Fundado en 1910
Vista del lugar del accidente de trenes cerca de Adamuz (Córdoba)

Vista del lugar del accidente de trenes cerca de Adamuz (Córdoba)EFE

Cuando el cuerpo sobrevive, pero la mente sigue en shock: los efectos psicológicos tras una tragedia como la de Adamuz

Supervivientes, familiares de las víctimas y servicios de emergencia sufren síntomas como confusión, miedo y bloqueo, según una psicóloga experta en emergencias y desastres

El accidente de dos trenes a la altura de Adamuz, en Córdoba, marcará en negro este 18 de enero. Según los últimos balances, 41 personas han perdido la vida y más de 39 permanecen ingresadas, 13 de ellas en unidades de cuidados intensivos de deferentes hospitales. La alta velocidad a la que circulaban los trenes, así como la caída de uno de ellos por un talud, ha provocado que la magnitud del desastre sea aún mayor.

Además del profundo impacto humano y social, este suceso deja también una huella emocional que puede prolongarse durante meses o incluso años en algunos casos. Estos efectos psicológicos afectarán a quienes han sobrevivido al accidente, a los familiares de los fallecidos y heridos, pero también a los servicios de emergencia o a los vecinos que acudieron a ayudar al lugar de los hechos y que tuvieron que presenciar escenas dantescas.

La psicóloga Mónica Rosu Stanciu, miembro del Grupo de Intervención en Emergencias y Desastres (GIPED) del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental y vicesecretaria de la Delegación de Huelva de esta institución, explica que las reacciones psicológicas tras una tragedia de gran impacto varían de una persona a otra, ya que cada superviviente vive el trauma de forma única.

Aun así, señala que en las primeras semanas suele producirse un impacto inmediato caracterizado por estados de shock, confusión, desorientación, ansiedad intensa y, en algunos casos, sensación de disociación. También pueden aparecer miedo persistente y, en menor medida, la llamada «culpa del superviviente». «Son reacciones normales ante situaciones anormales y en ningún caso implican debilidad psicológica», subraya.

Rosu Stanciu indica que el trauma no solo tiene consecuencias emocionales, sino también físicas y psicosomáticas, como fatiga o dolores persistentes. En pocos días, muchas personas ven alterada su vida cotidiana, con dificultades para retomar rutinas, aparición de fobias –especialmente al transporte– y una mayor dependencia del entorno cercano, debido a que se rompe su esquema vital previo. A más largo plazo, si no se interviene adecuadamente, pueden desarrollarse trastornos como estrés postraumático, depresión, ansiedad crónica, fobias o aislamiento social, de ahí la importancia de la detección temprana y el acompañamiento psicológico.

La psicóloga subraya que la intervención no debe centrarse únicamente en las víctimas directas, sino también en los supervivientes indirectos, como familiares, pasajeros ilesos, personal de emergencias o testigos, que también sufren el impacto del trauma. «No es una terapia en sentido clásico, al menos en las primeras fases. Buscamos garantizar seguridad, calma y orientación, sin forzar el relato ni remover el trauma en esta fase inicial», apunta.

La especialista señala que es recomendable pedir ayuda profesional cuando la persona se siente desbordada, permanece anclada en el pasado o sufre flashbacks que le impiden retomar su vida diaria. Aunque reconoce que algunas personas experimentan un crecimiento postraumático y desarrollan mayor resiliencia, insiste en no romantizar el sufrimiento. Además, recuerda que no existen plazos universales de recuperación y que deben evitarse mensajes simplistas como «con el tiempo lo superarás». La recuperación, concluye, no debe medirse solo en infraestructuras reconstruidas, sino en cómo se cuida a las personas afectadas, directa e indirectamente.

Familiares de los pasajeros del tren procedente de Puerta de Atocha y con destino Huelva, acuden a la estación de trenes de Huelva

Familiares de los pasajeros afectados acuden a la estación de trenes de HuelvaEuropa Press

Qué hacer ante una emergencia así

Ángel Sevillano, bombero retirado y exjefe del Grupo Especial de Rescate en Altura (GERA), explica a El Debate que, ante una catástrofe de esta magnitud, la reacción de las personas puede ser muy distinta. «Hay gente que, ante la dificultad, se crece, reacciona de forma positiva y consigue amortiguar la situación, y hay otras que se hunden, se bloquean y quedan anuladas. Lo más recomendable es adoptar una actitud activa y positiva», señala.

Según Sevillano, el primer paso es detenerse unos segundos para entender qué ha ocurrido y valorar la magnitud del accidente. «Hay que analizar cuántas personas están afectadas y qué tipo de ayuda se puede prestar», indica, pero subraya que todo debe hacerse desde una premisa fundamental: la seguridad personal. «Si te expones a un riesgo grave, como tocar una catenaria y electrocutarte, dejas de ser una ayuda y te conviertes en una víctima más».

Una vez garantizada la propia seguridad, recomienda observar el entorno con calma, identificar los principales puntos de riesgo y no exponerse innecesariamente a ellos. «Desde una zona segura hay que detectar dónde están las personas afectadas y quién necesita ayuda urgente», explica. En ese momento, es importante asumir una actitud de liderazgo básico: pedir calma, ordenar que nadie se mueva sin necesidad y tomar decisiones claras y rápidas.

«La clave está en observar, evaluar y actuar con cabeza», resume Sevillano. Detectar los riesgos, no improvisar de forma temeraria y tomar decisiones en el momento puede marcar la diferencia en los primeros instantes de una emergencia, cuando aún no han llegado los servicios especializados y cada acción cuenta.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas