Sor Carmen Rodríguez vacuna a un niño en Camerún
Cómo sobrevivir en Camerún como misionera y enfermera en mitad de la guerra
Sor Carmen Rodríguez lleva 38 años de religiosa Sierva de María, 24 de ellos dedicados a los más pobres y enfermos de Camerún
Sintió la llamada de Dios al ver una fotografía de una niña sudanesa desnutrida con un buitre a su lado acechándola. Se trata de la imagen premiada como Premio Pulitzer 1994 y captada por el fotógrafo Kevin Carter. «Esta imagen se grabó en mi retina y en mi corazón, y en ese momento sentí la llamada de Dios para estar cerca de los más vulnerables», comenta sor Carmen Rodríguez.
Nació en un pueblo de la provincia de Orense en 1967, en una familia cristiana. Cursó sus estudios de Bachillerato en esa ciudad gallega y la carrera de Enfermería en la Universidad Pontificia de Salamanca (1995-1998). «Dios se valió de un libro llamado Vidas Rotas para tocarme el corazón. Este libro describe el apostolado de las Siervas de María y a mí me apasionó la misión de estas mujeres, de su cuidado a los enfermos, preparándoles para recibir los sacramentos», explica.
Hoy lleva 38 años de religiosa Sierva de María, 24 de ellos dedicados a los más pobres y enfermos de Camerún. En el hospital Santa María Soledad donde trabaja, en Bamenda, una zona de conflicto armado, «atendemos a los enfermos de todas las clases sociales, respetando su dignidad humana de hijos de Dios».
Los últimos siete años están siendo muy complicados para esta misionera, debido a la situación socio-política que vive el país, donde una minoría anglófona pide la independencia. Este conflicto ha dejado ya miles de muertos, viudas y huérfanos.
–¿Que tipo de patologías atienden en su hospital?
–Atendemos enfermedades tropicales como la malaria, la filaria, etc; hay muchas enfermedades gastrointestinales ya que la gente bebe agua que no es potable y come comida cruda. Hay una alta prevalencia de enfermedades respiratorias, existe un alto porcentaje de enfermos diabéticos debido a una alimentación no equilibrada, malnutrición, etc.
También tenemos un gran número de pacientes hipertensos, con problemas cardíacos, y poli fracturados y poli traumatizados debido a la guerra y también a los accidentes de tráfico, ya que las carreteras son pésimas.
También acuden a nuestro hospital un gran número de mujeres que vienen a dar a luz y vacunamos a unos 700 niños cada mes contra la tuberculosis, polio, sarampión, varicela, difteria, tétanos, tos ferina, etc. El pasado mes de enero se introdujo la vacuna contra la malaria para niños desde 6 meses a 2 años.
–¿Cuál es actualmente el índice de mortalidad materna e infantil en Camerún?
–Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el número de muertes maternas es de 531 por cada 100.000 partos. Según datos de UNICEF de cada 1.000 niños que nacen mueren 27 lo que equivale a un 2,7 %, y la muerte de niños menores de 5 años es del 13,6 %.
A través de un seguimiento cercano a las mujeres embarazadas en la Clínica Prenatal intentamos reducir la mortalidad materna e infantil, que muchas veces es consecuencia de problemas de la madre. Examinamos bien a las mujeres, les hacemos test de laboratorio y ecografías para detectar si hubiera alguna anomalía que corregir y les damos medicina preventiva para la malaria, mosquiteras y les explicamos bien las posibles complicaciones del embarazo.
–¿Y cómo afrontan las complicaciones en el parto?
–Aconsejamos a las mujeres tener a alguien preparado para donar sangre en caso de que tuviera una hemorragia post-parto, ya que estas hemorragias son la causa más frecuente de muertes maternas. A veces se producen debido a que el personal que atiende el parto no tiene experiencia, por falta de medicaciones para controlar la hemorragia o por falta de banco de sangre.
Hay otros factores que no podemos controlar como, por ejemplo, el momento en que la mujer decide acudir al hospital. A veces se retrasa porque no sabe que su vida y la de su hijo están en peligro, e ignora los signos de alarma las horas que la mujer pasa en el trayecto antes de llegar al hospital. En nuestra maternidad tenemos como slogan: «No queremos perder vidas, mientras están dando vida».
Según datos de UNICEF, de cada 1.000 niños que nacen mueren 27, lo que equivale a un 2,7 %, y la muerte de niños menores de 5 años es del 13,6 %.
En este momento estamos construyendo un módulo materno- infantil gracias a la ayuda de personas generosas que colaboran con nosotras en la lucha para reducir la muerte materna e infantil.
Sor Carmen junto a un menor de Camerún
–Usted trabaja en una zona conflictiva. ¿Ha vivido situaciones en las que ha visto comprometida su vida? ¿Ha sido amenazada por rebeldes o los militares en su labor como enfermera?
–Hace cuatro años temí por mi vida porque estaba ingresado en el hospital uno de los soldados rebeldes y las autoridades militares me llamaron por teléfono para obligarme a entregar al paciente; yo me negué tres veces a entregarlo. Después de negarme los militares entraron en el hospital y se llevaron al paciente.
En otra ocasión los militares me llamaron a declarar por qué había dejado marchar a un rebelde del hospital y me dijeron que yo tenía que ir a la cárcel en lugar del paciente. Solo Dios sabe cómo me libré de ir a la cárcel. Estos fueron los dos momentos en que me sentí amenazada y temí por mi vida.
–¿Cómo viven las Siervas de María su carisma de atender a los enfermos en Camerún?
Las Siervas de María vivimos nuestro carisma-misión siguiendo las huellas de Madre Soledad Torres Acosta, nuestra Fundadora. Nuestro lema es: «Estuve enfermo y me visitasteis» (Mt, 25.36). Nosotras atendemos a los enfermos con una actitud de humildad, de simplicidad y en espíritu de servicio, con la generosa dedicación de quien ve a Cristo en los pacientes y les desea que vean a Cristo en nosotras a través de nuestros cuidados esmerados, de nuestra compasión hacia ellos y de nuestra dedicación.
Tambien visitamos a los pacientes en su domicilio y les ofrecemos los servicios que necesiten. Por supuesto cuidamos a todos los pacientes que necesiten de nuestros servicios desde su concepción hasta la muerte natural sin distinción de sexo, edad, religión, partido político, estado social, etc. Atendemos con preferencia a los más pobres.
–Como en muchas partes de África, supongo que habrá un gran contraste entre la riqueza natural del país y la pobreza de la gente.
–Así es. La actividad agrícola es la base de la economía camerunesa, se centra en la producción de cacao, café, algodón, plátanos y caucho. Camerún también tiene importantes recursos minerales como cobalto, diamantes, etc. Todos los recursos minerales pertenecen al estado. Los principales productos exportados por Camerún son hidrocarburos, productos derivados del petróleo, cacao y sus derivados, y madera.
El nivel de pobreza de la población es del 40 % y existen desigualdades regionales, siendo las zonas rurales las más afectadas.
–¿De dónde saca las fuerzas para vivir en un territorio tan hostil?
–El Señor me recuerda constantemente que no he sido yo la que le elegí a Él sino que Él me ha elegido a mí y me ha enviado a dar fruto anunciando el Evangelio y cuidando a los enfermos donde quiera que se encuentren. Esta convicción me da muchas fuerzas para continuar con la misión a la que el Señor me ha enviado.
La oración es vital para mí, en esos momentos de intimidad con el Señor me fortalece y me anima; la eucaristía es mi sustento diario, mis hermanas de comunidad y el personal sanitario con el que trabajo, son un gran apoyo en la misión.
Los pacientes y la gente que vive en mi barrio son un gran estimulo para mí. Pienso que si ellos siguen luchando por superarse, por mirar el futuro con esperanza, ¿cómo yo voy a tirar la toalla y dejarles solos en la lucha cuando yo tengo la responsabilidad de ser para ellos un referente?
–¿Ve alguna esperanza de cambio en la zona anglófona a corto o medio plazo?
–Humanamente no percibo un cambio inminente, pero estoy convencida de que para Dios no hay nada imposible y El puede cambiar en un momento cualquier situación por más difícil que nos parezca.
–¿Cree que el Gobierno podría hacer más para establecer paz en el territorio?
–A mí me parece que la paz empieza en cada uno de nosotros. La paz es un valor del ser humano, donde cada uno debe respetar y apreciar a los demás, y el poder lograrla contribuirá al bienestar de la sociedad. Por eso cada uno debemos de buscar la paz y practicarla. En mi opinión todos en diferentes niveles tenemos que contribuir a la paz y al bienestar de todos y siempre estar abiertos al diálogo.
–¿Cómo es la relación de su comunidad con otras congregaciones?
–La relación es inmejorable. Compartimos la misma misión de la Iglesia y nos apoyamos mutuamente.
–¿Cómo ve la vida religiosa en Camerún? ¿Hay vocaciones?
–Yo veo la vida religiosa en Camerún con esperanza. En mi congregación tenemos vocaciones. Toda vocación es un don de Dios. Las formadoras acompañan a las jóvenes que muestran su deseo de pertenecer a nuestra congregación. Les ayudamos a discernir su vocación y a comprender la Gracia de ser llamadas y las exigencias de la vida religiosa como seguimiento radical de Cristo.
–Los Obispos africanos han mostrado su rechazo a bendecir parejas gais. ¿Qué opina usted?
–Estoy de acuerdo con la postura de los Obispos africanos. No es apropiado que en África se bendiga las uniones homosexuales porque, en nuestro contexto, esto causaría confusión y estaría en directa contradicción con el espíritu cultural de las comunidades africanas, profundamente arraigadas en los valores de la ley natural sobre el matrimonio y la familia. Por otro lado, estoy de acuerdo con los Obispos al subrayar que las personas con tendencias homosexuales deben ser tratadas con respeto y dignidad.
–¿Ha visto morir a muchos pacientes que antes de ir al hospital han acudido al brujo?
–Sí. Con mucho dolor he visto morir a muchos pacientes que han acudido al brujo en lugar de ir al hospital.
–¿Alguna vez ha tenido la tentación de abandonar al tarea o arrojar la toalla?
–He experimentado altibajos en la vida como cualquier persona y en alguna ocasión he tenido la tentación de arrojar la toalla. Pero el Señor me recordó que la obra es de Él y yo soy un simple instrumento a su servicio y a mí no me corresponde ver resultados o que me aprecien por lo que hago. A mí me corresponde entregarme con alma, vida y corazón y el Señor se encarga de los frutos. Esta reflexión me ayuda a seguir adelante.