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¿Vapear es menos dañino que fumar? Lo que realmente dice la ciencia sobre sus efectos

La combustión es responsable de la formación de miles de sustancias químicas, muchas de ellas tóxicas y cancerígenas

Dejar de fumar puede ser complicado. Mucho más en una sociedad donde aproximadamente el 17 %-33 % de la población adulta tiene este hábito. Para tratar de lograr su objetivo, muchos fumadores se pasan al cigarrillo electrónico o vapeo, un dispositivo menos perjudicial que el tabaco convencional, pero que no puede considerarse inocuo, revela la Agencia Francesa de Seguridad y Salud Alimentaria, Ambiental y Laboral (ANSES).

En un informe recientemente publicado, el organismo francés sostiene que los riesgos asociados al uso del cigarrillo electrónico existen, aunque son inferiores a los derivados del consumo de tabaco fumado. La diferencia fundamental radica en la ausencia de combustión. A diferencia del cigarrillo tradicional, que quema tabaco y genera humo, el dispositivo electrónico calienta un líquido para producir un aerosol inhalable.

La combustión es responsable de la formación de miles de sustancias químicas, muchas de ellas tóxicas y cancerígenas. Al eliminar ese proceso, el vapeo reduce de manera significativa la exposición a numerosos compuestos peligrosos que se generan específicamente cuando el tabaco arde.

El informe también analiza quiénes utilizan estos dispositivos. En Francia, el 6,1 % de los adultos vapea a diario, frente a un 18,2 % que fuma cada día, la cifra más baja desde finales de los años noventa. Además, el 98 % de los vapeadores adultos son fumadores o exfumadores, lo que demuestra que el uso del cigarrillo electrónico está estrechamente vinculado al consumo previo de tabaco.

No obstante, el 61 % de quienes vapean mantiene un consumo dual, es decir, combina el cigarrillo electrónico con el tabaco convencional. Este dato, según la agencia, muestra que en muchos casos el vapeo no sustituye completamente al tabaco, sino que coexiste con él.

La ANSES es clara en un punto: no recomienda que personas no fumadoras comiencen a vapear. Aunque el riesgo sea menor que el del cigarrillo tradicional, sigue existiendo, y el organismo insiste en evitar que estos productos se conviertan en una puerta de entrada a la dependencia de la nicotina, especialmente entre jóvenes.

Sin embargo, el informe introduce un matiz relevante en el ámbito de la cesación tabáquica. Para fumadores que tienen dificultades para dejar el tabaco, el cigarrillo electrónico puede constituir una alternativa dentro de un enfoque de reducción de riesgos. Sustituir el cigarrillo convencional por el electrónico puede disminuir la exposición a sustancias altamente nocivas.

Eso sí, la agencia subraya que este uso debe concebirse como transitorio y formar parte de un proceso estructurado de abandono del tabaco. El objetivo final debe ser dejar tanto el cigarrillo tradicional como el vapeo.

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