GEMMA GALGANI - Trailer final -

GEMMA GALGANI - Trailer final -

'Gemma Galgani': el cine se atreve con la mística y «rebelde de espíritu» que llevó los estigmas y murió con 25 años

Óscar Parra de Carrizosa dirige un drama humano alejado de la hagiografía tradicional que explora la fragilidad física y la fortaleza mental de la «primera santa del siglo XX»

La gran pantalla no siempre se lleva bien con el silencio de la mística, pero la nueva producción estrenada este viernes, 6 de febrero, sobre Gemma Galgani busca romper eso. No estamos ante un «documental de catequesis», como advierte su propio director, Óscar Parra de Carrizosa, sino ante el relato de una mujer que, a finales del siglo XIX, vivió una experiencia de fe radical en la intimidad de su habitación en Lucca. La película, producida por Dehon Cinema International y rodada entre Madrid, Cartagena, Toledo y Lucca, se sumerge en la vida de una joven cuya debilidad física escondía una «voluntad de hierro» frente a la incomprensión de su entorno.

Para Parra de Carrizosa, el interés de esta historia radica en su vigencia actual, ya que la figura de Galgani emerge como una «rebelde del espíritu». El director explica que le interesaba explorar «la fragilidad física frente a la fortaleza mental» de un personaje que encuentra plenitud en el sufrimiento. De hecho, murió con tal solo 25 años, en 1903, convirtiéndose en la «primera santa del siglo XX», como se la conoce, ya que fue la primera mujer canonizada en el siglo XX.

«Hemos trabajado mucho en mostrar la reacción de su entorno: la incredulidad, el miedo, el amor de la familia Giannini. La cámara es testigo, no juez. Queremos que el espectador decida si ve a una enferma sufriente, a una mística o a ambas cosas», señala el director.

¿Quién fue Gemma Galgani?

Gemma Galgani no tuvo una existencia sencilla entre los muros de Camigliano y Lucca. Nacida en 1878 en el seno de una familia numerosa, su infancia quedó sellada por una piedad precoz heredada de su madre, Aurelia, quien la preparó para un destino de renuncia antes de fallecer en 1885. Tras quedar huérfana también de padre a los 18 años, Gemma transitó por la dureza del servicio doméstico, trabajando como ama de llaves para la familia Giannini tras un breve y absorbente paso por la casa de sus tíos. Fue en esa cotidianidad de tareas domésticas donde la joven empezó a forjar una fortaleza espiritual que, años más tarde, desafiaría la comprensión de su entorno.

El punto de inflexión llegó a los 20 años, cuando una meningitis fulminante estuvo a punto de costarle la vida, logrando una curación que ella misma definió como un milagro de san Gabriel de la Dolorosa. Aunque su precario estado de salud le impidió cumplir su sueño de ingresar en la Orden Pasionista, Gemma no se hundió en el desánimo; al contrario, comenzó a experimentar fenómenos místicos que incluían la aparición periódica de los estigmas de la Pasión en su propio cuerpo. Lejos de buscar el espectáculo, la joven abrazó estas llagas como una vía de unión con el sufrimiento de Cristo, enfrentándose con entereza a quienes la tachaban de loca y a las constantes burlas de su tiempo.

Su final, ocurrido en la soledad del Sábado Santo de 1903, fue el último acto de una vida dedicada a la intercesión por los demás. Minada por la tuberculosis, ofreció su agonía por la conversión de un sacerdote que, conmovido por el sacrificio de la joven, pidió perdón a Dios dos días antes de fallecer él también. Gemma murió encomendando su alma a la Virgen y con los brazos en cruz, dejando una historia que culminaría en 1940 con su canonización. Fue entonces cuando el Papa Pío XI la describió con una frase: la joven mística de Lucca sería, para siempre, la «joya» de su pontificado.

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