Más de 60.000 personas han recibido eutanasia entre 2016 y 2023
La presión médica y las irregularidades legales disparan la eutanasia en Canadá: «Piden extenderla a niños»
El 61 % de los facultativos no notifica el propósito de los medicamentos antes de dispensarlos, ni espera el plazo de diez días antes de suministrarlo
Implementar la cultura de la muerte en la sociedad se ha convertido en uno de los mayores propósitos de los partidos situados a la izquierda ideológica. Canadá no iba a ser menos. De hecho, se ha convertido en uno de los países que más apoya la controvertida práctica de la eutanasia. Desde su aprobación en 2016, las muertes no han parado de crecer. Hasta 2023, más de 60.000 personas decidieron acabar con su vida. Actualmente, uno de cada 20 fallecimientos se ha producido por pentobarbital, químico que usan para frenar la vida de los enfermos y que preocupa a algunos médicos, los cuales han denunciado una presión creciente y numerosas irregularidades legales.
Un reciente artículo del medio The Atlantic llamado «Canadá se está matando a sí misma» muestra esta dramática situación. La eutanasia se ha vuelto tan común en el país que hay listas de espera. Los médicos no logran cubrirlas, y no por falta de personal, sino porque cada vez más ciudadanos están cansados de seguir, de luchar y de ser una carga para sus seres queridos. No tienen una ley de cuidados paliativos que les ayude a mejorar su calidad de vida.
Los datos son preocupantes. Desde que hace casi diez años se aprobase en Canadá el Programa de Asistencia Médica para Morir (MAiD), la eutanasia ya es responsable de una de cada 20 muertes en el país, más que los que fallecen de diabetes o alzhéimer, revela Infocatólica. Además, la libertad que tienen los canadienses para solicitarla ha llevado al país a ser el que mayor índice de muertes por eutanasia posee a día de hoy.
Cuando el MAiD se aprobó, se prometió una mayor autonomía individual y un alivio del sufrimiento. Sin embargo, nunca llegó a mejora ni progresar. Es más, pronto surgieron dudas éticas sobre la esencia de la medicina, la objeción de conciencia de los facultativos, la protección de los más vulnerables y lo que muchos definen como la consolidación de una «cultura de la muerte».
No es la primera vez que los doctores aseguran que su única función es la de salvar vidas, no la de quitarlas. Ejemplo de ello es la Asociación Médica Estadounidense, institución que en su declaración oficial sostiene que la eutanasia es «incompatible con la misión del médico como sanador», difícil de regular y con consecuencias sociales «graves». Algo que los canadienses ignoran, ya que el 61 % de los facultativos no notifica el propósito de los medicamentos antes de dispensarlos, ni espera el plazo de diez días antes de suministrarlo, recoge Infocatólica.
Estas medidas asustan a los profesionales que siguen el código deontológico, puesto que consideran que el avance de la eutanasia «parece imparable» y adelantan que lo que comenzó para pacientes graves crónicos pronto incluirá a personas con trastornos psiquiátricos y menores de edad. Medidas que ya se anunciaron hace dos años pero se descartaron.