Los riñones también avisan de problemas cardiovasculares

Los riñones también avisan de problemas cardiovascularesGetty Images

La señal silenciosa en los riñones que puede avisar de riesgo de infarto o ictus

Con la llegada del verano, el calor, la deshidratación y los cambios de rutina pueden poner a prueba la salud cardiovascular. Sin embargo, existe un factor de riesgo que suele pasar desapercibido: la enfermedad renal. Los especialistas advierten de que un deterioro, incluso leve, de la función de los riñones puede convertirse en una señal de alerta temprana de futuros problemas cardiovasculares.

Expertos de Vithas recuerdan que el riñón no solo filtra la sangre, sino que también actúa como un auténtico «sensor» del estado de las arterias. Su deterioro se asocia a un aumento del riesgo de sufrir infartos, ictus o insuficiencia cardiaca, incluso cuando el paciente todavía no presenta síntomas.

«Muchas personas no saben que tener enfermedad renal aumenta de forma muy importante el riesgo de padecer problemas cardiovasculares, incluso aunque el deterioro renal sea todavía leve», explica la doctora Belén Alemany, nefróloga especializada en riesgo cardiovascular y enfermedad cardio-reno-metabólica.

Relación riñón - corazón

La conexión entre ambos órganos es mucho más estrecha de lo que habitualmente se piensa. Cuando la función renal comienza a disminuir, también aumenta de forma significativa el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular.

El paciente renal no suele fallecer por el riñón en sí, sino por las complicaciones vasculares asociadasDoctora Belén Alemany

En la misma línea, el doctor Ignacio Sánchez Lázaro, responsable de la Unidad de Cardiología integrada en el Instituto Cardiovascular Vithas, destaca la importancia de detectar cuanto antes ese riesgo oculto: «El gran reto actual de la cardiología es anticiparnos a los eventos cardiovasculares. Detectar de forma precoz el daño vascular, aunque no haya síntomas, nos permite actuar antes de que se produzca un infarto o un ictus», afirma.

Estricto control del colesterol

Los especialistas subrayan que las personas con enfermedad renal requieren un control mucho más riguroso del colesterol, ya que su riesgo cardiovascular es superior al de la población general.

«No es igual tener un colesterol ligeramente elevado siendo una persona sana que presentar ese mismo nivel acompañado de hipertensión, diabetes o enfermedad renal», explica la doctora Alemany.

Para ajustar el tratamiento, los médicos emplean escalas específicas de valoración del riesgo. Mientras que en la población general se utilizan herramientas como SCORE2, en pacientes con enfermedad renal se siguen las recomendaciones de las guías KDIGO.

«Dependiendo del nivel de riesgo cardiovascular, necesitamos conseguir cifras de colesterol LDL mucho más bajas y recurrir a tratamientos más intensivos», añade la especialista.

El riesgo del verano

Los expertos recuerdan que durante los meses estivales aumentan algunos factores que pueden favorecer las descompensaciones en personas con enfermedades crónicas, como la deshidratación, los cambios en la alimentación o el abandono de hábitos saludables.

«En verano vemos con frecuencia descompensaciones en pacientes con patologías crónicas. Mantener una buena hidratación, seguir el tratamiento y no descuidar los controles es fundamental», recomienda el doctor Sánchez Lázaro.

Revisiones a partir de los 40 años

El daño vascular suele avanzar durante años sin provocar síntomas. Por ello, los especialistas insisten en la importancia de las revisiones periódicas, especialmente a partir de los 40 años.

Entre las pruebas recomendadas figuran el análisis del filtrado glomerular, la determinación de albúmina o proteínas en la orina, la glucosa y el perfil lipídico completo.

«La presencia de albúmina o proteínas en la orina es una señal de alarma muy importante. Nos habla no solo del estado del riñón, sino también del estado del sistema cardiovascular», advierte la doctora Alemany.

La prevención, la mejor herramienta

Los especialistas concluyen que identificar de forma precoz el deterioro renal permite intervenir antes de que aparezcan complicaciones cardiovasculares graves. El control de los factores de riesgo, junto con hábitos de vida saludables y tratamientos personalizados, sigue siendo la estrategia más eficaz para reducir la incidencia de infartos e ictus.

«El objetivo es claro: adelantarnos a la enfermedad. El riñón, en muchos casos, nos da las primeras pistas de que algo no va bien en nuestras arterias», concluye el doctor Sánchez Lázaro.

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