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Imagen de San Pedro y Miquelón, isla francesa situada frente a las costas canadiensesGetty Images/Henryk Sadura

Los habitantes de un remoto archipiélago francés se preparan para su reubicación por el aumento del nivel del mar

Encaramado sobre una franja de guijarros entre dos capas de agua, a apenas dos metros sobre el nivel del mar, este rincón se ve erosionado año tras año

Los temores por un posible aumento del nivel del mar han alertado a poblaciones situadas en diversos rincones del planeta. Sin embargo, en ciertos territorios, especialmente islas, este aviso se ha convertido ya en una mudanza para abandonar las zonas en peligro. Es lo que está ocurriendo, por ejemplo, con Tuvalu, un país situado en el corazón de la Polinesia y que corre el riesgo de sufrir una progresiva desaparición bajo el mar.

Allí, su población ya tiene un programa para ir moviéndose progresivamente a Australia, y parece que esta receta es la que van a adoptar otros terrenos que se encuentran en situaciones similares como es el caso de San Pedro y Miquelón. Se trata de un archipiélago francés situado frente a las costas de Canadá, único territorio galo en América del Norte.

Encaramado sobre una franja de guijarros entre dos capas de agua, a apenas dos metros sobre el nivel del mar, este rincón de Francia se ve erosionado año tras año por el aumento del nivel del mar y las inundaciones cada vez más intensas y frecuentes. Según las previsiones, en 50 años la erosión costera se habrá intensificado y el nivel del mar habrá subido unos 70 centímetros por lo que, en caso de tormenta, casi todo el pueblo de Miquelón quedaría inundado y, en algunas casas, el agua alcanzaría hasta un metro de altura.

«Hace doscientos años, aquí no había nada. Sabemos que, paso a paso y con cautela, podemos reubicar este pueblo. Estamos convencidos de ello», explica a la televisión pública francesa TF1 Franck Detcheverry, alcalde de Miquelón-Langlade, uno de los dos municipios de San Pedro y Miquelón.

Fue en 2014 cuando el entonces presidente de la República, François Hollande, visitó la isla y sometió al pueblo a un plan de prevención de riesgos costeros que prohibía toda nueva construcción, lo que supuso un varapalo para los vecinos del lugar. No obstante, tras las intensas tormentas que sufrieron poco después de la visita oficial, los habitantes comenzaron a asimilar que había que tomar medidas al respecto.

Reubicar todo el pueblo

Por ello, en 2022 el gobierno local, que ya lideraba Detcheverry, comenzó a valorar la reubicación ya no solo de las casas que podrían quedar afectadas por la subida del nivel del mar y las inundaciones, sino de todo el pueblo. El proyecto prevé llevarse la integridad de la población a tan solo 1,5 kilómetros de distancia, pero con una altura media de 20 metros sobre el nivel del mar, en una zona alejada de cualquier amenaza de inundación.

La obra se llevará a cabo paso a paso a lo largo de 60 años y la inversión total ascenderá a 10 millones de euros. La primera fase del proyecto, que se llevará a cabo a lo largo de los próximos dos años, contempla la construcción de las primeras 15 viviendas situadas junto a la carretera, así como la ampliación de las redes de agua, electricidad y telecomunicaciones.

Pero la iniciativa va más allá. El alcalde aspira a que la reconstrucción se lleve a cabo bajo criterios de máxima sostenibilidad. Los futuros residentes deberán levantar viviendas de menor tamaño, mantener al menos el 70 % de sus parcelas en estado natural y respetar estrictas normas de aislamiento térmico con el fin de reducir el consumo energético.

De esta forma, el archipiélago francés enclavado en Norteamérica comienza su transformación para evitar que, en unos años, bien la subida del nivel del mar o las posibles inundaciones puedan sumergir los pueblos, en los que viven más de 5.000 personas. Habrá que ver, en cualquier caso, qué ocurrirá si en las próximas elecciones Detcheverry no gana. ¿Qué ocurriría entonces con este ambicioso plan de choque?