo acompañó a Hernán Cortés, convirtiendo a los mercedarios en los primeros religiosos en llegar a lo que hoy es México.

Ocho siglos después, el carisma de «redención» de San Pedro Nolasco ha mutado para enfrentar las prisiones modernas. Hoy, la familia mercedaria —que incluye a padres, monjas y laicos— mantiene viva la misión de aquel mercader barcelonés, enfocándose en la atención a refugiados, la reinserción de presos y la educación de quienes sufren la marginación y las nuevas formas de opresión contemporánea.

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