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Imagen de un retrete

Imagen de un retreteGetty Images

Día Mundial del Retrete: los impactos ambientales que produce lo que tiramos al baño

En España, el sobrecoste derivado de los atascos y las obstrucciones asciende a 230 millones de euros al año, lo que supone entre un 10 % y un 15 % más en los gastos de saneamiento

Las toallitas húmedas, las compresas, los plásticos y otros residuos que se arrojan por el retrete emiten contaminantes que no pueden ser eliminados y vuelven al medio natural en forma de microplásticos con impactos serios para la salud de las personas y del medioambiente, advierten expertos a Efe.

«La gente no entiende la repercusión que tiene cada cosa que tira por el baño. Damos por hecho que nosotros siempre vamos a tener agua limpia», asegura la directora de desarrollo de negocios de Captoplástic, Amparo Fernández, a propósito del Día Mundial del Retrete que se celebra cada 19 de noviembre.

Según ONU-Agua, se estableció este día para recordar la importancia de un saneamiento seguro y «el papel esencial que tiene el inodoro en la salud pública», considerando que actualmente hay más de 3.500 millones de personas que no cuentan con este tipo de servicio y están expuestas a múltiples enfermedades.

La fundación We Are Water, que colabora con la ONU para desarrollar programas de ayuda en zonas afectadas por la falta de agua y saneamiento, asegura que más de 900 millones de personas no cuentan con letrinas y alrededor de 354 millones siguen defecando al aire libre.

El director de dicha fundación, Carlos Garriga, explica a Efe que las consecuencias «son devastadoras», ya que las enfermedades diarreicas son un riesgo cotidiano y “los niños son quienes más sufren los efectos" de una mala gestión de los residuos. «La falta de agua potable, saneamiento seguro e higiene básica provoca una muerte cada 10 segundos en el mundo», advierte Garriga.

De la casa al océano

Para Fernández y Captoplastic -empresa de captura y gestión de microplásticos-, es importante explicar cuál es el proceso que siguen los desechos que se arrojan por el retrete y cómo impactan en la vida cotidiana de múltiples formas para dejar de «dar por hecho» este servicio esencial.

Las toallitas húmedas, las compresas y otros productos que salen de las casas pasan por un sistema de tuberías que empieza en los alcantarillados hasta llegar a las depuradoras urbanas. Allí, en una primera etapa, se quitan los materiales más grandes y el resto del líquido, aún contaminado, se vierte al río o a los océanos.

«Las depuradoras eliminan gran cantidad de los contaminantes, pero no consiguen eliminar los contaminantes emergentes como los microplásticos», explica Fernández.

En España, el sobrecoste derivado de los atascos y las obstrucciones asciende a 230 millones de euros al año, lo que supone entre un 10 % y un 15 % más en los gastos de saneamiento, según datos de la fundación Were Are Water.

Fernández ha puntualizado que a diferencia de los países en vías de desarrollo en los que el principal problema es la falta de saneamiento, en Estados en los que la mayoría cuenta con este servicio básico la preocupación es «la poca conciencia que hay».

Garriga remarca que «cuando una comunidad comprende cómo el saneamiento y la higiene influyen en su salud y en la protección del entorno, el cuidado de las instalaciones se convierte en una prioridad».

Esta conciencia contrasta, explica Garriga, con el comportamiento de quienes viven en países con infraestructuras consolidadas donde el acceso al alcantarillado está garantizado, por lo que hay que reforzar las campañas de concienciación

Nuevos hábitos

«Lo primero es no usar el inodoro como una papelera», indica Fernández sobre las medidas que deben tomar las personas en sus casas considerando que «todos forman parte del problema».

También indica que no todos los productos que aseguran ser biodegradables lo son, por lo que se debe evitar ponerlos en contacto directo con el agua y priorizar su desecho en el basurero. El tercer consejo de Fernández es reducir el empleo de plásticos de un solo uso porque «hay que tener conciencia de que los contaminantes nos llegan después».

Por su parte, Garriga recomienda «adoptar hábitos sencillos como tirar las toallas, los productos de higiene y los plásticos en las papeleras para reducir los atascos, los vertidos y el sobrecoste en la gestión del saneamiento».

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