La vigilancia de lunares y manchas, esencial en el control de los melanomas

La vigilancia de lunares y manchas, esencial en el control de los melanomasGetty/ Paz Ruiz Luque

Lunares y manchas: las señales que conviene vigilar para detectar un cáncer de piel

La vigilancia es esencial en el control de los melanomas

En verano, ya sea en la piscina o en la playa, es frecuente detectar manchas y lunares que hasta ahora no se habían visto o han cambiado de forma, tamaño o color. Los expertos aseguran que es precisamente en ese momento cuando hay que prestarles especial atención porque pueden ser la primera señal de un cáncer de piel.

También conviene estar atentos a la aparición de un lunar nuevo, especialmente si es negro o presenta un aspecto inusual. Los dermatólogos afirman que en sus fases iniciales estas lesiones no suelen provocar molestias, lo que hace aún más importante observar la piel con regularidad y protegerla de la radiación solar, especialmente durante los meses de mayor exposición.

Los médicos aseguran que no hay que alarmarse, ya que la mayoría de las personas tienen lunares y, en casi todos los casos, son benignos (nevus). En los hombres suelen localizarse con mayor frecuencia en el tronco, la cabeza o el cuello, mientras que en las mujeres aparecen más habitualmente en brazos y piernas.

«La exposición excesiva a la radiación ultravioleta, ya sea procedente del sol o de fuentes artificiales como las cabinas de bronceado, es el principal factor de riesgo», explica Estíbaliz García, médica y responsable de Prevención de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Madrid. La especialista advierte además de que las quemaduras solares sufridas durante la infancia y la adolescencia son especialmente preocupantes porque, como recuerda, «los efectos pueden manifestarse años después porque la piel tiene memoria».

La regla ABCDE

Una de las herramientas más sencillas para detectar un posible melanoma es la autoexploración periódica de la piel mediante la conocida regla ABCDE.

La letra A hace referencia a la asimetría: cuando una mitad de la lesión no se parece a la otra. La B corresponde a los bordes irregulares, desiguales, borrosos o dentados. La C alude al color, ya que una misma lesión puede presentar diferentes tonalidades. La D hace referencia al diámetro, superior a 6 milímetros en muchos melanomas. Por último, la E corresponde a la evolución, es decir, cualquier cambio en el tamaño, la forma o el aspecto del lunar.

La observación regular de la piel y la consulta precoz con un dermatólogo son fundamentales para detectar de forma temprana los cánceres cutáneos, especialmente el melanoma. Aunque es menos frecuente que otros tipos de cáncer de piel, es también el más agresivo y tiene capacidad para producir metástasis. Puede desarrollarse sobre un lunar ya existente o aparecer directamente sobre piel sana.

Qué son los melanomas

Los melanomas se caracterizan por un crecimiento descontrolado de sus células. Si no se detectan a tiempo, estas pueden diseminarse a otras partes del organismo y afectar a órganos como el hígado, los pulmones, los huesos o el cerebro.

Determinar el estadio del tumor resulta esencial para conocer tanto su extensión local como la posible afectación a distancia y, a partir de ahí, elegir el tratamiento más adecuado. Para ello se analiza el tejido extirpado durante la cirugía y, en determinados casos, se realizan pruebas de imagen.

¿Quién tiene más riesgo?

Además de la exposición excesiva al sol, existen características personales que aumentan la probabilidad de desarrollar un melanoma.

«Las personas con piel clara, ojos claros, cabello rubio o pelirrojo, así como aquellas que presentan numerosos lunares o lunares atípicos, deben extremar las medidas de protección y vigilancia de la piel», señala Estíbaliz García.

Dedicar unos minutos a observar la piel y consultar cualquier cambio sospechoso puede marcar la diferencia

También incrementan el riesgo los antecedentes familiares de melanoma, haber padecido previamente un cáncer de piel o presentar un sistema inmunitario debilitado. «Antecedentes familiares de melanoma, haber padecido previamente cáncer de piel o presentar un sistema inmunitario debilitado incrementa el riesgo de desarrollar esta enfermedad», recuerdan desde el área de Prevención de la AECC.

Cuatro tipos principales de melanoma

El melanoma es el nombre genérico que reciben los tumores originados en los melanocitos, las células responsables de producir el pigmento de la piel. Aunque la mayoría se desarrollan en la piel, también pueden aparecer en otras zonas del organismo, como la mucosa de la boca, el recto, la vagina o la coroides del ojo. Cuando se origina en la piel recibe el nombre de melanoma cutáneo. Los especialistas distinguen cuatro tipos principales:

Melanoma de extensión superficial. Es el más frecuente entre la población de raza blanca. Puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, aunque es habitual en la espalda y las piernas de las mujeres, y en el tronco de los hombres. Suele diagnosticarse entre los 30 y los 50 años y presenta un aspecto plano, irregular y con distintas tonalidades de negro y marrón.

Léntigo maligno melanoma. Se observa principalmente en personas de edad avanzada y suele aparecer en zonas muy castigadas por el sol, como la cara, el cuello y los brazos. Se caracteriza por manchas grandes, planas y de color marrón con áreas más oscuras.

Melanoma nodular. Es el segundo más frecuente y uno de los más agresivos. Suele localizarse en el tronco, la cabeza o el cuello, especialmente entre los 50 y los 60 años. Habitualmente aparece como una lesión elevada de color azul oscuro, negro o rojizo, aunque en algunos casos carece de pigmentación.

Melanoma lentiginoso acral. Es el menos común. Se desarrolla en las palmas de las manos, las plantas de los pies o debajo de las uñas y es más frecuente en personas de raza negra.

Tipos de lunares y manchas

Tipos de lunares y manchas

La prevención, la mejor herramienta

La Asociación Española Contra el Cáncer insiste en que la prevención continúa siendo la medida más eficaz frente al melanoma y al resto de cánceres de piel.

Evitar la exposición solar durante las horas centrales del día, utilizar un fotoprotector adecuado, buscar la sombra, protegerse con ropa, gafas de sol y sombrero, así como evitar las cabinas de bronceado, son hábitos que contribuyen a reducir significativamente el riesgo de desarrollar esta enfermedad.

Sonia, un caso con nombre propio

Sonia conoce bien la importancia de vigilar cualquier cambio en la piel. Es una de las pacientes atendidas por la Asociación Española Contra el Cáncer en Madrid y todo comenzó con un lunar situado entre la axila y el hombro. Siempre había tenido muchos lunares, pero aquel le preocupaba especialmente porque su aspecto estaba cambiando.

Durante tres años acudió a revisiones periódicas hasta que, en 2019, los especialistas confirmaron que lo que inicialmente parecía un nevus habitual se había transformado en un melanoma. Tras la intervención para extirpar la lesión, fue necesario realizar un PET-TAC. El resultado confirmó que «se había propagado a los ganglios, llegando al estadio 3», recuerda Sonia. «En 2020 comencé un tratamiento de dieciocho meses de inmunoterapia». El seguimiento continuo permitió detectar la enfermedad antes de que avanzara aún más, mejorando así sus posibilidades de tratamiento.

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