13 de agosto de 2022

Vatican City (Vatican City State (holy See)), 26/06/2022.- A handout picture provided by the Vatican Media shows Pope Francis waving from the window of his office overlooking Saint Peter's Square as he leads the Sunday Angelus prayer, in Vatican City, 26 June 2022. (Papa) EFE/EPA/VATICAN MEDIA HANDOUT HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALES
El Papa Francisco, asomado a la ventana del Palacio Apostólico para el rezo del Ángelus el domingo 26 de junio

El Papa Francisco, asomado a la ventana del Palacio Apostólico para el rezo del Ángelus el domingo 26 de junioEFE | Vatican Media

Desiderio desideravi

Nueva carta apostólica del Papa Francisco sobre la Liturgia: «Abandonemos las polémicas»

El documento papal desarrolla los resultados de la asamblea plenaria de febrero de 2019 del Dicasterio del Culto Divino

Este miércoles 29 de junio, el Vaticano ha publicado la última carta apostólica del Papa Francisco: Desiderio desideravi, en la dice: «Abandonemos las polémicas para escuchar juntos lo que el Espíritu dice a la Iglesia, mantengamos la comunión, sigamos asombrándonos por la belleza de la Liturgia».
El documento papal, de 65 párrafos, desarrolla los resultados de la plenaria de febrero de 2019 del Dicasterio del Culto Divino y reafirma la importancia de la comunión eclesial en torno al rito surgido de la reforma litúrgica postconciliar, según detalla Vatican News. En la práctica, no se trata de una nueva instrucción ni de un directorio con normas específicas, sino de una propuesta «para comprender la belleza de la celebración litúrgica y su papel en la evangelización».

La Última Cena

La fe cristiana, según resalta el Pontífice, ha de ser un encuentro vivo con Dios. Apunta también que es precisamente la Liturgia la que garantiza la posibilidad de tal encuentro. «No nos sirve un vago recuerdo de la Última Cena, necesitamos estar presentes en aquella Cena», ejemplifica.
El Santo Padre pide también en la carta que la belleza de la celebración cristiana y de sus necesarias consecuencias de vida de la Iglesia no se vean «desfiguradas por una comprensión artificial y reductiva de su valor o, peor aún, por su instrumentalización al servicio de alguna visión ideológica, sea cual sea».
Para el Pontífice, «sería banal» leer las tensiones que están «desgraciadamente presentes en torno a la celebración» como una «simple divergencia entre diferentes sensibilidades sobre una forma ritual». Hay que cuidar todos los elementos de la celebración, explica la carta, tales como el espacio, el tiempo, los gestos, las palabras, objetos, vestiduras, cantos, música... pero también hay que tener en cuenta que aunque la calidad y la norma de la acción celebrativa están garantizadas, no es suficiente para que la participación sea plena. «Si faltara el asombro por el misterio pascual que se hace presente en la concreción de los signos sacramentales, podríamos correr el riesgo de ser realmente impermeables al océano de gracia que inunda cada celebración», avisa.

Los obstáculos para la liturgia

Francisco se refiere también al «desconcierto de la posmodernidad», «el individualismo», «el subjetivismo» y el «espiritualismo abstracto» como obstáculos para la liturgia. «Es importante educar en la comprensión de los símbolos, lo que resulta cada vez más difícil para el hombre moderno», reconoce. En este sentido, señala que el arte de la celebración «no puede reducirse a la mera observancia de un aparato de rúbricas, ni tampoco puede pensarse en una fantasiosa, a veces salvaje, creatividad sin reglas».
Además, Su Santidad observa que en las comunidades cristianas su forma de vivir la celebración «está condicionada –para bien y, por desgracia, también para mal– por el modo en que su pastor preside la asamblea». A este respecto, alerta sobre la «rigidez austera o la creatividad exasperada», frente al «misticismo espiritualizante o el funcionalismo práctico»; ante la «prisa precipitada o la lentitud acentuada»; sobre el «descuido desaliñado o el refinamiento excesivo»; frente a la «afabilidad sobreabundante o la impasibilidad hierática».
Para el Papa estos modelos tienen una raíz común: «Un exagerado personalismo en el estilo celebrativo que, en ocasiones, expresa una mal disimulada manía de protagonismo. Esto suele ser más evidente cuando nuestras celebraciones se difunden en red», dice para concluir que «presidir la Eucaristía es sumergirse en el horno del amor de Dios».
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