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Dr. Gabriel Cuatrecasas, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y coautor del estudio

Dr. Gabriel Cuatrecasas, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y coautor del estudioCedida

Entrevista el Dr. Gabriel Cuatrecasas,

Los grandes problemas de la obesidad en España: «Duplica el gasto en atención primaria»

En 2022, el coste anual en atención primaria fue de 1.656 €/persona con diagnóstico de obesidad, frente a 851€/persona sin diagnóstico

La obesidad sigue siendo uno de los problemas más importantes para el Sistema Nacional de Salud. Según el estudio, un 9,6 % de pacientes de atención primaria generó el 17,1 % del total de los costes de atención primaria derivado de visitas a atención primaria y derivaciones a otro especialista. Así, en 2022, el coste anual en atención primaria fue de 1.656 €/persona con diagnóstico de obesidad, frente a 851€/persona sin diagnóstico.

Estu supone un grave problema. Así lo explica a El Debate el doctor Gabriel Cuatrecasas, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y coautor del estudio, quien asegura que, una de las cosas necesarias para evitar esa situación es educar a los profesionales sobre qué significa la obesidad y sobre sus consecuencias.

–La obesidad es un problema creciente en España, ¿por qué es importante abordar esta enfermedad desde la atención primaria en España y qué papel tiene el registro del IMC en la detección y clasificación de la enfermedad?

–En el sistema español, la atención primaria es la puerta de entrada donde se atiende a la mayor parte de la población. Esto representa una oportunidad para ordenar adecuadamente la percepción y la clasificación de la obesidad.

En un estudio reciente se observó que el diagnóstico de obesidad es insuficiente. Casi un 90 % de las personas no tiene registrado su IMC, que es el parámetro clásico para clasificar la obesidad. Analizando bases de datos que representan el 10 % de los adultos españoles, solo este porcentaje tiene el dato registrado.

Sin embargo, la prevalencia real es mucho mayor. Se ha visto que entre uno de cada cinco y uno de cada cuatro adultos, según la región, presentan obesidad. Esto evidencia que el registro es insuficiente y representa una oportunidad perdida.

–¿Qué factores explican este infradiagnóstico? El estudio indica que solo el 54,3 % de quienes tienen obesidad según el IMC cuentan con un diagnóstico formal.

–Gran parte se debe a la percepción de la enfermedad. Históricamente, la obesidad no se ha entendido completamente como una enfermedad, sino más como un problema de hábitos o de salud pública.

La visión moderna sería entender que la obesidad también tiene una explicación biológica que puede ser atendida, que pueda ser ordenada y mejorada a partir de la intervención de los profesionales médicos y en este caso de atención primaria

Otra barrera es la falta de herramientas adecuadas y la clasificación. Incluso los profesionales que reconocen la obesidad como enfermedad se sienten incómodos o no saben cómo manejarla, lo que retrasa el diagnóstico y la intervención efectiva.

–¿Cuáles serían estas medidas que los doctores no tienen?

–Principalmente, formación. Es necesario educar a los profesionales sobre qué significa la obesidad y sobre sus consecuencias. Más allá de considerarla solo un trastorno, hay una correlación clara entre obesidad y complicaciones futuras.

Formar a los profesionales permite prevenir de manera estructurada. Poner la obesidad sobre la mesa como un determinante clave de salud es fundamental.

–En cuanto al impacto económico, los pacientes con obesidad generan casi el doble de coste anual en atención primaria que quienes no la tienen. ¿Por qué se produce esta diferencia y cómo se explica?

–La obesidad se asocia con múltiples enfermedades y síntomas que afectan la calidad de vida y la funcionalidad de la persona. Esto hace que los pacientes consulten más, aunque no siempre perciban la relación con la obesidad.

El aumento del coste también se debe a las intervenciones necesarias para controlar las complicaciones: consultas médicas y de enfermería, pruebas complementarias y procedimientos. En este estudio inicial, no se incluyó el gasto farmacológico, solo las consultas y procedimientos, lo que ya casi duplica el coste.

–¿Hasta qué punto podría evitarse esto con prevención y educación, tanto de profesionales como de ciudadanos?

–El impacto y el ahorro serían muy significativos si identificamos los grupos con mayor riesgo y actuamos de manera precoz. La prevención no debe ser reactiva, basada solo en el peso, sino estructurada y dirigida a quienes desarrollan complicaciones, incluso si su obesidad no parece severa.

Actuar sobre estos pacientes permite prevenir complicaciones costosas y mejorar la salud a largo plazo. También es importante considerar pacientes con aumento de peso rápido, aunque su IMC no sea extremadamente alto, porque también representan riesgo de complicaciones.

–El estudio también comparó comunidades autónomas y encontró disparidades en el registro del IMC y el diagnóstico. ¿Por qué existen estas diferencias?

–Depende de los modelos sanitarios de cada comunidad, de la sensibilidad de los profesionales y de la formación recibida. Por ejemplo, en Cataluña y Galicia los registros son mejores. Esto puede estar relacionado con buena gestión, integración de datos, coordinación con hospitales y sociedades científicas.

Estas diferencias deben analizarse para que otras comunidades puedan mejorar. La tendencia es positiva, con mayor conciencia sobre la necesidad de registrar y abordar la obesidad.

–Finalmente, dos preguntas: ¿El sistema sanitario español tiene suficientes recursos para abordar la obesidad como enfermedad crónica? ¿España está invirtiendo lo suficiente?

–Estamos en un momento de transición. Hay sensibilización y algunos subgrupos relevantes pueden beneficiarse de intervenciones específicas.

El sistema sanitario español cuenta con buenos recursos para manejar enfermedades crónicas y tiene capacidad para abordar la obesidad. El desafío es estructurar e integrar las intervenciones, focalizando donde el beneficio sea mayor.

Siempre se puede mejorar el uso de recursos y la eficiencia, pero hay una base sólida para actuar de manera adecuada.

–Doctor, ¿algo más que quiera agregar?

–Esto es un primer paso para darnos cuenta de la importancia de la obesidad y de la necesidad de una estructuración ordenada, aprovechando la experiencia de los profesionales de atención primaria.

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