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La costa de la península de Bykovsky en el centro del Mar de Laptev, Siberia

La costa de la península de Bykovsky en el centro del Mar de Laptev, SiberiaSebastian Carrasco

Un descubrimiento clave sobre el metano en el Ártico cambia lo que sabemos del deshielo

​Los autores subrayan que estos procesos microbianos deben incorporarse a los modelos climáticos, ya que no basta con conocer la cantidad de carbono almacenado en el permafrost

El deshielo del permafrost, el suelo permanentemente congelado que cubre gran parte del Ártico, es uno de los procesos más preocupantes en el panorama actual. Bajo esa capa helada se almacena una enorme cantidad de carbono acumulado durante miles de años. Cuando el permafrost se degrada y se descongela, ese carbono queda disponible para los microorganismos del suelo, que pueden transformarlo en gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y, sobre todo, el metano, un gas con un poder de calentamiento mucho mayor.

Un nuevo estudio publicado en la revista Communications Earth & Environment ha analizado en detalle qué microbios controlan este delicado equilibrio en los suelos del Ártico y cómo podrían cambiar su comportamiento a medida que el permafrost se derrite. Se trata del análisis más amplio realizado hasta ahora sobre los microorganismos implicados en el ciclo del metano en esta región clave del planeta.

Los investigadores estudiaron más de 600 muestras de suelo procedentes de ocho regiones distintas del Ártico, repartidas entre Canadá, Groenlandia y Siberia, y pertenecientes a diferentes capas del suelo, desde la superficie hasta el propio permafrost. El objetivo era identificar dos grandes grupos de microbios: los que producen metano y los que lo consumen antes de que llegue a la atmósfera.

Los resultados muestran que, a escala panártica, la diversidad de estos microorganismos es sorprendentemente baja. En los suelos congelados del Ártico solo se identificaron 22 tipos distintos de microbios productores de metano y 26 consumidores, y apenas cuatro de los primeros estaban presentes en todas las regiones analizadas. Esto sugiere que un número muy reducido de especies desempeña un papel clave en la regulación del metano en estos ecosistemas.

«Filtro biológico»

Uno de los hallazgos más llamativos es que el «filtro biológico» que impide que el metano llegue a la atmósfera está dominado casi por completo por un único grupo de bacterias consumidoras de metano, relacionadas con el género Methylobacter. En muchos lugares del Ártico, estas bacterias representan más de tres cuartas partes de todos los microbios que eliminan metano del suelo, lo que indica que el sistema depende en gran medida de muy pocos actores.

El estudio también analiza qué ocurre cuando el permafrost se degrada, utilizando como ejemplo varios suelos de Alaska con diferentes condiciones de humedad tras el deshielo. En los suelos que se vuelven más húmedos y encharcados, predominan los microbios que producen metano, lo que favorece su emisión a la atmósfera. En cambio, en los suelos que se vuelven más secos y bien drenados, sucede algo inesperado: aparecen bacterias capaces de consumir incluso el metano presente en el aire.

Estas bacterias, pertenecientes al grupo Methylocapsa, son especialmente importantes porque pueden actuar como un sumidero natural de metano atmosférico. En condiciones secas, tras la degradación del permafrost, llegan a dominar por completo la comunidad microbiana encargada de procesar este gas, lo que podría compensar parcialmente las emisiones asociadas al deshielo.

El estudio sugiere, por tanto, que el impacto del deshielo del permafrost sobre el clima no es uniforme y depende en gran medida de cómo cambian las condiciones del suelo. Si el terreno se vuelve más húmedo, el Ártico podría emitir más metano y acelerar el calentamiento global. Pero si el deshielo da lugar a paisajes más secos, algunas zonas podrían convertirse incluso en captadores netos de metano.

Los autores subrayan que estos procesos microbianos deben incorporarse a los modelos climáticos, ya que no basta con conocer la cantidad de carbono almacenado en el permafrost: también es crucial entender quién lo transforma y en qué condiciones. En un Ártico cada vez más cálido y con eventos extremos más frecuentes, el papel de estos diminutos organismos puede resultar decisivo para el futuro del clima global.

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