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Enfermeras Carmen (Zamora) y Soraya (Pontevedra)

Enfermeras Carmen (Zamora) y Soraya (Pontevedra)El Debate

Reportaje

La enfermería rural, un trabajo con límites: «Cada urgencia en un pueblo es una carrera contra el tiempo»

Aunque en provincias diferentes, Soraya, Carmen y Mónica comparten un sentimiento: se enamoraron de lo rural

Cuando una urgencia ocurre en una ciudad, la ambulancia tarda minutos. Esta situación es muy distinta en la España vaciada donde, las enfermeras tienen que recorrer carreteras secundarias o incluso caminar por caminos con el equipo sanitario para llegar a tiempo y ayudar al paciente. Aunque para muchos sea inimaginable, esta es la realidad de la enfermería rural de nuestro país.

Aunque en provincias diferentes, Soraya, Carmen y Mónica comparten un sentimiento: se enamoraron de lo rural. El trato cercano que tienen con los pacientes, el compañerismo y el valor que para ellas tiene el entorno hicieron de sus respectivos pueblos su sitio.

Para Soraya, enfermera familiar y comunitaria de Silleda, pueblo que pertenece a la provincia de Pontevedra (Galicia), este es su sitio. Aunque haya vivido en entornos urbanos, tiene la certeza de que su origen está en lo rural, se siente más identificada con ello. En su trabajo esto le ayuda, ya que siente una conexión mayor con la población envejecida. No solo por acompañarlos en una etapa muy bonita e importante de su vida, sino por «el respeto, la educación e incluso el agradecimiento» que muestran este grupo de personas, afirma a El Debate.

Soraya, enfermera familiar y comunitaria de Silleda, pueblo que pertenece a la provincia de Pontevedra (Galicia)

Soraya, enfermera familiar y comunitaria de Silleda, pueblo que pertenece a la provincia de Pontevedra (Galicia)Cedida

Carmen, que trabaja como enfermera de Atención Primaria en Carvajales de Alba y en Muelas del Pan (Zamora), se enganchó «desde el primer día». El equipo humano con el que empezó le hizo ver que merecía la pena: «Coincidí con compañeros con muchísima profesionalidad y una calidad humana increíble», subraya mientras asegura que desde ese momento «nunca más» se planteó otra cosa.

Lo especial de trabajar de enfermera en un pueblo

Se trata de un trabajo que «existe, es necesario y necesita visibilidad». Sin embargo, pasa muy desapercibido por el mundo urbano. Mónica, enfermera de Atención Primaria que trabaja en el Centro de Salud de Guardo, en la provincia de Palencia, además de en los pueblos de Mantinos, Villalba y Fresno, revela que 26 años después todavía continúa impactada. Cada día para ella es completamente nuevo, puesto que suele enfrentarse a «nuevos retos» y trabaja «con mucha autonomía».

Mónica, enfermera

Mónica, enfermera de Atención Primaria que trabaja en el Centro de Salud de Guardo, en la provincia de
​Palencia
Cedida

Para la enfermera Soraya el comienzo no fue sencillo, pero gracias a sus pacientes logró mejorar día a día. Estaba muy nerviosa, afirma a este medio, pero a pesar de las dificultades que pudo encontrar por la inexperiencia, los pacientes eran comprensibles y entendían la situación. «Si el escenario fuera en un hospital, la respuesta puede que hubiera sido distinta», asegura la gallega. Pese a las adversidades de ese primer día, al acabar la jornada, sabía que quería trabajar en un centro de salud y pudiendo ser en un pueblo, mejor.

Acompañar vidas, lo que realmente importa

Para las tres enfermeras el trabajo comienza temprano en su centro de salud, entre extracciones, curas, retinografías, electrocardiogramas, espirometrías, cirugía menor, controles de diabetes o hipertensión... Más tarde, continúan con desplazamientos a pequeños consultorios o domicilios. En este caso se acercan a estar con aquellos que poseen problemas de movilidad, sociales o están en cuidados paliativos: «Podría decir que la mañana se pasa volando. Y que aunque parezca monótono, ningún día es igual y casi siempre el siguiente supera al anterior», confiesa Soraya.

Asimismo, afirma Mónica, es sacrificado, puesto que hay que moverse siempre entre pueblos «haga frío, llueva o nieve». A esto se le suma lo que para la enfermera de Palencia podría ser un retroceso: «Utilizamos nuestros propios vehículos y la compensación económica por kilometraje no cubre realmente todos los gastos: ruedas, seguro, mantenimiento...», lamenta.

Más allá de la técnica, la enfermería rural es sobre todo acompañamiento. «En un pueblo conoces vidas enteras», relata Carmen, quien además añade que es algo «muy bonito». Los pacientes no son episodios clínicos aislados, sino personas con historia, familia y entorno conocido. En muchos casos, la enfermera es una más de su familia. Son apoyo.

Carmen, enfermera de Atención Primaria en Carvajales de Alba y en Muelas del Pan (Zamora)

Carmen, enfermera de Atención Primaria en Carvajales de Alba y en Muelas del Pan (Zamora)Cedida

No obstante, este apego emocional también les pasa factura. Para Soraya, a veces se crea «un involucramiento emocional excesivo». También está el problema del acceso a internet. Aunque en la mayor parte de España existe esa posibilidad, hay veces que las situaciones se vuelven complicadas: «Hay días en los que no puedes acceder al historial clínico y tienes que trabajar de memoria», confiesa la enfermera Mónica.

La España vaciada, un lugar muy limitado

Como es habitual, no es oro todo lo que reluce. A pesar de la comodidad de su trabajo, su pasión por lo que hacen y la ayuda que proporcionan, sobre todo a las personas más mayores, lo cierto es que también viven dificultades. La enfermería rural no se mide solo en consultas, sino en los kilómetros, las carreteras, el tiempo y el trato cercano. En muchos casos, la diferencia entre llegar a tiempo o no está en la preparación del profesional, sino en el acceso.

«La dispersión geográfica convierte cada atención urgente en una carrera contra el tiempo». Así define Soraya su situación, quien considera que «no es lo mismo» atender a un politrauma en un monte en el que tienen que caminar hasta llegar a él que atenderlo «en un entorno con mayor accesibilidad». A ello se suman problemas estructurales como la falta de recursos en salud mental o la sobrecarga de las urgencias tiempo-dependientes.

Pese a ello, las tres profesionales coinciden en que la enfermería rural no está infravalorada, sino que está «escondida», que es desconocida. Los pacientes que acceden a ella saben que funciona, la «valoran muchísimo», pero muchas personas no saben realmente cómo trabajan ni todo lo que hacen.

El futuro, por el contrario, les genera «preocupación». Para Carmen no solo peligra la enfermería rural, sino que peligra «la vida en el mundo rural en general». Esto ocurre porque «no se apuesta por ella desde las instituciones», a pesar de ser un servicio imprescindible, denuncia Mónica.

Es por ello que reclaman más inversión, mejores condiciones laborales y políticas que hagan atractivo quedarse, ya que no solo trabajan para cuidar enfermedades, sino para mantener sana a la población, para acompañar y para estar, y esa es, aseguran, «la parte más bonita de la profesión».

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