Una mujer oliendo una naranja
Un nuevo estudio explica la razón por la que algunas personas no recuperan el olfato tras la covid
Actualmente, los investigadores estudian formas de restaurar la función olfativa, como la suplementación con vitamina A o el entrenamiento olfativo, que busca reeducar la respuesta del cerebro a los estímulos aromáticos
Muchas personas que sospechan haber perdido parte del sentido del olfato tras haber pasado la covid podrían estar en lo cierto, según un amplio estudio realizado en Estados Unidos. Incluso quienes no han detectado cambios percibidos en su capacidad olfativa podrían presentar algún grado de deterioro, de acuerdo con los resultados publicados en la revista JAMA Network Open.
El análisis, liderado por la iniciativa RECOVER de los Institutos Nacionales de Salud y desarrollado con apoyo del Núcleo de Ciencias Clínicas de NYU Langone Health, evaluó a 3.535 personas mediante una prueba objetiva basada en 40 olores distintos. Se trata del estudio más completo hasta la fecha sobre la pérdida del olfato relacionada con el coronavirus, y su finalidad era analizar la hiposmia, es decir, la reducción de la capacidad olfativa, como posible secuela prolongada de la covid.
Los investigadores descubrieron que el 80 % de quienes aseguraron haber notado cambios en su olfato tras la infección obtuvieron puntuaciones anómalamente bajas en la prueba olfativa, realizada dos años después. De ellos, casi una cuarta parte presentaba una alteración grave o incluso ausencia total del sentido del olfato.
Más aún, el 66 % de los infectados que no habían reportado problemas olfativos también obtuvo resultados bajos en la prueba, lo que indica que muchas personas podrían no ser conscientes de su deterioro sensorial.
«Nuestros hallazgos confirman que quienes tienen antecedentes de la covid pueden tener un riesgo especial de tener un sentido del olfato debilitado, un problema que ya está poco reconocido entre la población general», afirmó la doctora Leora Horwitz, coautora principal del estudio y profesora en la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York. También detalló que el 60 % de los participantes no infectados y sin síntomas también mostró un rendimiento inferior al esperado.
La hiposmia no es una afección menor. Está relacionada con una disminución de la calidad de vida, pérdida de peso, depresión y dificultad para detectar peligros ambientales, como humo o gas. Además, puede ser un indicio temprano de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer, que afectan zonas del cerebro vinculadas al procesamiento de olores.
Hasta ahora, la mayoría de los estudios sobre pérdida de olfato por la covid se han basado en la percepción subjetiva de los pacientes, lo cual, según Horwitz, no refleja con precisión la magnitud del daño. Este estudio, en cambio, utilizó una evaluación clínica: la Prueba de Identificación de Olores de la Universidad de Pensilvania (UPSIT), considerada una herramienta de referencia. Cada participante debía identificar 40 aromas y se asignaba una puntuación según sus aciertos, comparada luego con una base de datos de voluntarios sanos del mismo sexo.
Horwitz destacó la importancia de incorporar estas pruebas en la atención poscovid, al señalar que «aunque los pacientes no lo noten de inmediato, una nariz opaca puede tener un profundo impacto en su bienestar mental y físico».
Actualmente, los investigadores estudian formas de restaurar la función olfativa, como la suplementación con vitamina A o el entrenamiento olfativo, que busca reeducar la respuesta del cerebro a los estímulos aromáticos. También advierten que la investigación no evaluó directamente la pérdida del gusto, otro síntoma frecuente, y que algunos participantes sin diagnóstico podrían haber estado contagiados sin saberlo.