Una mujer durmiendo
Los españoles duermen menos de lo esperado y pierden 51 noches de sueño al año
A nivel territorial, Cataluña encabeza el ranking de comunidades con mayor duración media del sueño, seguida de Baleares y Galicia
Los españoles duermen una media de 6,7 horas al día, por debajo de las siete horas mínimas recomendadas por los expertos, y solo el 47 % alcanza ese umbral. Además, el estrés, las preocupaciones, los ronquidos y las pesadillas están mermando de forma significativa el descanso y la salud mental de la población, según un nuevo estudio elaborado por Unobravo a partir de una encuesta a 1.500 adultos en toda España.
El informe revela que más de cuatro millones de personas sufren en el país algún trastorno del sueño crónico o grave, como el insomnio, y que la falta de descanso tiene un impacto directo en el estado de ánimo, la gestión emocional y el rendimiento diario. De hecho, el 75 % de los encuestados afirma que dormir bien mejora su humor, el 72 % asegura que le ayuda a manejar mejor sus emociones y el 61% reconoce que dormir mal afecta negativamente a su desempeño laboral o académico.
Diferencias por edad y territorio
Por grupos de edad, los jóvenes de entre 18 y 24 años son quienes más duermen, con una media de 6,8 horas diarias, mientras que las personas de entre 55 y 64 años descansan unas 6,6 horas. Los mayores de 65 años alcanzan las siete horas de sueño, siendo el único grupo que cumple las recomendaciones.
A nivel territorial, Cataluña encabeza el ranking de comunidades con mayor duración media del sueño (7,2 horas), seguida de Baleares y Galicia (7,1). En el extremo opuesto se sitúan Andalucía y la Comunidad de Madrid, donde la media ronda las 6,6 horas. Por ciudades, La Coruña, Vigo y Granada figuran entre las mejor descansadas del país.
El estrés, principal enemigo del descanso
El estrés y las preocupaciones son el factor que más interfiere en el sueño, afectando al 48% de los españoles. A estos les siguen las cenas copiosas, los cambios de temperatura, el ruido, la cafeína y el uso de pantallas antes de dormir. Ver la televisión o utilizar el móvil y las redes sociales en la cama, hábitos cada vez más extendidos, expone al cerebro a la luz azul y dificulta la conciliación del sueño.
Esta combinación de factores provoca que los adultos pierdan de media 412 minutos de sueño a la semana, casi siete horas. A lo largo de un año, la cifra asciende a 357 horas, lo que equivale a 51 noches completas sin dormir.
Brecha de género y pesadillas frecuentes
El estudio pone de manifiesto una clara brecha de género: las mujeres pierden unas 400 horas de sueño al año (57 noches), frente a las 313 horas que pierden los hombres (45 noches). El estrés es el principal responsable de esta diferencia, pero también influyen los ronquidos de la pareja, que restan más horas de descanso a las mujeres que a los hombres.
Las pesadillas también tienen un peso relevante. Casi la mitad de los españoles (46 %) asegura sufrir malos sueños al menos una vez por semana, lo que supone una pérdida media de 23 minutos de descanso. El 43% afirma que estas experiencias afectan a su estado de ánimo o a su capacidad de concentración al día siguiente. Entre las pesadillas más comunes destacan la sensación de caerse, ser perseguido o atacado y perder a un ser querido.
La importancia de la higiene del sueño
Francisco Rivera Rufete, psicólogo general sanitario y Clinical Manager de Unobravo, subraya que dormir bien no es solo una cuestión biológica, sino también de hábitos. «Una buena higiene del sueño es esencial para mantener el equilibrio mental y emocional. Dormir mal afecta al estado de ánimo, la concentración y la gestión del estrés, pero pequeños cambios conscientes pueden marcar una gran diferencia», explica.
Entre las recomendaciones clave, el especialista destaca mantener horarios regulares, crear un ritual relajante antes de acostarse, limitar el uso de pantallas, cuidar el entorno del dormitorio, gestionar el estrés diario y evitar la cafeína y las comidas copiosas por la noche. «El descanso no tiene que ser perfecto, sino constante. Se construye con hábitos sostenibles y sin presión», concluye.