La obesidad es una patología que afecta a más del 15por ciento de la población española

La obesidad es una patología que afecta a más del 15 por ciento de la población españolaLa Voz

Sobrepeso y obesidad: cuál es la diferencia y por qué no significan lo mismo

La obesidad está considerada actualmente una enfermedad crónica y multifactorial

Los términos sobrepeso y obesidad suelen utilizarse como sinónimos, pero desde el punto de vista médico hacen referencia a situaciones diferentes. Aunque ambos implican un exceso de peso o de grasa corporal que puede afectar a la salud, difieren en el grado de acumulación, el riesgo asociado y las necesidades de seguimiento clínico.

De forma general, se considera que una persona presenta sobrepeso cuando su índice de masa corporal (IMC) se sitúa entre 25 y 29,9. La obesidad, en cambio, se diagnostica cuando el IMC es igual o superior a 30. Sin embargo, los especialistas advierten de que este indicador, calculado a partir del peso y la altura, no ofrece una visión completa del estado de salud.

«El IMC es una herramienta útil para una primera orientación, pero no debe interpretarse de forma aislada. Dos personas con el mismo IMC pueden tener perfiles de riesgo muy distintos en función del perímetro abdominal, la presión arterial, los niveles de glucosa o colesterol y la presencia de otras enfermedades asociadas», explica Christian Alvarado, director médico de Drop, la unidad digital de Sanitas especializada en el tratamiento y seguimiento de la obesidad.

Los expertos subrayan que la diferencia entre sobrepeso y obesidad no se limita únicamente a una categoría numérica. En algunos casos, una persona con sobrepeso puede no presentar alteraciones metabólicas relevantes. Sin embargo, otras personas, incluso sin alcanzar el umbral de obesidad, pueden tener un mayor riesgo cardiovascular debido a la acumulación de grasa abdominal, la hipertensión o alteraciones en los niveles de glucosa y lípidos.

La obesidad está considerada actualmente una enfermedad crónica y multifactorial. Su desarrollo depende de numerosos factores, entre ellos la genética, las hormonas, la alimentación, el nivel de actividad física, el descanso, la salud emocional, determinados tratamientos farmacológicos y el entorno social.

Cómo valorar el riesgo individual

Por ello, los especialistas recomiendan prestar atención a varios aspectos que pueden ayudar a valorar el riesgo individual:

No fijarse únicamente en el peso corporal. El perímetro abdominal y la evolución del peso a lo largo del tiempo aportan información relevante sobre la salud metabólica.

Controlar parámetros como la glucosa, el colesterol, los triglicéridos y la presión arterial, ya que pueden revelar alteraciones incluso en ausencia de síntomas.

Observar la capacidad funcional. La aparición de fatiga al caminar, subir escaleras o realizar actividades cotidianas puede indicar un impacto del exceso de peso sobre la calidad de vida.

Vigilar la calidad del sueño. Los ronquidos intensos, los despertares frecuentes o la sensación de descanso insuficiente pueden estar relacionados con trastornos del sueño asociados al exceso de peso.

Evitar dietas extremas o soluciones rápidas, ya que suelen ser difíciles de mantener y pueden favorecer el efecto rebote.

«Comprender la diferencia entre sobrepeso y obesidad ayuda a evitar dos errores frecuentes: restar importancia al exceso de peso cuando ya existen señales de riesgo y reducir la obesidad a una cuestión de voluntad. El objetivo del tratamiento no debe ser únicamente alcanzar una cifra concreta en la báscula, sino mejorar la salud global de la persona», añade Alvarado en un comunicado.

Los profesionales recuerdan que el abordaje del exceso de peso debe ser individualizado y mantenerse a largo plazo. La combinación de una alimentación equilibrada, actividad física adaptada, un adecuado descanso y el apoyo profesional puede resultar clave para lograr cambios sostenibles y mejorar la salud.

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