Flores de caléndula
El superalimento que crece de forma natural en cualquier jardín
Las flores, más allá de adornar jardines, macetas o salones, se utiliza desde hace miles de años en la cocina aportando sabor, color y un toque especial en los plato.
La flor de la caléndula, conocida desde hace siglos por sus aplicaciones en la medicina tradicional, podría abrirse camino también como ingrediente en la alimentación del futuro. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Georgia (Estados Unidos) señala que las flores de Calendula officinalis contienen una cantidad de proteína similar a la de fuentes vegetales ya consolidadas, como la quinoa, además de presentar características que podrían convertirlas en un ingrediente de interés para la industria alimentaria.
La caléndula ha sido utilizada tradicionalmente por sus propiedades antiinflamatorias, antisépticas, cicatrizantes, antibacterianas, fungicidas, antiespasmódicas, emolientes y antiulcerosas, entre otras. Además, distintos estudios afirman que esta flor contiene carotenoides, flavonoides y aceites esenciales, compuestos con una reconocida actividad antioxidante capaces de retrasar o inhibir la degradación oxidativa de las moléculas orgánicas.
La nueva investigación de la Universidad de Georgia pone el foco en su uso como proteína alternativa vegetal.
Proteínas resistentes al calor
Los investigadores observaron que los extractos proteicos de la caléndula mantienen su estabilidad a temperaturas más elevadas que otras proteínas vegetales procedentes del garbanzo o el guisante, una característica que podría facilitar su utilización en productos horneados.
Asimismo, algunas de las proteínas identificadas presentan un perfil de aminoácidos capaz de aportar sabor umami a los alimentos y mejorar su capacidad emulsionante, una propiedad especialmente útil en productos como salsas o aliños para ensaladas.
Además del contenido proteico, la flor aporta fibra, minerales como calcio, potasio e hierro y compuestos con actividad antioxidante e hidratante.
Habitual en muchas culturas
Aunque en Occidente la caléndula suele considerarse principalmente una planta ornamental, numerosas culturas la consumen desde hace siglos. Sus pétalos pueden comerse tanto crudos como cocinados, utilizarse en infusiones y sopas o incorporarse como guarnición, aportando un sabor ligeramente ácido y cítrico, con matices similares al estragón.
Las flores de caléndula también tienen un importante valor cultural. En la India forman parte de ceremonias religiosas y celebraciones nupciales, mientras que en México constituyen uno de los símbolos más representativos del Día de los Muertos.
Para los autores del estudio, los resultados invitan a replantear el valor de muchas flores comestibles que hasta ahora apenas se han explorado desde el punto de vista nutricional.
«Lo que más me entusiasma de esta investigación es que desafía nuestra forma de pensar sobre las flores», señala Fidele Benimana, primera autora del estudio y estudiante de doctorado en Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Georgia. «La mayoría de la gente ve las caléndulas como plantas ornamentales, pero también contienen proteínas con propiedades funcionales únicas que podrían ser útiles en la formulación de alimentos».
La investigadora añade que «este estudio pone de relieve el potencial aún sin explotar de las flores comestibles como ingredientes que pueden aportar no solo nutrición, sino también textura, estabilidad y otras cualidades importantes en las aplicaciones alimentarias modernas».
Calendula officinalis
No todas son comestibles
Los investigadores recuerdan, sin embargo, que no todas las caléndulas son aptas para el consumo. Las especies Calendula officinalis y algunas caléndulas verdaderas del género Tagetes son las que presentan buen sabor y no suelen provocar molestias digestivas. El estudio se realizó exclusivamente con proteínas aisladas de Calendula officinalis.
«No sé si la caléndula es una superflor», concluye Anand Mohan, autor principal del estudio y profesor asociado de la Facultad de Ciencias Agrícolas y Ambientales de la Universidad de Georgia. «Pero a mí me parece que quizás todas estas hermosas flores lo sean. Te sorprendería lo poco que sabemos sobre las flores que crecen en nuestros jardines». «La Madre Naturaleza aún guarda muchas verdades que desconocemos. Debemos observar a nuestro alrededor y descubrirlas», concluye.