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Personas limpian los escombros de las casas derrumbadas en Afganistán tras un terremoto una magnitud de 6,3

Personas limpian los escombros de las casas derrumbadas en Afganistán tras un terremoto una magnitud de 6,3XINHUA vía Europa Press

La escala de Richter ya forma parte del pasado: esta es la nueva forma de medir los terremotos

Con el avance de la ciencia y la informática, la escala de Richter comenzó a ser reemplazada por métodos más precisos

Los medios de comunicación somos la principal vía para transmitir a los ciudadanos los eventos que ocurren alrededor del mundo. Con los terremotos, casi cualquier persona los relaciona con la escala de Richter a la hora de medir su magnitud, y esto es consecuencia del uso que se ha hecho de esta expresión en televisiones, radios y prensa escrita.

Sin embargo, en la actualidad esta forma de medir los seísmos ha pasado a la historia. Aunque la de Richter, surgida en 1936, se sigue pudiendo utilizar, otras han tomado mayor relevancia, como la escala de magnitud de momento (MW), que coincide con la de Richter solamente en los seísmos de magnitud inferior a 6,9.

Según explican desde el Instituto Geográfico Nacional (IGN), la escala de Richter es una escala de magnitudes elaborada por el físico y sismólogo Charles Francis Richter en 1935, basada en que «la amplitud de las ondas sísmicas está relacionada con la energía liberada en el foco». Hasta aquel momento, se utilizaba la escala de intensidad de Mercalli, que medía los terremotos según el grado de destrucción observado. Aunque resultaba práctica para describir los efectos visibles, su carácter subjetivo limitaba su precisión y valor científico.

Cuando Charles F. Richter trató de establecer una escala universal para medir la magnitud de los terremotos, se enfrentó a un obstáculo fundamental: las diferencias entre los seísmos más débiles y los más potentes eran tan grandes que resultaba imposible representarlas en una escala lineal. La solución vino de la mano de su mentor en el Instituto de Tecnología de California, Beno Gutenberg, quien le propuso transformar aquella tabla en una escala logarítmica de base diez, gracias a lo cual logró una representación coherente en la que un incremento de un solo punto equivalía a multiplicar por diez la amplitud del movimiento sísmico.

Así nació en 1935 la escala de Magnitud Local (ML), más conocida como escala de Richter, que durante décadas sirvió como referencia mundial para medir la potencia de los terremotos. Sin embargo, su utilidad estaba condicionada por las limitaciones tecnológicas de los sismógrafos de la época, que solo registraban temblores cercanos y ofrecían resultados diferentes según el modelo y la distancia al epicentro. Para intentar unificar criterios, Richter eligió un tipo concreto de instrumento, el Wood-Anderson, y fijó como referencia una distancia estándar de 100 kilómetros. Aun así, la propagación de las ondas sísmicas varía según la composición del terreno, lo que generaba inconsistencias fuera del sur de California, donde el sistema fue concebido originalmente.

Con el avance de la ciencia y la informática, la escala de Richter comenzó a ser reemplazada por métodos más precisos. En los años setenta se introdujo la escala de Magnitud de Momento (MW), que describe la energía liberada por el seísmo teniendo en cuenta la tensión, la deformación y el desplazamiento de las rocas en la falla. Esta escala, hoy estándar en sismología, permite comparar terremotos de cualquier tamaño o ubicación.

Sin embargo, calcular el momento sísmico no siempre es sencillo, especialmente en eventos menores. Por eso, la escala de Richter sigue empleándose para los seísmos pequeños, aquellos cuya magnitud no supera el valor 4, mientras que los grandes terremotos se expresan en magnitud MW. De hecho, en el ámbito científico la escala de Richter se considera obsoleta, aunque en los medios de comunicación aún se mencione por costumbre. Los expertos aconsejan simplificar: al informar sobre un temblor, basta con hablar de su magnitud, dejando que sean los sismólogos quienes determinen el método de medición más adecuado.

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