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Mar embravecido en Japón

Mar embravecido en JapónGetty Images

Medio ambiente

El nivel del mar cerca de Japón muestra variaciones extremas que podrían reconfigurar zonas costeras

El desplazamiento de la «corriente negra» ha desencadenado temperaturas marinas récord, olas de calor más intensas en tierra firme y episodios de lluvias extremas

La inmensidad de los océanos y el hecho de que estos ocupan cerca del 71 % de la superficie de la Tierra los convierten en un agente esencial para nuestro ecosistema mientras continúan siendo unos grandes desconocidos. La realidad es que su nivel no es uniforme, sino que se eleva en algunas zonas y desciende en otras, empujado por los vientos alisios, atraído por la gravedad de grandes masas como los casquetes de hielo o deformado por corrientes oceánicas extremadamente rápidas. En los extremos occidentales de los grandes océanos, estas corrientes forman auténticos ríos de agua cálida que avanzan hacia los polos y crean pendientes invisibles en la superficie marina.

El océano, además de irregular, está cambiando. Los mapas más recientes muestran un complejo paisaje de colinas y valles acuáticos, pero hay un punto que destaca especialmente: frente a la costa de Japón, una región del mar ha estado subiendo casi 2,5 centímetros al año, justo al lado de otra donde el nivel desciende aún más deprisa. Esta anomalía no es casual, sino la huella de una gran corriente oceánica que ha alterado su trayectoria.

Se trata del Kuroshio o «corriente negra», una de las más potentes del planeta. Su desplazamiento reciente ha desencadenado una serie de efectos que van mucho más allá del océano: temperaturas marinas récord, olas de calor más intensas en tierra firme y episodios de lluvias extremas. Aunque algunos indicadores apuntan a que estos cambios comienzan a moderarse, los científicos advierten de que podrían ser una señal de mayor inestabilidad futura.

El Kuroshio transporta más de 200 veces el caudal del río Amazonas. Nace cerca del ecuador y avanza hacia el norte, bordeando Japón hasta girar hacia el Pacífico abierto, donde pasa a conocerse como la Extensión del Kuroshio. Sin embargo, en los últimos años este comportamiento «normal» se ha visto alterado. Su borde norte se desplazó hasta 500 kilómetros hacia latitudes más altas, llevando aguas inusualmente cálidas a regiones donde nunca habían llegado.

Investigadores japoneses detectaron aumentos de hasta 6 grados centígrados en zonas costeras del norte del país, un calentamiento sin precedentes que se mantuvo durante casi dos años. Además, en 2017, la corriente adoptó un patrón conocido como «gran meandro», alejándose de la costa y modificando drásticamente la distribución del calor marino al sur del archipiélago. Aunque estos meandros no son nuevos, nunca se había observado uno tan prolongado: duró casi ocho años, hasta que la Agencia Meteorológica de Japón declaró oficialmente su final en 2024.

Ambos fenómenos –el desplazamiento de la Extensión y el gran meandro– están conectados y forman lo que algunos científicos ya denominan un «nuevo régimen dinámico», tal y como recoge CNN. Este cambio no solo altera la temperatura del agua, sino también el nivel del mar. A ambos lados del Kuroshio puede haber diferencias de varios metros en la altura del océano debido a la velocidad y el calor de la corriente. Cuando esta se mueve, el impacto puede ser inmediato y severo.

Un ejemplo claro se produjo en 2017, cuando el aumento del nivel del mar en la costa sur de Honshu amplificó los daños del tifón Lan, como concluyó un estudio publicado en la revista Nature. La combinación de una marea más alta y una tormenta intensa provocó inundaciones más graves de lo esperado, según las autoridades japonesas.

Impacto en la pesca

Estos cambios oceánicos también han alterado la distribución de especies marinas y afectado a comunidades pesqueras tradicionales. En algunas regiones, las capturas se han reducido de forma drástica y la recuperación no está siendo inmediata, incluso después de que la corriente haya comenzado a regresar a posiciones más habituales.

En el noreste de Japón, la intrusión de aguas cálidas desplazó corrientes frías que sostenían ecosistemas clave, provocando alteraciones profundas en la base de la cadena alimentaria, según destaca CNN. Algunas especies emblemáticas y productos esenciales para la gastronomía japonesa se han visto especialmente afectados, generando preocupación por el impacto cultural y económico a largo plazo.

Más allá de la pesca, la gran incógnita es cuánto de lo ocurrido responde a ciclos naturales y cuánto al cambio climático. Aunque el gran meandro tiene precedentes históricos, el desplazamiento sostenido del Kuroshio hacia el norte coincide con tendencias observadas en otras corrientes oceánicas del mundo. El calentamiento global está expandiendo la célula de Hadley y desplazando los sistemas de altas presiones que gobiernan los vientos, y con ellos, las corrientes marinas.

Entre 1993 y 2021, el borde norte del Kuroshio ya se había desplazado más de 200 kilómetros. El salto registrado en 2023 y 2024 fue aún más extremo. Durante más de un año, la región experimentó condiciones de ola de calor marina casi constantes, con efectos directos sobre el clima terrestre.

Para los científicos, este episodio es una advertencia y, al mismo tiempo, una oportunidad. Comprender lo que está ocurriendo ahora frente a Japón puede ofrecer una valiosa ventana al futuro de los océanos en un mundo cada vez más cálido.

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