Fundado en 1910

La obra de su vida y el corazón espiritual de Barcelona. Gaudí se volcó en este templo durante 43 años, concibiéndolo como una «Biblia en piedra»SBA73

El arquitecto de Dios deslumbra en Roma: una presentación desvela a Gaudí, el genio que hablaba con la piedra

El teólogo Armand Puig presenta su biografía sobre el artista, un «ágrafo» que transformó el dolor en geometría mística y cuya obra magna se prepara para recibir al Papa

Suele suceder que, cuando uno menciona el nombre de Antoni Gaudí, la mente piensa casi instantáneamente en dos cosas: Barcelona y la Sagrada Familia, ambos conceptos justamente ligados a este catalán nacido en 1852 en Reus, Tarragona. Su obra cumbre y maestra se encuentra en la Ciudad Condal y ha merecido hasta ahora la visita de dos Papas, a la espera de que llegue el tercero en junio. Pero el peso de la historia de este hombre no se mide solo en columnas, bóvedas o torres que audazmente diseñó. Así lo ha explicado el teólogo y biblista Armand Puig, quien ha desgranado la figura de un hombre que no solo construyó templos, sino oraciones.

Ante un nutrido grupo de periodistas en Roma, y con motivo de la reciente publicación en Italia de su obra Antoni Gaudí. Vida y obra, Puig ha perfilado al arquitecto de la Sagrada Familia no solo como un genio de la geometría, sino como un «intérprete del misterio cristiano» que logró la síntesis perfecta entre la materia y el espíritu. De hecho, en las primeras páginas de la obra, el profesor afirma que «no se puede interpretar a Gaudí ni su obra al margen de la fe cristiana y de su profundo catolicismo», y que hacerlo «lleva a graves confusiones interpretativas».

El «momento de corte» y el camino místico

Gaudí, nacido entre el cobre de los caldereros de Reus, recibió una herencia artesanal que fue fundamental para desarrollar su capacidad de entender el volumen y la construcción. Esa formación temprana marcó su manera de concebir la arquitectura, aunque pese a ello no fue un personaje mediático. Al contrario, siempre buscó la discreción del hogar y el silencio del trabajo.

Para Puig, la Sagrada Familia no es simplemente un monumento; es la «Suma Teológica en piedra, la Biblia en piedra, la liturgia en piedra». En un mundo que a menudo separa lo sagrado de lo profano, Gaudí demostró que se pueden «rendir realidades espirituales de modo material» solo si el artista es capaz de fundir ambos mundos.

Fachada de la Natividad de la Sagrada Familia de Barcelona

Durante el encuentro, el profesor Puig se detuvo en un instante crucial de la biografía del arquitecto: el año 1894. Tras un ayuno de Cuaresma que casi le cuesta la vida, Gaudí experimentó una «demundanización», un cambio hacia la austeridad y el rigor espiritual. Fue ahí donde comprendió que su misión no era otra que levantar el gran templo de la ciudad. «Gaudí es un ágrafo, como Jesús de Nazaret», bromeó Puig, recordando que el genio apenas dejó nada escrito. Su pasión se volcaba en la palabra y en la piedra, con una intensidad tal que incluso el teólogo Albert Schweitzer –Premio Nobel de la Paz en 1952 y conocido por su vida interpretativa de Jesús y su profundo conocimiento de los textos bíblicos– quedó fascinado por el fuego que desprendía al explicar su obra.

Las crisis físicas también fueron para él revelaciones estéticas. Puig recordó cómo durante las fiebres de Malta en 1911 –que lo llevaron al borde de la muerte–, Gaudí visualizó la Fachada de la Pasión como un conjunto de huesos: «Esta fachada debe ser toda huesos, solo huesos». Es el cuerpo de Jesús deconstruido, una arquitectura que traduce el dolor y la redención en una estructura orgánica que parece viva.

La belleza como lenguaje para el siglo XXI

Las iglesias suelen ser algunos de los puntos más visitados de una ciudad por los turistas, pero si hay un caso que destaca especialmente, es el de la Sagrada Familia, que atrae a millones de visitantes de todos los credos y rincones. «La belleza es un lenguaje universal y es la belleza traspasada por el símbolo cristiano», explicó el teólogo. No importa que el visitante no comparta las coordenadas culturales de Occidente; frente al templo, el ser humano se detiene. Puig recordó la anécdota de un líder sikh que, al entrar, pidió a su acompañante que guardara silencio: «Párate, yo debo rezar».

Con la visita prevista del Papa León —quien sucede en esta estela a Juan Pablo II y a un Benedicto XVI que quedó «sin palabras» al entrar en la nave en 2010—, la Sagrada Familia completa su transformación de santuario europeo a «santuario global». Según Puig, el templo es una muestra de fe que «no te aplasta, al contrario, te eleva». «De cara al futuro, el reto será insistir en la idea original de Gaudí: que la Sagrada Familia sea un auténtico faro de la fe. Una dimensión que se apoya, además, en una realidad artística indiscutible y que la convierte en un lugar especialmente atractivo también para quienes no son cristianos», afirma el profesor.

Adoración por el décimo aniversario de Effetá en la Sagrada Familia de BarcelonaDr. Guillermo Simón-Castellví

Hacia los altares

El proceso de beatificación del «arquitecto de Dios» sigue su curso tras ser declarado venerable por el Papa Francisco en 2025. Puig destacó que la santidad de Gaudí se asienta en cuatro pilares: su sentido de la Providencia, la verticalidad de su ascensión espiritual, el valor del sacrificio —«sin sacrificio no se hace nada válido», decía el arquitecto— y la búsqueda constante de la Gloria de Dios.

Mientras la Torre de Jesucristo se eleva alcanzando los 172,5 metros que coronan la silueta de Barcelona, Armand Puig nos recuerda que, más allá de los números y las dimensiones angélicas de su geometría, Gaudí fue un hombre que supo ver en la naturaleza a su única maestra. «Él recibió de Dios un don extraordinario: conocer los secretos de la construcción, no solo como arquitecto, sino también como artista», asegura. La Sagrada Familia sigue en su fase final de construcción, pero su mensaje de fe ya es una realidad terminada en el alma de quienes la contemplan. Ahora, el mundo espera que ese genio de la piedra sea pronto elevado definitivamente a los altares.