Esclusa de Ulefoss y central eléctrica en el canal de Telemark que conecta Skien con Dalen
Así es Ulefoss, el pueblo noruego que alberga el mayor depósito de tierras raras en Europa
Con poco más de 2.000 habitantes, esta localidad escandinava se ha convertido en el centro del Viejo Continente por su tesoro mineral
Las tierras raras siguen figurando entre los recursos naturales más estratégicos y codiciados a nivel mundial. Este grupo de 17 elementos químicos es esencial para la fabricación de productos de uso cotidiano, como ordenadores y dispositivos electrónicos, así como para tecnologías clave en la transición energética, entre ellas los paneles solares, los aerogeneradores y los vehículos eléctricos, cuya demanda no deja de crecer en un contexto global de apuesta por las energías renovables.
Ante esta dependencia creciente, en los últimos años se han intensificado los esfuerzos por localizar y explotar estos materiales dentro del territorio europeo. No es una preocupación menor: en la actualidad, cerca del 98 % de las tierras raras que consume la Unión Europea procede de importaciones desde China. Todo apunta a que esa aspiración de reducir la dependencia exterior empieza, por fin, a tomar forma.
Y es que hace un par de años un grupo minero noruego, Rare Earths Norway (REN), anunció que un yacimiento de tierras raras en Ulefoss, al sureste del país nórdico, es el mayor depósito de Europa de estos elementos químicos fundamentales para la transición ecológica. Son esenciales para para la elaboración de tecnologías y dispositivos modernos, como aviones de combate, vehículos eléctricos, televisiones y cámaras digitales, entre otros.
El hallazgo se sitúa en esta pequeña localidad de 2.299 habitantes, en la provincia de Telemark. Este tranquilo pueblo se ha visto ahora alterado por este hito que puede cambiar la economía europea, pero también el futuro del municipio.
El yacimiento en cuestión, en el que se estima puede haber 8,8 millones de toneladas de recursos, se sitúa en el complejo de Fen, a tan solo 100 metros de profundidad. Este hecho hace que no sea fácil acceder a él, ya que en la parte superior se hallan viviendas y escuelas, entre otras edificaciones.
La historia del enclave también explica el respaldo que el proyecto ha encontrado entre los habitantes. Ulefoss es una de las comunidades industriales más antiguas de Europa y cuenta con una larga tradición ligada a la minería del hierro, que se remonta al siglo XVII. La última explotación cerró en los años 60, cuando las pequeñas minas noruegas dejaron de ser competitivas frente a la globalización y al auge del comercio internacional.
«Mina invisible»
Si los planes de REN se desarrollan conforme a lo previsto, la vuelta de la minería a la población podría estar cerca y supondría el capítulo más significativo en la historia de la localidad. La empresa prevé iniciar la explotación a gran escala en 2030, aunque el proyecto solo saldrá adelante si la extracción puede realizarse sin alterar ni desplazar a la población que vive sobre el yacimiento. Para lograrlo, la compañía propone un modelo que denomina «mina invisible».
El plan contempla la construcción de un túnel largo y estrecho, excavado en diagonal desde un punto situado a unos cuatro kilómetros del centro del municipio, que conducirá directamente al núcleo del yacimiento. Desde allí, perforadoras automatizadas extraerán enormes secciones de roca de 300 metros de largo por 50 de ancho.
El material extraído caerá directamente a una trituradora instalada bajo la zona de excavación. Tras ser pulverizado, será transportado mediante cintas hasta la superficie, donde se procesará en una planta que se levantará junto a la entrada del túnel, minimizando así el impacto visual y territorial sobre la comunidad.
A pesar de esta solución, planea el peligro de un posible hundimiento del terreno, ya que la excavación del yacimiento puede llegar a crear inestabilidad geológica. Los vecinos temen que esto ocurra y que, como consecuencia, sus viviendas se vean dañadas. Tal y como explica el medio alemán DW, desde REN proponen rellenar con la mitad de los residuos los huecos dejados en el complejo de Fen, mezclándolos con un agente aglutinante para reforzar la roca y así evitar el colapso del terreno.