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Fotografía satelital cedida este lunes por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), a través del Centro Nacional de Huracanes (NHC), que muestra la localización del huracán Gabrielle (c-arriba) en el Atlántico. El huracán Gabrielle se intensificó categoría 3 en la escala de Saffir-Simpson, con vientos sostenidos de 195 kilómetros por hora (120 millas por hora), y se prevé que su centro pase esta noche al este de Bermudas, mientras su oleaje ya impacta la costa este de Estados Unidos. EFE/ NOAA-NHC /SOLO USO EDITORIAL/ NO VENTAS/ SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)

NOAA muestra la localización del huracán GabrielleEFE

Los huracanes afectan con cada vez más frecuencia a España y alertan a los meteorólogos

Aunque nuestro país no es ajeno a estos visitantes del trópico, la sucesión creciente de estos sistemas ha provocado que ya no sean eventos excepcionales

Entre los meses de junio y noviembre, el Atlántico vive su temporada de huracanes, un periodo que tradicionalmente afectaba al Caribe, al Golfo de México o a la costa este de Estados Unidos. Sin embargo, en los últimos años, sus efectos se han dejado sentir también en Europa. En lo que va de 2025, España ha recibido los impactos indirectos de tres ciclones –Dexter, Erin y Gabrielle– que, ya convertidos en borrascas extratropicales, han dejado lluvias intensas, viento y fuerte oleaje. Aunque hace unas décadas este fenómeno se consideraba excepcional, la frecuencia creciente de estos sistemas plantea una pregunta inquietante: ¿está cambiando el comportamiento del Atlántico Norte?

La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha investigado sobre estos sucesos. En su web comienzan explicando qué es un huracán, que no es más que un ciclón tropical con vientos sostenidos superiores a 119 kilómetros por hora, alimentado por el calor de las aguas oceánicas, que deben superar los 26 grados. Su energía proviene de la condensación de la humedad en un ambiente cálido y húmedo, lo que genera un sistema simétrico con bandas espirales y, en muchos casos, un ojo perfectamente definido. Pero esa estructura desaparece cuando el ciclón abandona las aguas tropicales y se adentra en zonas más frías.

Tal y como explica Yurima Victoria Celdrán Domínguez, analista predictora en el Grupo de Predicción y Vigilancia de La Coruña, en su viaje hacia el norte, el huracán pierde su fuente de energía y comienza un proceso de transición extratropical. El núcleo cálido se enfría, la simetría se rompe y el sistema empieza a depender de los contrastes de temperatura entre masas de aire cálido y frío. A menudo, lejos de disiparse, el antiguo ciclón se reorganiza como una profunda borrasca capaz de provocar fenómenos meteorológicos severos en latitudes medias. Así ocurrió en septiembre con Gabrielle, que tras alcanzar la categoría 4 en el Atlántico central se transformó en una potente borrasca al acercarse a la península ibérica. Su llegada dejó lluvias torrenciales, vientos intensos y mar de fondo en el Mediterráneo y el suroeste peninsular.

Asimismo, recuerdan que España no es ajena a estos visitantes del trópico. Desde los años ochenta, una veintena de ciclones –como Vince (2005), Delta (2005), Leslie (2018) o Lorenzo (2019)– han alcanzado la Península o las islas, algunos todavía con características tropicales. El caso de Vince fue histórico: tocó tierra en Huelva como tormenta tropical, el primero de este tipo documentado en Europa. Más recientemente, Kirk (2024) llegó al Cantábrico con fuertes lluvias y viento, mientras que Franklin (2023) afectó a Baleares. La tendencia es clara: lo que antes eran episodios aislados hoy se repite con mayor frecuencia.

Dos factores que fomentan este acercamiento

Los expertos apuntan a dos factores principales detrás de este patrón. El primero es el calentamiento del Atlántico, que permite que los ciclones mantengan su energía durante más tiempo. El segundo, los cambios en los patrones atmosféricos –como la corriente en chorro o la Oscilación del Atlántico Norte–, que favorecen que las trayectorias de los sistemas tropicales se desplacen hacia el noreste, acercándolos a Europa.

La evidencia más reciente es contundente. En los últimos cinco años, los ciclones Barra (2021), Franklin (2023), Kirk (2024), Dexter, Erin y Gabrielle (2025) han alcanzado o rozado la Península Ibérica. Todos ellos, aunque degradados, mantuvieron suficiente energía como para provocar inundaciones, descensos térmicos y temporales marítimos severos.

¿Está el cambio climático detrás de este fenómeno? La comunidad científica todavía no ofrece una respuesta definitiva. La relación entre el calentamiento global y la actividad ciclónica es compleja: algunos modelos apuntan a que una atmósfera más cálida podría reducir el número total de huracanes debido a una mayor cizalladura del viento; otros, en cambio, indican que los huracanes que sí se formen serán más intensos y destructivos.

Según estimaciones de la NOAA, un escenario con un aumento global de 2 ºC podría provocar un incremento del 10–15 % en las precipitaciones asociadas a estos sistemas y hasta un 10 % más de velocidad del viento en los huracanes de categorías 4 y 5. En ese contexto, los sistemas que sobreviven más al norte no solo serían más fuertes, sino también más duraderos.

Aun así, no todos los cambios pueden atribuirse directamente al calentamiento global. Fenómenos naturales como El Niño, La Niña o las oscilaciones del Atlántico también influyen en la formación y trayectoria de los ciclones. Pero los datos muestran una tendencia clara: cada vez más huracanes logran sobrevivir hasta alcanzar el Atlántico Norte e incluso Europa.

Si esta mayor frecuencia de ciclones en España responde a una nueva realidad climática o a una fase natural del sistema atmosférico, solo el tiempo lo dirá, concluyen desde la Aemet. Lo cierto es que los mapas meteorológicos europeos ya no son ajenos a nombres como Leslie, Kirk o Gabrielle, símbolos de un Atlántico que parece estar cambiando y que, poco a poco, trae consigo una nueva era de tormentas a las puertas del continente.

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