Recogida de alimentos en el almacén para distribuir a los bancos
'Blockchain' contra el desperdicio alimentario, papel clave en la lucha contra el hambre
Los meses estivales agravan los desafíos. Las altas temperaturas aceleran el deterioro de productos frescos, mientras que muchas organizaciones sociales ven reducida su actividad por las vacaciones
Cada día, toneladas de alimentos aptos para el consumo terminan en la basura, mientras millones de personas viven en situación de inseguridad alimentaria. Esta paradoja, tan extendida como inaceptable, encuentra en la tecnología una posible solución transformadora. El blockchain, con su capacidad para garantizar trazabilidad, transparencia y seguridad, se posiciona como un aliado clave en la redistribución eficiente de excedentes alimentarios.
La gestión de estos excedentes no es sencilla. Existen múltiples obstáculos logísticos, legales y tecnológicos que impiden que los alimentos sobrantes lleguen en buen estado a quienes más los necesitan. Sin embargo, el blockchain –un registro digital descentralizado e inmutable– ofrece herramientas potentes para facilitar ese proceso, garantizando que cada lote de comida sea seguido desde su origen hasta su destino, sin posibilidad de manipulación o pérdida de información.
Los meses estivales agravan los desafíos. Las altas temperaturas aceleran el deterioro de productos frescos, mientras que muchas organizaciones sociales ven reducida su actividad por las vacaciones, disminuyendo su capacidad de recoger y distribuir donaciones. A la vez, la demanda de ayuda alimentaria no desaparece, e incluso puede crecer en comunidades vulnerables.
En este contexto, los sistemas tecnológicos que permiten una coordinación más precisa y rápida son fundamentales. Así lo señala Kilian Zaragozá, CEO y cofundador de Naria, una plataforma que aplica blockchain a la trazabilidad de donaciones alimentarias: «El reto fundamental es que los alimentos lleguen en buen estado y a tiempo a quienes los necesitan. La transparencia y eficiencia que permite el blockchain lo convierten en una herramienta esencial para lograrlo».
El blockchain garantiza que todos los actores implicados –empresas donantes, transportistas, ONGs receptoras y administraciones– tengan acceso simultáneo a la misma información en tiempo real. Esta descentralización evita errores, retrasa y pérdidas de datos. Además, proporciona seguridad jurídica en un momento en que la legislación exige mayor control. La nueva Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario impone a las empresas la necesidad de contar con planes de prevención y documentación de sus convenios de donación. El blockchain no solo facilita este cumplimiento, sino que permite generar evidencias digitalmente verificables para auditorías o certificaciones.
Naria es un ejemplo de cómo esta tecnología ya se está aplicando con éxito. La solución permite a las empresas del sector agroalimentario registrar digitalmente su excedente –indicando qué alimentos están disponibles, su fecha de caducidad, condiciones de conservación, etc.– y envía notificaciones automáticas a las entidades receptoras. Estas pueden así organizar la recogida con rapidez, optimizando los tiempos y evitando que el producto se pierda.
El sistema, trazado íntegramente mediante blockchain, ofrece además datos en tiempo real sobre kilos donados, raciones distribuidas, emisiones de CO₂ evitadas y ahorro económico generado. Se trata, por tanto, de una herramienta que no solo mejora la logística, sino que permite evaluar el impacto social y ambiental de cada donación.
Una nueva forma de entender la solidaridad
El uso del blockchain en la redistribución alimentaria no solo aporta eficiencia: redefine el concepto de ayuda. Ya no se trata únicamente de donar, sino de hacerlo de forma organizada, medible y transparente. En una sociedad con recursos abundantes pero distribución desigual, optimizar los canales solidarios se vuelve indispensable.
Así, gracias a la tecnología, cada excedente puede convertirse en una oportunidad concreta para reducir el hambre, mejorar la sostenibilidad y reforzar la confianza entre todos los actores de la cadena alimentaria. Una oportunidad, en definitiva, para que la solidaridad sea más eficaz, más justa y más transformadora.