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Robin Ward con el abad Cuthbert Brogan, en la Abadía de San Miguel, en Hampshire, InglaterraThe Catholic Herald

«¿Qué es la Iglesia?»: la pregunta que llevó a un sacerdote anglicano a encontrar la respuesta en Roma

Tras décadas liderando uno de los seminarios más prestigiosos de la Iglesia de Inglaterra, el teólogo Robin Ward narra su paso al catolicismo como la culminación de una búsqueda vital marcada por la figura de Newman

Nueve palabras en latín bastaron para sellar una travesía de cuarenta años: Signo te signo crucis, et confirmo te chrismate salutis. Con este gesto sacramental, el sello del Espíritu Santo se posó sobre Robin Ward, marcando no solo su confirmación, sino el final de un largo viaje espiritual que le ha llevado desde los púlpitos de la Iglesia de Inglaterra a abrazar la fe de Roma.

En un profundo relato recogido por The Catholic Herald, Ward desglosa una transición que abarca treinta y cinco años de ministerio anglicano y casi dos décadas de docencia en la Universidad de Oxford. Su fe nace en la sobriedad de un anglicanismo de «iglesia baja» que hoy, explica, parece casi un vestigio del pasado.

Fue la última generación que conoció el Libro de Oración Común como la liturgia normal de la parroquia inglesa; una fe que él describe como «litúrgica sin ceremonial, sacramental pero protestante, con una predicación ferviente y extensa», donde la lectura de la Biblia y el examen de conciencia diario formaban el núcleo de la piedad personal. De aquellos años de formación, Ward conserva un agradecimiento que el tiempo no ha borrado.

La influencia de Benedicto XVI

El destino le aguardaba en el Magdalen College de Oxford, el hogar intelectual de C.S. Lewis. Allí, mientras estudiaba inglés medieval, descubrió el «mundo enrarecido y recóndito del anglocatolicismo». Para un observador externo, aquella fusión de teología decimonónica y ritualismo romántico podía parecer excéntrica o marginal, pero para el joven Ward tuvo el poder de cautivar e inspirar su vocación.

Tras su paso por Magdalen, se formó para el sacerdocio en St Stephen’s House y sirvió durante quince años como párroco en lugares como Romford y Sevenoaks, llegando a ser canónigo teólogo bajo el obispo Michael Nazir-Ali, quien también precedió sus pasos hacia la Iglesia Católica.

Su regreso a Oxford como director de St Stephen’s House marcó una etapa de diecinueve años de intensa labor académica y pastoral. Allí, mientras enseñaba teología patrística y moral a nuevas generaciones, se vio inmerso en lo que define como un «torbellino de luchas» dentro de la comunión anglicana.

Los debates sobre la disciplina del matrimonio, la ordenación de mujeres y el sigilo de la confesión no eran para él meras disputas administrativas, sino cuestiones que afectaban a la esencia misma de la fe. Es así como el pontificado de Benedicto XVI, con su atención a la liturgia, a los Padres de la Iglesia y al pensamiento de John Henry Newman, parecía una reivindicación «de gran parte de lo que los católicos de la Iglesia de Inglaterra habían afirmado valorar».

Tres preguntas decisivas para sus alumnos

Pero la pregunta fundamental seguía latiendo con fuerza: «¿Cómo podemos conocer a la iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad?». Al dirigir un seminario, Ward planteaba tres preguntas cruciales a sus alumnos: «¿Quién es Jesucristo? ¿Qué es un sacerdote? ¿Qué es la Iglesia?». Con el paso del tiempo, confiesa que la respuesta que podía dar a la última pregunta le resultaba cada vez menos satisfactoria, una sensación que compartía con muchos de sus estudiantes. La vitalidad y la caridad que observaba en la vida católica de Oxford —en los dominicos, los jesuitas o los oratorianos— contrastaba con la incertidumbre que vivía.

En este laberinto interior, la brújula definitiva fue John Henry Newman. Para Ward, Newman es el «santo y doctor de nuestra era», una figura cuyo carisma le mostró el camino hacia el «Único Redil del Redentor». Tal es su devoción que eligió «John Henry» como su nombre de confirmación.

El proceso final se aceleró en la primavera de 2025, cuando dejó su cargo en Oxford y se retiró a Cornualles. Allí, un obispo anglicano le comentó con agudeza: «Este es tu momento Littlemore», en referencia al retiro previo a la conversión de Newman. Aunque inicialmente Ward se resistió a la comparación, reconoció que era exacta.

A principios de este año, la convicción se transformó en acto. Fue recibido en la Iglesia por el Abad Cuthbert Brogan, un viejo conocido de sus años en Oxford. Hoy, Robin Ward habita ya en el «hogar» de la Iglesia, aprendiendo a vivir «en el seno de la familia y a confiar en la providencia de Dios para el trabajo y la vocación que Él tiene previsto para mí». Sin remordimientos y con una alegría desbordante, afirma sentir una «comunión eclesial sustantiva» con el Sucesor de Pedro y con más de mil millones de católicos. En su nueva vida, hace suya la máxima de su mentor: «Un paso es suficiente para mí».