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Muestra de tejido hepático extraída de un paciente con síndrome pulmonar por hantavirus

Muestra de tejido hepático extraída de un paciente con síndrome pulmonar por hantavirusAFP

30 años después

El brote de hantavirus de Los Andes que confirmó por primera vez la transmisión entre personas

Un brote detectado en Argentina rompió con todos los esquemas establecidos al presentar evidencias de una transmisión entre seres humanos

Durante la década de los noventa, la percepción científica sobre el hantavirus sufrió una gran transformación. Hasta ese momento, se consideraba una enfermedad estrictamente zoonótica, lo que significaba que el contagio solo era posible mediante el contacto directo con roedores o sus fluidos. Sin embargo, un brote detectado en Argentina rompió con todos los esquemas establecidos al presentar evidencias de una transmisión entre seres humanos.

Lo ocurrido en El Bolsón marcó un antes y un después en la epidemiología mundial. El foco inicial de aquel brote reveló que el virus no se comportaba según las reglas conocidas. Familias enteras sucumbían a la enfermedad de forma escalonada, con intervalos de tiempo que coincidían perfectamente con los periodos de incubación, incluso cuando algunos de sus miembros no habían tenido contacto alguno con el hábitat de los roedores silvestres.

La confirmación definitiva llegó cuando el personal sanitario de Buenos Aires, que atendió a pacientes trasladados desde el sur, comenzó a enfermar en un entorno urbano totalmente libre de ratones de campo.

El hallazgo permitió identificar una variante específica denominada virus Andes. A diferencia de las cepas europeas o asiáticas, que suelen provocar daños renales, este «hantavirus del Nuevo Mundo» ataca de forma agresiva al sistema respiratorio, provocando lo que hoy se conoce como Síndrome Cardiopulmonar por Hantavirus (SCH).

Su letalidad es estremecedora, situándose entre el 30 % y el 40 %, y afectando principalmente a personas jóvenes y sanas que, en cuestión de días, pasan de un malestar gripal a una insuficiencia pulmonar crítica.

El riesgo de la «vida normal»

La particularidad de la cepa Andes reside en su capacidad para saltar de persona a persona a través del contacto estrecho y prolongado. Los estudios genéticos realizados tras los brotes de finales de los noventa confirmaron que el virus puede transmitirse mediante secreciones, especialmente durante la fase inicial de la enfermedad, cuando el paciente aún no presenta síntomas graves y hace vida normal.

Esta característica es la que hoy mantiene en alerta a las autoridades ante situaciones de confinamiento, como el reciente caso del crucero en el Atlántico, donde el espacio cerrado potencia el riesgo de contagio interhumano.

A pesar de su peligrosidad, los expertos subrayan que el hantavirus no posee la capacidad de propagación masiva de otros virus respiratorios. La transmisión entre personas sigue siendo un fenómeno inusual y las cadenas de contagio suelen cortarse rápidamente debido a la baja eficiencia del virus para expandirse fuera de contactos muy íntimos.

El precedente de 1996 en los Andes argentinos sigue siendo, 30 años después, la lección fundamental para entender que la vigilancia y el aislamiento temprano son las únicas armas eficaces contra un patógeno que aprendió a utilizar el vínculo humano para sobrevivir.

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