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León XIV se dirige a la multitud reunida frente al Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya

León XIV se dirige a la multitud reunida frente al Santuario de la Virgen del Rosario de PompeyaAFP

León XIV en Pompeya: «El Rosario es un 'Te quiero' a Dios que marca el ritmo de nuestra vida»

El Pontífice sitúa la oración mariana como el corazón de la paz y la caridad, advirtiendo que «ninguna potencia terrena salvará al mundo» sino el amor divino

Bajo el tenue sol de la ciudad mariana de Pompeya y ante una multitud de fieles, el Papa León XIV ha celebrado su primer año de pontificado regresando a las raíces de la devoción que marcó su inicio: la Virgen del Rosario de Pompeya. En su homilía de la Santa Misa celebrada en la plaza Bartolo Longo, el Santo Padre ha defendido que el Rosario no es una repetición mecánica, sino la «caricia de Dios» sobre una humanidad herida.

«Sí, el Ave María es una invitación a la alegría: le dice a María, y a través de ella a todos nosotros, que sobre los escombros de nuestra humanidad, afligida por el pecado y, por lo tanto, siempre propensa a los abusos, las opresiones y las guerras, ha llegado la caricia de Dios, la caricia de la misericordia, que en Jesús toma un rostro humano», ha asegurado.

Un acto de amor, no una rutina

El Papa ha querido despojar a la oración del Rosario de cualquier matiz de costumbre o rutina. Para León XIV, repetir el Ave María es un gesto profundamente humano y divino: «¿Acaso no es propio del amor repetir sin cansarse: «Te quiero»?», ha cuestionado, definiendo el Rosario como un «acto de amor» que late con un «corazón cristológico y eucarístico». Según el Pontífice, esta oración permite mirar el mundo con los ojos de la Virgen, transformando el ritmo de la vida diaria en un encuentro constante con Jesús.

«El Rosario–explicaba el Pontífice– tiene un carácter mariano, pero un corazón cristológico y eucarístico. Si la Liturgia de las Horas marca los momentos de la alabanza de la Iglesia, el Rosario marca el ritmo de nuestra vida, llevándola continuamente hacia Jesús y hacia la Eucaristía».

El Rosario como motor de la caridad

Con la mirada puesta en el convulso panorama internacional, el Papa ha denunciado que los tiempos actuales no han mejorado desde que se instituyó el Año del Rosario (2002-2003) por san Juan Pablo II. Frente a las noticias que cada día muestran destrucción, León XIV ha animado no «no resignarnos a las imágenes de muerte que cada día nos proponen las crónicas».

En este sentido, ha recordado que la fachada del Santuario fue concebida por San Bartolo Longo como un monumento a la paz, e instó a los gobernantes a dejarse iluminar por una misericordia que «aplaste los rencores y los odios fratricidas». Para el Papa, la solución a los conflictos no vendrá de las armas ni del dinero: «Ninguna potencia terrena salvará al mundo, sino solo la potencia divina del amor».

Siguiendo el ejemplo de este amado santo, fundador del santuario y quien en su juventud estuvo vinculado al satanismo antes de convertirse en uno de los mayores difusores del rosario, el Papa ha recordado que la oración es, por naturaleza, «fuente de caridad». En la ciudad donde se acoge a huérfanos e hijos de encarcelados, León XIV ha subrayado que el Rosario impulsa a mirar las necesidades del mundo, especialmente la paz y la familia.

Al finalizar, el Pontífice ha pedido a los fieles que el Rosario tenga siempre ese «respiro bíblico y contemplativo» que lo aleje de la monotonía, para que cada grano de la corona sea un paso más hacia la transformación de la existencia. Con un mensaje de esperanza, ha invitando a todos los fieles a creer en la potencia de la oración: «Creemos en Él, esperamos en Él, ¡sigámosle a Él!».

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