El cardenal español Rafael Merry del Val
El manual contra el ego: la oración del cardenal español que Francisco entregó a sus nuncios para marcar la labor diplomática
El Papa argentino rescató esta plegaria en 2019 para instruir a sus representantes diplomáticos sobre la importancia de un servicio desinteresado y libre de vanidad
En junio de 2019, el entonces Papa Francisco realizó un gesto para el cuerpo diplomático de la Santa Sede al entregar personalmente a los nuncios apostólicos un ejemplar de las Letanías de la Humildad.
El texto, compuesto originalmente por el cardenal español Rafael Merry del Val, quien fuera secretario de Estado durante el pontificado de Pío X, sirvió como directriz para definir el perfil esperado de los representantes vaticanos en el exterior.
Un perfil técnico contra la vanidad
El texto distribuido no fue de autoría contemporánea, sino una composición del cardenal español Rafael Merry del Val (1865-1930), quien fuera secretario de Estado bajo el pontificado de Pío X. Merry del Val, un aristócrata de trayectoria meteórica que alcanzó la Secretaría de Estado con solo 38 años, utilizaba estas letanías como una herramienta de disciplina interna para que el inmenso poder de su cargo no afectara su integridad personal.
La entrega de este escrito en 2019 sirvió a Francisco para definir el perfil del nuncio como un servidor que debe evitar la «autorreferencialidad». El documento que entregó es una renuncia explícita al reconocimiento: en sus versos se solicita ser librado del deseo de ser «alabado, honrado o consultado», así como del temor a ser «olvidado o despreciado».
Para Francisco, este ejercicio no era una cuestión espiritual menor, sino una directriz para que el diplomático representara fielmente «el rostro y las posiciones de la Iglesia» por encima de sus propias convicciones o intereses de carrera. El servicio diplomático, según explicaba, no es una vía para el poder, sino una entrega silenciosa que exige «vivir por las cosas de Dios y no por las del mundo».
¡Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón, escúchame:
Del deseo de ser honrado, Líbrame, Señor
Del deseo de ser aplaudido, Líbrame, Señor
Del deseo de ser preferido a otros, Líbrame, Señor
Del deseo de ser consultado, Líbrame, Señor
Del deseo de ser aceptado, Líbrame, Señor
Del temor a ser humillado, Líbrame, Señor
Del temor a ser despreciado, Líbrame, Señor
Del temor a ser reprendido, Líbrame, Señor
Del temor a ser calumniado, Líbrame, Señor
Del temor a ser olvidado, Líbrame, Señor
Del temor a ser ridiculizado, Líbrame, Señor
Del temor a ser injuriado, Líbrame, Señor
Del temor a ser rechazado, Líbrame, Señor
Concédeme, Señor, el deseo de:
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo, otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos y yo abandonado,
-que los demás sean alabados y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo, siendo que yo me santifique debidamente.
El legado de un aristócrata diplomático
La figura de Merry del Val aportó el sustento histórico a esta exigencia. Educado en la alta diplomacia europea y con doctorados en Filosofía y Teología, el cardenal español compaginó sus misiones de alto nivel con una vida de una profunda austeridad y caridad hacia jóvenes desfavorecidos.
Su lema, Da mihi animas, caetera tolle (Dame almas y quítame lo demás), inscrito en su tumba en la cripta vaticana, parece ser la filosofía que Francisco quiso reactivar en 2019 para el cuerpo diplomático. Aquel encuentro marcó un precedente en la formación de los nuncios, recordándoles que su relevancia dependía de su capacidad para pasar desapercibidos como individuos para que prevaleciera la misión institucional.