El Papa León XIV
El Papa León XIV reconoce tensiones entre corrientes dentro de la Iglesia e invita a superarlas
La tensión «entre unidad y diversidad, tradición y novedad, autoridad y participación» suponen un desafío para la Iglesia
El Papa León XIV llegó a la Cátedra de Pedro con un objetivo inmediato: reducir las divisiones dentro de la Iglesia que afloraron durante el anterior pontificado, rebajar la polarización y reconducir las tensiones.
Desde sus primeros pasos como sucesor de Pedro, León XIV ha dado señales inequívocas, en sus discursos y primeras medidas, que apuntaban a una búsqueda de puntos de encuentro y una manera de afrontar los problemas que apuntaban a la comunión de la Iglesia.
En esa búsqueda de la concordia, León XIV, lejos de desmantelar el Pontificado de Francisco, como apuntaban algunos, se está sirviendo, precisamente, de los nuevos caminos abiertos en los últimos años para fortalecer la unión entre católicos.
Uno de esos caminos es el protagonismo de la sinodalidad como vía para implicar a los cristianos en la Iglesia.
Durante la Misa celebrada este domingo en la basílica de San Pedro del Vaticano con motivo del Jubileo de los Equipos Sinodales y Organismos de Participación, el Papa León XIV reconoció la existencia de tensiones y animó a afrontarlas con espíritu de comunión.
«La Iglesia», aseguró León XIV, «es el signo visible de la unión entre Dios y la humanidad, de su proyecto de reunirnos a todos en una única familia de hermanos y de convertirnos en su pueblo».
En la Iglesia, insistió, «nadie está llamado a mandar, todos están llamados a servir. Ninguno debe imponer sus propias ideas».
«Los equipos sinodales y los organismos de participación son imágenes de esta Iglesia que vive en la comunión», destacó.
Apuntó a que «en la Iglesia, antes que cualquier diferencia, estamos llamados a caminar juntos en la búsqueda de Dios, para revestirnos de los sentimientos de Cristo, ayudarnos a ensanchar el espacio eclesial».
«Eso nos ayudará a encarar con confianza y con espíritu nuevo las tensiones que atraviesa la vida de la Iglesia, entre unidad y diversidad, tradición y novedad, autoridad y participación, dejando que el Espíritu las transforme para que no se conviertan en contraposiciones ideológicas o polarizaciones dañinas», hizo hincapié.