25 de septiembre de 2022

Una de las lápidas destrozadas en el cementerio de Berlanga

Una de las lápidas destrozadas en el cementerio de BerlangaCanal Extremadura

El recuerdo de la Guerra Civil vuelve a Berlanga: destrozan las lápidas de asesinados por los republicanos

El alcalde ha pedido la colaboración ciudadana para intentar encontrar a los autores

Hace unos días, el cementerio de la localidad pacense de Berlanga amaneció con varias lápidas destrozadas de personas a las que mataron en la Guerra Civil. Se trata de vecinos del pueblo asesinados por soldados republicanos con una brutal crueldad.
Las lápidas fueron dañadas pero no perforaron el nicho, por lo que se sospecha que se trata de un acto de vandalismo. El alcalde de la localidad extremeña, Juan Manuel Ortiz, ha confirmado a Hoy que ha puesto una denuncia a la Guardia Civil y pide ayuda a la ciudadanía para encontrar a los responsables «de este atentado contra la dignidad y el respeto de nuestros difuntos».
Ortiz ha trasladado su indignación y solidaridad «con las familias afectadas por tan cruel acto, comprometiéndose a reparar las lápidas afectadas una vez concluyan las pertinentes investigaciones».
«Este pueblo es un pueblo tranquilo, de gente cívica, donde nunca ha pasado algo como lo que nos hemos encontrado en el cementerio. Es intolerable», ha añadido el alcalde.
El Código Penal castiga la falta al respeto a la memoria de los muertos a aquellos que violen sepulcros o sepulturas, o dañen urnas, panteones, lápidas o nichos con penas de entre tres y cinco meses de cárcel y multas de seis a diez meses.
Sin embargo, el tema no es tan sencillo. Las lápidas atacadas pertenecen a vecinos del pueblo que fueron asesinados con enorme crueldad por el ejército republicano durante la Guerra Civil. Entre estas personas se encuentran Antonio M. B., guardajurado asesinado con 34 años el 16 de septiembre de 1936 que apareció con las piernas cortadas; Manuel V. Q., comisionista de 35 años al que le cortaron las orejas antes de matarlo el 26 de agosto de ese mismo año; o Victoriano S. F., carpintero de 48 que fue hallado con los brazos y las piernas partidas.
Todos ellos tienen en común que pertenecían a Acción Popular y el Partido Radical o, como en el caso de Juan R. S., por ser sacerdote.
En el Portal de Archivos Españoles se pueden encontrar los documentos de residentes de Berlanga que, «durante la dominación roja», desaparecieron o fueron asesinados. Así, se pueden encontrar a varias de las víctimas por su nombre, edad, profesión, filiación política y cargos públicos desempeñados, fecha de su muerte o desaparición, detalles del cuerpo y los sospechosos de haber participado en el crimen.
Además de los antes mencionados, está el caso del labrador de 55 años y su hijo de 23 que fueron asesinados con un mes de diferencia, este último con varias puñaladas en el cuerpo. Casi todos los cuerpos encontrados tenían las orejas cortadas.
Según el libro de Rodrigo González Ortín, Extremadura bajo la influencia soviética, durante la Guerra Civil fueron detenidos setenta vecinos de Berlanga, de los cuales cincuenta fueron puestos en libertad a los pocos días. El resto permanecieron en prisión hasta que fueron asesinados.
El autor explica que el trato a los prisioneros «era llevado a cabo por las hordas; tras las palizas constantes, les ha­cían limpiar el suelo y fregar los váteres con las propias manos; a fuerza de azotarlos les obli­gaban a abrazar y besar el retrato de Pablo Iglesias y otros líderes socialistas, obligándoles entre las mayores burlas a dar vivas a los mismos».
«El día 5 de agosto intentaron asesinar a los detenidos, a cuyo efecto minaron los bajos de los grupos escolares destinados a prisión, con idea de que al mismo tiempo fuera destruido dicho edificio por el efecto de la dinamita, evitando la realización de dicho propósito la ejemplar actuación del cabo de los municipales Agus­tín Gómez, pues este, a pesar de estar al servi­cio de la canalla, movido de un poco más de conciencia, evitó bastante mal».
Rodríguez Ortín detalla que los cadáveres exhumados mostraban signos de mutilación como cráneos aplastados, cabezas separadas del tronco y manos cortadas. «El cadáver de Antonio M. B. aparece después de totalmente descuartizado, abierto en canal el abdomen, la pierna derecha partida a golpe de culata, encontrándose asi­mismo castrado, martirios todos dados en vida, habiéndose comprobado ampliamente por las declaraciones de la propia ejecutora, llamada Rafaela Murillo (a) «Trola», viciosa prostituta de unos treinta y cinco años. Este fusilamiento se llevó a cabo el día 15 de septiembre», detalla.
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