Piel grasa

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Piel grasa o muy grasa: así puedes tratarla sin empeorarla

La piel grasa se caracteriza por una producción excesiva de sebo, un proceso en el que intervienen las glándulas sebáceas y que puede intensificarse en determinadas épocas del año, como la primavera. El aumento de las temperaturas favorece la dilatación de los poros y, en consecuencia, la aparición de brillos, espinillas y brotes de acné.

Según explica Beatriz Muñoz, experta de Ki Care, el cuidado de este tipo de piel pasa por ajustar tanto la rutina cosmética como los hábitos diarios. Entre las primeras recomendaciones destaca el uso de cremas ligeras, fluidas y preferiblemente oil free, así como limitar el maquillaje o elegir productos específicos con efecto matificante.

Estilo de vida

Más allá de los cosméticos, el estilo de vida también influye. Mantener una buena hidratación y reducir el consumo de azúcares y grasas ayuda a equilibrar la piel. «El ejercicio, la hidratación y menos azúcar en la dieta pueden resultar claves para frenar el exceso de sebo y brillos en el rostro», señala la experta, quien recuerda que el azúcar puede afectar a la producción de colágeno.

Cuando el sebo se acumula, los poros tienden a obstruirse, lo que facilita la aparición de imperfecciones. Además, maquillar una piel grasa puede resultar complicado, ya que el brillo reaparece con facilidad. Para estos casos, se recomiendan papeles secantes y bases específicas.

Beneficios de la piel grasa

Pese a sus inconvenientes, la piel grasa también presenta beneficios. «No siempre es malo tener la piel grasa es menos probable que muestre signos prematuros de envejecimiento», afirma Muñoz. Esto se debe a que los aceites naturales ayudan a mantener la piel más hidratada y protegida frente a la aparición de arrugas.

La piel grasa es menos probable que muestre signos prematuros de envejecimientoBeatriz MuñozExperta de Ki Care

Los expertos aconsejan incorporar productos con ingredientes como la niacinamida, que ayuda a regular la producción de sebo, y utilizar siempre protección solar para prevenir manchas e hiperpigmentación, frecuentes tras episodios de acné.

La limpieza es otro punto clave, aunque sin excesos. Lavarse la cara más de lo necesario puede resultar contraproducente. Lo recomendable es hacerlo dos veces al día —por la mañana y antes de acostarse— con productos suaves como el agua micelar.

También es importante evitar cosméticos con aceites comedogénicos, que pueden obstruir los poros, y realizar exfoliaciones suaves de forma regular, pero sin abusar, ya que eliminar en exceso los aceites naturales puede provocar el efecto contrario y aumentar la producción de sebo.

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