La avioneta que sobrevuela las playas de Roma y Rímini
¿Quién conduce la avioneta a favor de Benedicto XVI que surca los cielos de Italia?
«Benedicto XVI nunca ha abdicado», reza el mensaje de la misteriosa avioneta que sobrevuela la costa de Roma durante este verano
Un avión sobrevuela las playas de Roma durante el mes de julio y ha vuelto a aparecer de nuevo en las playas de Rímini durante el Meeting de Comunión y Liberación. No anuncia bebidas alcohólicas ni mensajes de amor a alguna bañista enamorada, sino que lanza a los cielos italianos la consigna sobre un Papa ya difunto: «Benedicto XVI nunca ha abdicado».
¿Treta publicitaria?
La avioneta fue vista sobrevolando Ostia, mientras la prensa italiana trata de desentrañar un verano más la razón de esta publicidad obsoleta, teniendo en cuenta que Benedicto XVI ya está en la Gloria de Dios.
En Italia se preguntan si la avioneta está publicitando uno de los libros recientemente publicados en Italia que sugiere explícitamente que la renuncia del Papa emérito Benedicto XVI nunca existió, pero Andrea Cionci, autor del libro de ciencia–ficción clerical, ha negado a la prensa transalpina tal supuesto.
La empresa de avionetas tampoco ha desvelado la identidad de los autores de la publicidad y todo son hipótesis sobre un posible rodaje o alguna reivindicación de grupos que no reconocen la autoridad petrina del Papa Francisco.
Decisión voluntaria
Desde la renuncia al papado de Benedicto XVI en 2013, las webs de los grupos sedevacantistas, cismáticos y preconciliares, con los simpatizantes de Marcel Lefebvre a la cabeza, alimentaron la posibilidad de que Ratzinger no hubiera abdicado y que habría sido obligado a abandonar; una teoría de la conspiración vaticana que el propio Papa emérito se encargó una y otra vez de desmentir incluso por carta, asegurando que no debía existir la menor duda de la validez sobre su decisión de dejar paso a un cónclave y su sucesión, absolutamente voluntaria y en pleno uso de la razón.
Benedicto XVI murió el pasado 31 de diciembre con 95 años en la residencia Mater Ecclesiae del Vaticano, donde vivió una década tras su renuncia junto a su secretario Georg Gänswein y un grupo de consagradas de los Memores Domini. Su muerte desató las declaraciones del secretario en prensa y televisión, a raíz de un libro en el que relataba, –como su título indicó–Nada más que la verdad de una vida de servicio junto a uno de los personajes más relevantes de la Iglesia del último siglo, ya que Ratzinger abarcó con su magisterio, desde el Concilio Vaticano II hasta la primera encíclica de Francisco, Lumen Fidei, prácticamente escrita por el pontífice alemán.