Dra. Ana Gutiérrez
Doctora Ana Gutiérrez Doctora Ana Gutiérrez: «Un 63 % de los pacientes con colitis ulcerosa se cura al año con mirikizumab»
La Dra. Ana Gutiérrez, investigadora del estudio MIRICURE explica que el objetivo es que el paciente haga una vida plenamente normal
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) engloba un conjunto de enfermedades crónicas que provocan inflamación del aparato digestivo y que pueden afectar de forma importante a la calidad de vida de quienes las padecen. Entre sus formas más frecuentes se encuentran la colitis ulcerosa, que afecta al colon y al recto, y la enfermedad de Crohn, que puede comprometer distintas partes del tracto digestivo.
A pesar de los avances terapéuticos de los últimos años, el manejo de la EII continúa planteando importantes retos clínicos, especialmente en lo que respecta a la respuesta al tratamiento, el control de la actividad inflamatoria y la necesidad de adaptar las decisiones terapéuticas a las características de cada paciente.
Para profundizar en estos desafíos y conocer nuevas evidencias sobre el tratamiento de la enfermedad en la práctica clínica habitual, hablamos con la Dra. Ana Gutiérrez, investigadora principal del estudio MIRICURE, un estudio en vida real centrado en la enfermedad inflamatoria intestinal.
–¿Qué es la Enfermedad Inflamatoria Intestinal y cuáles son las principales diferencias entre la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn?
–La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) agrupa varias enfermedades crónicas en las que el sistema inmunitario provoca una inflamación mantenida del tubo digestivo. Las dos principales son la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. Suelen aparecer en personas jóvenes, entre los 20 y los 40 años, aunque pueden debutar a cualquier edad, y evolucionan en brotes que alternan con periodos de remisión. En España se estima que afecta aproximadamente a un 08-1 % de la población, y su frecuencia sigue aumentando.
La colitis ulcerosa afecta solo al colon y al recto. La inflamación es superficial, en la mucosa, y se extiende de forma continua desde el recto hacia arriba. La enfermedad de Crohn, en cambio, puede afectar a cualquier tramo del tubo digestivo, de la boca al ano, aunque lo más frecuente es que afecte al final del intestino delgado y al colon. Lo hace de forma parcheada y afecta a todo el espesor de la pared intestinal, por lo que puede producir estrecheces, fístulas y abscesos, y con frecuencia afecta a la zona perianal.
–¿Por qué se desarrollan estas enfermedades y qué papel desempeñan la genética, el sistema inmunitario y los factores ambientales?
–Todavía no conocemos la causa exacta, pero sabemos que la EII aparece cuando coinciden varios factores. Hay una predisposición genética: se han identificado más de 200 genes relacionados y tener un familiar de primer grado con la enfermedad aumenta el riesgo, aunque no es una enfermedad hereditaria en sentido estricto.
Sobre esa base, el sistema inmunitario del intestino reacciona de forma exagerada y mantenida frente a la flora intestinal, la microbiota, que en estos pacientes también está alterada. Y los factores ambientales actúan como desencadenantes. El tabaco empeora la enfermedad de Crohn. También influyen la dieta de tipo occidental, rica en ultraprocesados, algunos fármacos como los antiinflamatorios no esteroideos o los antibióticos, y en general el estilo de vida urbano e industrializado. Eso explica que la enfermedad haya aumentado tanto en las últimas décadas y que ahora crezca en países donde antes era rara.
–¿Cuáles son los síntomas más frecuentes y qué señales deberían llevar a una persona a consultar con un especialista?
–Los síntomas más frecuentes son la diarrea persistente, que en la colitis ulcerosa suele acompañarse de sangre y moco, la urgencia para ir al baño, el dolor abdominal, el cansancio y la pérdida de peso. En la enfermedad de Crohn también pueden aparecer fiebre, anemia o lesiones alrededor del ano, como fístulas o abscesos. Además, la EII puede afectar a otros órganos, con dolor en las articulaciones, lesiones en la piel o inflamación en los ojos.
El diagnóstico precoz es clave, porque tratar pronto la inflamación evita complicaciones y daño intestinal irreversible
Hay que consultar si la diarrea dura más de cuatro semanas, si hay sangre en las heces, si las deposiciones despiertan por la noche, si hay dolor abdominal persistente, pérdida de peso sin explicación, anemia o fiebre sin causa clara, o lesiones perianales que no curan. El diagnóstico precoz es clave, porque tratar pronto la inflamación evita complicaciones y daño intestinal irreversible.
–¿Qué opciones de tratamiento existen actualmente y cómo han cambiado los fármacos biológicos y las nuevas terapias el abordaje de estas enfermedades?
–Hoy el tratamiento tiene un objetivo mucho más ambicioso que hace unos años: no basta con controlar los síntomas, buscamos curar la inflamación de la mucosa y que el paciente haga una vida normal. Para los brotes leves o moderados tenemos aminosalicilatos en el caso de la colitis ulcerosa y los inmunosupresores y terapias avanzadas para mantener la remisión tanto en enfermedad de Crohn como en colitis ulcerosa moderadas o graves. Los corticoides deben ser usados solo en brotes, pero nunca como tratamiento de mantenimiento.
Hoy disponemos de más de diez tratamientos avanzados con mecanismos diferentes
La gran revolución llegó con los fármacos biológicos, primero los anti-TNF y los anti-IL-23. Más recientemente se han sumado moléculas pequeñas por vía oral, como los inhibidores de JAK y los moduladores de S1P. Hoy disponemos de más de diez tratamientos avanzados con mecanismos diferentes, lo que nos permite cambiar de diana cuando uno falla y elegir el más adecuado para cada paciente. Gracias a ellos han disminuido los ingresos, las cirugías y el uso prolongado de corticoides. Y siguen llegando novedades, como los anti-TL1A o los primeros inhibidores orales de la vía de la IL-23.
–¿Cuál es el principal objetivo del estudio MIRICURE y qué aporta a los pacientes con colitis ulcerosa?
El objetivo de MIRICURE es conocer la eficacia y la seguridad de mirikizumab en la práctica clínica real en España, en pacientes como los que atendemos cada día. Es un estudio de GETECCU basado en el registro ENEIDA, que recoge 280 pacientes con colitis ulcerosa tratados en 44 hospitales españoles, con seguimiento a 24 y a 52 semanas.
Lo que aporta es la confirmación de que el fármaco funciona fuera de los ensayos clínicos, en una población mucho más compleja: casi tres de cada cuatro pacientes ya habían fracasado con dos o más tratamientos avanzados. A las 24 semanas, casi la mitad estaba en remisión clínica, y al año, entre los que seguían en tratamiento, la remisión clínica llegaba al 63%, sin señales nuevas de seguridad. Estos datos dan confianza a médicos y pacientes y ayudan a decidir dónde situar mirikizumab dentro de la secuencia de tratamientos.
– ¿Qué mejoras pueden experimentar los pacientes en sus síntomas y en su calidad de vida con este tratamiento?
Alcanzar la remisión significa que desaparecen el sangrado y la diarrea y que el número de deposiciones se normaliza. En MIRICURE, al año, la mayoría de los pacientes en tratamiento no tenía síntomas, y la calprotectina fecal, un marcador de inflamación intestinal, bajó de forma muy marcada. Además, muchos pacientes pudieron dejar los corticoides, con todo lo que eso supone para evitar sus efectos secundarios.
Mirikizumab también actúa sobre la urgencia para ir al baño, uno de los síntomas que más limitan la vida diaria
En los ensayos clínicos, la gravedad de la urgencia se redujo a la mitad y la mayoría de los pacientes en remisión mantuvo ese control durante cuatro años. Para el paciente, todo esto se traduce en volver a trabajar o estudiar con normalidad, salir de casa, viajar o dormir sin interrupciones, sin estar pendiente de dónde hay un baño.
–¿Qué pacientes con colitis ulcerosa pueden beneficiarse más de mirikizumab?
Puede beneficiarse cualquier paciente con colitis ulcerosa moderada o grave que no ha respondido o ha dejado de responder al tratamiento convencional o a otro tratamiento avanzado. Pero MIRICURE muestra que responden mejor los que han recibido menos tratamientos previos: a las 24 semanas, la remisión fue del 76 % en los que solo habían probado un mecanismo de acción, frente al 28 % en los que habían probado cuatro. Por eso conviene no reservarlo como último recurso.
Por su mecanismo selectivo y su buen perfil de seguridad, también es una buena opción en pacientes mayores o con otras enfermedades asociadas, en los que la seguridad pesa mucho a la hora de elegir. Y resulta cómodo para el paciente: tras la inducción intravenosa, el mantenimiento es una inyección subcutánea cada cuatro semanas que se pone en casa.
–A la luz de estos resultados, ¿cómo podría cambiar el abordaje de la colitis ulcerosa y qué perspectivas se abren para los pacientes?
Estos resultados refuerzan la idea de que hay que tratar pronto y con el fármaco adecuado, antes de que la enfermedad acumule fracasos terapéuticos. También nos animan a ir más allá del control de los síntomas clásicos y a incorporar objetivos que importan mucho a los pacientes, como la urgencia, la retirada de corticoides y la calidad de vida.
Las perspectivas son muy buenas. Contamos con más opciones que nunca y con datos de práctica real que nos ayudan a personalizar el tratamiento según el perfil de cada paciente. A medio plazo llegarán estrategias basadas en biomarcadores que permitirán predecir mejor qué tratamiento funcionará en cada persona. El objetivo ya no es solo que el paciente esté mejor, sino que haga una vida plenamente normal. En MIRICURE seguiremos recogiendo datos para conocer los resultados a más largo plazo, que refuercen nuestro conocimiento sobre su uso en vida real.