De izquiera a derecha: Dr. Francisco M. Kovacs, Dra. Ana Royuela y el Prof. Jesús Seco
Dolor lumbar y el trabajo: la ciencia confirma que la decisión de pedir la baja es también social y económica
La posibilidad de que un autónomo solicite este derecho por esta dolencia es un 33 % inferior a la de un trabajador por cuenta ajena
Ser autónomo no es sencillo. Tampoco lo es sufrir una dolencia y no saber qué hacer. Sin embargo, un nuevo estudio, llevado a cabo por doctores españoles, ha revelado que este colectivo tiene un menor riesgo de coger la baja laboral por dolor lumbar. Además, en los casos que se produce, la probabilidad de que se prolongue durante 30 días o má también es inferior.
Estos resultados, publicados en la revista Occupational and Environmental Medicine, a través de la publicación especializada en medicina laboral del grupo British Medical Jorunal, muestran la realidad sobre absentismo laboral por lumbalgia en laEuropa.
El estudio, coordinado por la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE) y dirigido desde el Instituto de Biomedicina de la Universidad de León, contó con la participación de la Unidad de Bioestadística Clínica del Instituto de Investigación Sanitaria Puerta de Hierro-Segovia de Arana, la Universidad de Salamanca y la Unidad de Espalda Kovacs del Hospital HLA Universitario Moncloa, entre otros centros. También colaboraron profesionales del Sistema Nacional de Salud, mutuas laborales y servicios médicos de empresa, en un esfuerzo conjunto público-privado.
Iniciado hace casi 20 años
Según ha explicado Jesús Seco, profesor del Instituto de Biomedicina de la Universidad de León y Universidad del País Vasco y coautor del estudio, la investigación, que se comenzó a gestar hace 17 años y se siguió durante 18 meses, analizó a 7.262 trabajadores en activo de 48 provincias españolas –de todos los sectores productivos salvo el de agua y gestión de residuos– con el objetivo de identificar qué factores determinan la solicitud de baja laboral por dolor lumbar y cuáles influyen en su duración.
En este sentido, el profesor Seco ha asegurado que «lo que en un principio parecía sencillo se volvió complejo», y es que, aunque iniciaron la recogida de datos acudiendo a los reconocimientos médicos de los trabajadores, no todas las mutuas autorizaron el acceso a sus instalaciones.
A pesar de ello, pudieron seguir adelante gracias a la colaboración de muchos médicos del Sistema Nacional de Salud con entidades privadas, como mutuas laborales y grandes empresas, «sin las que esta investigación hubiera sido inviable», ha aclarado el profesor Seco.
Por su parte, la doctora Ana Royuela, de la Unidad de Bioestadística Clínica del Instituto de Investigación Sanitaria Puerta de Hierro-Segovia de Arana, miembro del Consorcio Centro de Investigación Biomédica en Red, Área Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) y coautora del estudio, ha revelado que analizaron 77 factores previamente descritos en la literatura científica como potencialmente relacionados con la intensidad del dolor, la discapacidad o la evolución clínica: variables sociodemográficas, clínicas, psicológicas, laborales y económicas.
Al hilo, la doctora Royuela ha destacado que de los 7.262 trabajadores (edad media de 42 años), el 57% refería molestias lumbares y el 60 % consumía medicación por este motivo. Sin embargo, solo el 7,4 % solicitó una baja laboral por lumbalgia durante los 18 meses de seguimiento. De estos, un 30 % acumuló 30 días o más de ausencia laboral.
El tipo de trabajador es la clave
Los modelos estadísticos revelaron que el único factor consistentemente asociado tanto a un menor riesgo de solicitar la baja como a una menor duración de la misma fue ser trabajador autónomo. En concreto, la probabilidad de que un autónomo pidiera la baja era un 33 % inferior a la de un asalariado.
Otros elementos asociados a un mayor riesgo de solicitar baja fueron la edad, haber sufrido episodios previos prolongados de lumbalgia, anticipar que se necesitaría una baja en el futuro y percibir que tendría un fuerte impacto económico. Por el contrario, la percepción de inseguridad laboral se asoció a una menor probabilidad de solicitarla.
Para la doctora Ana Royuela, los datos evidencian que «pedir y mantener una baja es un comportamiento en el que el componente biológico es solo un aspecto más, y no necesariamente el más determinante». A igualdad de intensidad de dolor, un autónomo tiende a continuar trabajando mientras que un asalariado solicita la baja, probablemente por las diferencias en estabilidad de ingresos y cobertura durante la incapacidad temporal en el sistema español.
El doctor Francisco Kovacs, doctor de la Unidad de la Espalda Kovacs del Hospital HLA Universitario Moncloa, director de REIDE y coautor del estudio, ha subrayado que los resultados fueron sorprendentes. Además, ha apuntado que ya análisis previos sugerían que cuando los pacientes mejoraban volvían al trabajo. Sin embargo, estos datos muestran que la decisión de pedir la baja «no depende únicamente de la evolución clínica, sino que es un comportamiento humano influido por factores sociales y económicos», ha aseverado el doctor.
Asimismo, ha explicado que en la práctica, este estudio sugiere que las estrategias de prevención del dolor lumbar y las bajas laborales por esa causa deberían «dirigirse a toda la población activa», ya que resulta imposible predecir quiénes tienen mayor riesgo de padecerlas. Esto «aconseja priorizar las estrategias que, además de ser efectivas, hayan demostrado resultar más eficientes», ha concluido el doctor Kovacs.
Concienciar en la prevención
Aunque se identificaron variables asociadas estadísticamente al riesgo de baja, los modelos no permiten predecir con fiabilidad qué trabajador concreto la solicitará. Por ello, los investigadores recomiendan aplicar medidas preventivas al conjunto de la población activa. Entre ellas, ha destacado el doctor Kovacs están el fomentar la actividad física adaptada, evitar el reposo prolongado, promover una buena higiene postural y mejorar la coordinación entre el Sistema Nacional de Salud, las mutuas y los servicios de prevención.
Para los tres coautores la idea es clara. Tras 17 años de seguimiento y más de 7.000 trabajadores analizados, tienen seguro que aunque el dolor importa, el contexto importa más.