El estudio asegura que el 89 % de los consumidores de nicotina comenzaron con cigarrillos convencionales
Un gran estudio desmonta el mito del vapeo como puerta de entrada al tabaco entre los jóvenes
Un estudio con 1.329 consumidores de nicotina en España muestra que la mayoría empezó fumando cigarrillos y que el llamado «uso dual» suele ser una fase de transición, no una puerta de entrada, aunque mantiene riesgos claros para la salud
Durante años, el debate sobre el vapeo y el tabaco calentado ha estado lleno de consignas simples como, por ejemplo, que son la puerta de entrada al tabaquismo entre jóvenes, que el uso dual es siempre un fracaso en términos de salud pública o que solo sirven para perpetuar la adicción. Un estudio realizado en España y publicado en la revista científica Research in Economics matiza buena parte de estas ideas y aporta datos incómodos tanto para los defensores como para los detractores absolutos de los productos sin combustión.
La investigación se basa en una encuesta a 1.329 consumidores de nicotina en España y reconstruye su «biografía» de consumo: a qué edad empezaron, con qué producto, cuándo cambiaron y si llegaron o no a abandonar. Sus autores se preguntan si el llamado uso dual (combinar cigarrillos con cigarrillos electrónicos o tabaco calentado) es una estación de paso hacia dejar de fumar o un callejón sin salida que cronifica la dependencia.
La mayoría empieza con cigarrillos
Uno de los datos más contundentes del estudio es el de la iniciación y asegura que el 89 % de los consumidores de nicotina comenzaron con cigarrillos convencionales, generalmente entre los 16 y los 18 años. El paso a productos sin combustión llega, de media, casi una década después, en torno a los 27 años, lo que respalda que estos dispositivos no funcionan, en la práctica, como puerta principal de entrada entre adolescentes, sino como segundo paso en personas que ya eran fumadoras.
El 89 % de los consumidores de nicotina comenzaron con cigarrillos convencionales entre los 16 y los 18 años
Este hallazgo choca con la imagen, muy extendida en la sociedad, de adolescentes que se engancharían primero al vapeo para acabar fumando cigarrillos, al menos en el contexto español analizado. De hecho, otros trabajos apuntan a que la prevalencia de uso dual en la población general es relativamente baja (en torno al 1,5 %) y se concentra en adultos jóvenes, a menudo con peor salud percibida y más consumo de otras sustancias, lo que refuerza la idea de un colectivo vulnerable que exige políticas específicas y prudentes.
No hay riesgo cero
El estudio describe el patrón de que quienes combinan cigarrillos con productos sin combustión fuman un 34 % menos de cigarrillos al año que los fumadores exclusivos y, en un periodo de cinco años, reducen su consumo de cigarrillos en un 42 %. Además, un 44 % de estos usuarios duales declara utilizar los productos sin combustión con el objetivo explícito de dejar o reducir el consumo de cigarrillos.
Casi uno de cada cinco usuarios duales afirma haber abandonado por completo la nicotina, lo que lleva a los autores a interpretar el uso dual no como un estado permanente, sino como una fase intermedia en la trayectoria de muchos fumadores adultos. Dicho de otro modo, en este grupo, el vapeo o el tabaco calentado no se presentan como un punto de llegada, sino como una estación de paso que algunos logran dejar atrás.
Casi uno de cada cinco usuarios duales afirma haber abandonado por completo la nicotina
Ahora bien, menos cigarrillos no significa ausencia de riesgo. Diversas revisiones científicas recuerdan que los productos de tabaco calentado y los cigarrillos electrónicos exponen al organismo a sustancias tóxicas, alteran la función cardiovascular y respiratoria y muestran perfiles de toxicidad que, aunque en muchos parámetros son inferiores al humo de combustión, siguen siendo claramente nocivos frente a no consumir nada. La propia revisión sobre tabaco calentado publicada este año subraya que, a día de hoy, el daño a largo plazo es desconocido y que los biomarcadores de toxicidad de los usuarios se sitúan a medio camino entre los fumadores y los no fumadores, pero más cerca de los primeros.
Un reto incómodo para los reguladores
El trabajo plantea implicaciones incómodas para las políticas públicas. Por un lado, refuerza el mensaje que comparten todas las autoridades sanitarias que aseguran que la mejor opción para la salud es no consumir ningún producto de nicotina, ni en forma de cigarrillos, ni de vapeo, ni de tabaco calentado. Por otro, sugiere que, en la realidad, muchos fumadores adultos utilizan las alternativas sin combustión como herramienta (más o menos eficaz) en su intento de dejar de fumar o de fumar menos.
Las autoridades sanitarias aseguran que la mejor opción para la salud es no consumir ningún producto de nicotina
Los autores advierten de que tratar todos los productos de nicotina como si implicaran el mismo riesgo puede ser una estrategia poco eficiente, tanto desde el punto de vista sanitario como fiscal. Proponen que la regulación tenga en cuenta el nivel de daño relativo, sin perder de vista el objetivo central de reducir al máximo el consumo global de nicotina en la población y evitar por completo la iniciación de menores.
En paralelo, otros estudios sobre el uso dual en España muestran un perfil preocupante ya que se trata a menudo de personas con mayor dependencia y peor salud percibida, que combinan el tabaco convencional con el cigarrillo electrónico sin lograr una transición clara hacia la abstinencia. Para este grupo, los expertos insisten en que las intervenciones de cesación deben reforzarse, priorizando tratamientos con eficacia probada y acompañamiento profesional, y no confiar en que el uso dual por sí solo vaya a resolver el problema.
Dejarlo del todo
El estudio obliga a afinar el relato simplista sobre el vapeo y el tabaco calentado, pero no cambia la conclusión esencial desde la óptica de salud pública que asegura que la única opción segura es dejar por completo tanto los cigarrillos como los productos de nicotina sin combustión. Los datos sugieren que algunos fumadores consiguen utilizar el uso dual como fase de transición hacia esa meta, pero otros se quedan atrapados en un consumo prolongado que mantiene riesgos significativos.
La evidencia científica aún se está acumulando, pero las autoridades sanitarias y los legisladores se mueven en un equilibrio delicado. Por un lado, evitar cualquier mensaje que pueda interpretarse como una invitación a iniciarse en el consumo de nicotina; por otro, no ignorar que muchos fumadores adultos están intentando dejar de fumar y necesitan información veraz, regulación coherente y apoyo real para lograrlo.